jueves, 28 de febrero de 2013

Lecciones básicas de zoología

Fotografía: Jose Luis Ruiz

Para entrar a la clásica repostería El Astor en Medellín, hay que tener lecciones básicas de zoología para comprender que un sapito, un pollo o un gato, son moritos de bizcocho recubiertos de azúcar. Es raro ver que un gato conviva con un sapo como vecino y que un pollito no le tema a las garras -no dibujadas- del primero. Todos están en una fría vitrina y para que no haya dudas sobre su origen animal, están marcados con su especie. No corren con la misma suerte los mazapanes: una zanahoria compite por ser la mejor con un banano aburrido y un tomate gordo en una hortaliza plástica donde escasea el oxígeno y la zanahoria, por ser la de más hojas, se lo traga primero.

Junto a mí, una mujer llora desconsolada sobre un jugo de mandarina con el que pisa unos documentos notariales. Se me antoja pensar que es un divorcio y que aquello que le duele es un pasado del que o bien, no estaba lista para desprenderse, o tuvo que hacerlo por fuerza mayor. Tiene su celular cerca pero son nulas las ganas de hablar. ¿A quién se llama cuando todo termina? ¿Con qué apetito ordena un alfajor?

En la esquina, un hombre barrigón se bebe un café con leche mientras mira con deseo a la mujer que lo acompaña y que, a juzgar por su vestuario, disfruta de ser desvestida con gente mirando.

Un niño de la mano de su madre repasa la vitrina y dice: mamá eso no se parece un sapo, a menos que sea la rana rené que vimos en cine el otro día.

Antes de cerrar, un joven llega y pide cuatro moritos para llevar, todos distintos, olvidé mencionar que también hay cerdito. Es así como animales domésticos y silvestres salen en cajita con destino oscuro y desconocido. Las manos que los hicieron no les advirtieron que serian desmembrados al primer intento. El sapo tiene informante y trata de armar una rebelión interna pero abrir la caja sin manos, les resulta imposible.

A todas estas para que lecciones, si hasta en repostería nos creemos dueños del reino animal.


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