domingo, 6 de enero de 2013

Negligencia

Fotografía: Marco Ramírez

Se derritió esta cubeta de ciudad. A las seis le han faltado minutos para seguir disparando sol. Todos han querido lucir sus cuerpos lánguidos y a la moda y hay mujeres que darían todo por maquillar sus estrías o cubrir de polvo la celulitis que aún así, las ataca. No quiero moverme. Ni siquiera me tomé el trabajo de untarme bronceador. Ardí. Vi como el sol me incapacitaba en unas horas y sus quemaduras -que no se parecen a ningunas otras-  casi me obligan a pedir ayuda. No, no lo hice por pura negligencia. Quise comenzar el año con el cuerpo ardido por fuera como señal inequívoca de la erupción que me carcome por dentro: no estás... Hace un año; era otro cuerpo lánguido alrededor de una piscina, con cerveza en la mano y lentes rayban cantando vallenatos y ofreciéndote mi boca como pasante de vez en cuando. Cachacos en una costa inventada, con mariscos importados, y agua de coco como bronceador de última generación. La arena después del mar, quedaba incrustada en los lugares más propios y brincar o sacudirse era inútil, sólo una ducha podía intentar llevarse la sal. Y entonces, nos bañábamos juntos y nos reíamos del mugre en la oreja o los puntitos negros que no vimos al entrar. Cartagena. Allá debes estar. Tendrás la misma cerveza y otra boca te besará. Estarás mirando un atardecer parecido al mío pero tú no te quemas ni te ardes así no uses bronceador o antisolar. Tu piel tiene el color de la noche y tú los ojos de quien no duerme. 
Por suerte tengo el ipod y mi música, no escucho las conversaciones de nadie. Nadie me oye pensar en ti.   
-¡Verónica! 
Me quito uno de los audífonos y respondo: ¿Sí mamá?
-¿Pero te has visto hija? Vamos, te entras ya. 
-No tengo quince años mamá.
-Parece que los tuvieras.
-¡Pero sí te has ardido!
(es lo que quería)

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