viernes, 18 de enero de 2013

Monólogo encriptado

Fotografía: Jose Luis Ruiz

Alguien por favor ayúdeme a pararme. Me duele la mano izquierda después de tres décadas, cuatro meses, y seis días en la misma posición. Por fortuna la piedra no se gangrena, porque de lo contrario hace rato me habrían amputado con un cincel. A sol y agua, ¿quién dijo sombra? Sólo estoy bajo la sombra cuando pasan nubes lo suficientemente amplias y generosas como para tapar el sol sin desatarse en tormenta. Nací vieja. Bueno, adulta. No sé lo que es un cambio de ropa y mucho menos un labial o un par de sombras. Creo que mi rostro es aborrecible porque una mantilla lo ha cubierto siempre. Hago parte de la tumba de alguien más. Sí ese alguien más tiene que pasar por encima de mí para salir hacia el cielo... creo que no lo hará nunca. O tiene un espíritu muy pobre porque no he sentido ni la más leve cosquilla en todo este tiempo. Aquí vienen son los estudiantes y los fotógrafos a retratarme. Una parada obligada del Cementerio de San Pedro. No sé qué les atrae de mí.... honestamente debe ser el temor; pensar que ellos también podrían ser algún día el modelo de un escultor para una cripta. ¿Podrían? Qué va. De seguro también les taparían el rostro para que olvidaran quiénes fueron. ¿Vas a ayudarme a pararme? Te advierto que no sé si este simulacro de piernas  responda pero necesito huir. Quiero salir erguida y a plena luz del día dejando aquí sólo la mantilla. Y sí, he contemplado la posibilidad muy real de que debajo de la mantilla no haya rostro. ¿Pero y qué importa? Nunca lo he tenido. No me hará falta. Será divertido esconderme tras otro sarcófago y ver llegar al próximo tour de estudiantes esperando encontrarme entre los mausoleos para hallar sólo una mantilla de piedra, sin mujer que la sostenga. 

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