domingo, 17 de febrero de 2013

Banco de alcobas

Buenos días, adelante, su llave por favor. Cuarto piso, octava a la izquierda, puerta azul. Sígame. Es la primera en venir hoy. Usualmente los clientes prefieren la noche para contemplar o amonestar el recuerdo. ¿A qué viene usted? Disculpe mi curiosidad. Llevo años trabajando para este banco y aún no comprendo exactamente qué hay detrás de cada puerta, sé, eso sí, que muchos salen llorando, otros maldicen  y ha habido casos en los que... quizás no deba decirle. Aquí estamos, la llave es suya, llámeme cuando quiera bajar. Ya sabe, cero para la operadora. Yo soy, su botones de hoy. 

La alcoba... un dormitorio de cama caoba antigua con un bello y tallado espaldar. Alta, como se usaban en los años cuarenta, con dos mesas de noche del mismo material; en ellas dos puertas y dos cajones. Sobre ellas, dos lámparas idénticas de hierro forjado y campanita de cristal. En una la Biblia y el segundo tomo de Conversaciones con Dios, en otra la foto de quien era mi abuelo con una canasta de mimbre llena de tarjetas de navidad. Un televisor apagado y un abanico encendido en velocidad dos, hacen mover la cortina que da al pequeño balcón. El olor, el de su colonia. Pronto sus pasos, rápidos y ligeros, y el amor en su voz: Pero si ya estás aquí Claudi, ya te mandé a comprar las piñitas y dime, te ofrecieron ya Cola Román. Sí abuela, gracias. Qué calor está haciendo uju, está época sin brisa no me gusta. ¿Y el socio? Bien abuelita. Mira donde lo tengo. Y me señala un corcho que otro primo le mandó hacer, con las fotos de la familia. La veo entonces sonreír y le pregunto por papá. Javierito... está lo más de bien sabes. Siempre se está así cuando ya la vida no duele, cuando el cuerpo no pesa, cuando el cielo es... y me mira tratando de averiguar si comprenderé lo que va a decirme. Entonces continúa, cuando el cielo es justo lo que imaginaste. ¿Y si no lo imaginaste Abuela? ¿Si no tuviste el coraje de creer o fuiste tan miope como para pensar que todo terminaba aquí? ¿Todo termina? No veo tu Cola deja llamo para que te la traigan ¿o prefieres un jugo de níspero o zapote? Contéstame abuela. Qué pasa cuándo no crees en nada más. ¿Quién no cree? ¿Piensas que el adulto que eres olvidó al niño que fuiste? Ya veo. ¿Y cuándo podré verlo? Cuando termines de construir la alcoba y tengas la llave del no dolor. Pero si alcobas hay muchas, lo veo en todas partes, en la sala, la biblioteca, la oficina hasta en en el baño con la cara repleta de crema de afeitar. ¿Y el dolor? Es intermitente: se va por largos periodos de tiempo donde sólo siento su amor pero arremete luego en un día, una hora y me hace añicos, me vuelve lágrima, me hago sal. Aún falta miji. Aún falta, pero ya lo verás. Por lo pronto, ¿quieres que le diga algo? Sí, antes de partir me llamaba por las tardes a preguntarme si lo había olvidado, ¿puedes decirle por favor que no hay un sólo día en que no piense en él? 

Operadora, sí, habitación azul, cuarto piso, octava puerta a la izquierda. Ya estoy lista. Gracias.


1 comentario:

Anónimo dijo...

sin palabras,lagrimas corren.........