jueves, 14 de febrero de 2013

Fotografía: Marco Ramírez


Necesito llover para que el sol vuelva. 

Mientras tanto... guardo entre mis manos el susurro de tu nombre en letra pegada; veo morir el día sin ninguna queja y la noche nace sin palmada alguna. Y me repito que sí, todo es impermanencia. Aunque no entiendo este capricho mío por recordar tus besos, esta obsesión tardía con tu rostro visto de perfil. Es extraño pero lo mejor era mirarte cuando no me estabas mirando; memorizar el ancho de tus labios, auscultar la simetría de las ventanas de tu nariz; descubrir una cana en una ceja; ver nacer una barba que moriría una semana después, notar que te habías cortado al rasurarte y ver tu sangre coagulada y triste porque el dolor aleja hasta el tacto más sutil. El enredo de tu cabello buscando formas de caer sobre tu cara.  Tu enojo por la batería descargándose. Tu mano como una tenaza en mi pierna.

¿Dónde estás? Ah sí, en el conglomerado de neuronas del hipotálamo izquierdo.






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