lunes, 7 de enero de 2013

No envíes a otro a cuidar tus exámenes

Fotografía: Jose Luis Ruiz

Para garantizar que el niño haga su tarea, sus monjas maestras le han dicho, que el Santo Padre, vigila desde atrás. Le han dicho también que pasa un reporte de los niños que hacen trampa y por eso muchos sacan uno en los exámenes. Él no ha dicho nada. Se ha ocupado en presentar su prueba de matemáticas. Le va bien con los números así que la termina rápido. Le preocupa es el Santo Padre. Tanto tiempo allí y no lo ha visto comer ni moverse. Parece estar en medio de una bendición pero y...¿para quién? Ojalá y no sea para él. En su casa, madre habla de otras cosas. De la madre tierra y los antiguos dioses. No sabe cómo es que madre sabe tanto de mitología pero eso es lo que le enseña. En su casa nunca se ora; no se dan las gracias por los alimentos ni se habla de un angelito de la guarda. Estas monjas creen que no sé. Tienen al pobre padre pintado en la pared para dar miedo. Yo no le temo. Creo más bien que le está haciendo falta un bigote. Es entonces cuando se levanta de su silla. Se para en ella y con el lápiz negro le pinta un hermoso y grueso bigote. Para cuando llegan las monjas no saben qué hacer. Corren de un lado a otro como gallinas blancas. Y es entonces que aparece la madre superiora. 
-¿Qué estaba usted pensando?
-Sí el Santo Padre se preocupa tanto de nuestros deberes al punto de avisarles si hacemos trampa, pensé que les avisaría tan pronto pusiera mi lápiz en el lienzo. Creo que alguien nos ha estado diciendo mentiras.
-¡Insolente!
-¿Quiere que llamemos a mi madre?
-No hará falta.
Ahora serás tú quien cuide los exámenes. 

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