viernes, 11 de enero de 2013

La hija del relojero


Esperaba verte horas atrás. ¿Qué te ha retrasado? ¿Mi padre? No puede ser. Rara vez conversa con uno de mis amigos, es más, dice que sus hijas no necesitan casarse. ¿Puedes creerlo? Creo que estar encerrado tantas horas en medio de tic-tacs le ha afectado el entendimiento. Ya debes saber que es joyero. Ah, te lo ha dicho... ¿y qué más te ha dicho? ¿Te habló de mí? ¿Cómo así que tú le hablaste de mí, quién te has creído? He aceptado que me visites, no te confundas. Mi padre tiene razón, las mujeres de esta familia tenemos mucha más madera que ser simplemente, las pretendidas de alguien más. ¿Que si me gusta Medellín? ¿Por qué no habría de gustarme? No he viajado mucho, te confieso. Me gusta el mar. ¿Mi mano? Espera un momento. Has dicho que hablaste con mi padre, ¿dijo que sí? Dijo que sí a lo que tu dijeras. 

Se levanta, deja las flores en una canasta; camina por el corredor y mira al cielo. 

-Ven mañana.

No podrá dormir eso es seguro pero no puede responder tan pronto. Gladys... ¿Dónde carajos se metió su hermana?¡Mamá! ¿Qué se hizo toda la gente de esta casa? Ahí está papá. Me tendrá que explicar qué hacia hablando con un cachaco de mí y cómo es que el cachaco lo convenció para tener la osadía de pedir mi mano. Papá, tenemos que hablar. Ahora no Rosi, ahora no. ¿Y entonces cuándo? Cuando hayas decidido por ti misma. Es un buen muchacho. 

Desde entonces: cinco hijos, nueve nietos y un bisnieto agradecemos la decisión que se tomó aquella noche. 


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