viernes, 4 de enero de 2013

Llamará o no llamará

Fotografía: Juan Cano

Le prometí que tomaría las cosas con calma y estoy haciendo mi mejor esfuerzo. Son las dos y media de la tarde y no me he asomado por la ducha para no tener que pensar en arreglarme. Todo depende de si nos veremos o no. Los viernes son terribles con esta incertidumbre de por medio. Era más sencillo antes, cuando me arreglaba para mí, para ir al bar, para dejarme seducir por la salsa sin importar quién me invitara a bailar y cuánto o no supiera de salsa. Tomé lecciones desde antes de cumplir quince. Quería dominar todos los géneros para no quedarme parada en la pista sin saber qué hacer. Aprendí porro, bolero y hasta uno o dos pasos milongueros. Ahora siento que no sé bailar. Qué mis pasos se fueron con él. Que esa frase de me roba el aliento, me sale. Que usa rojo para llamar la atención y que en verdad le queda porque  todas nos quedamos mirando casi casi, confundidas. Pero el me invitó a mí. Yo dije sí. Y su mano en mi cintura dibujó tantas cosas que lamenté no haber escogido una camiseta que me tapara el ombligo porque mi piel se gravó al instante su manera de hacer caricias. No bebo. Creo que es una mala costumbre. A palo seco todo entra distinto. Y la soda... sólo le agrega burbujas a la realidad que invento. ¡Que suene ese maldito teléfono! "Tomar las cosas con calma" ¿Qué significa eso? Debe ser uno de esos hombres que no se compromete con nadie y que huye tan pronto una mujer le dice ¿Dónde estabas? o ¿Por qué tardaste tanto? o ¿A qué hora nos veremos hoy? ¡Por Dios! ¿Por qué tenía que bailar conmigo? Adoro los hombres que saben bailar. Y no, no es por el mito de que aquellos que bailan bien, son buenos en la cama. Es porque tenemos algo en común. Porque podemos pasar horas juntos, sin hablarnos, mientras nuestros pies se sincronizan con la melodía. ¿Marco o no marco? ¿Y si no llama? Iré a bailar de todas formas. Mientras tanto: ¡música!

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