martes, 8 de enero de 2013

El amanecer de la comadreja

Fotografía: Jose Luis Ruiz

Amanece. Puedo sentir el olor del rocío, escuchar el silencio que llega a su fin. Un gallo coqueto y travieso se alegra con el sol: una noche más, sobrevivió a la comadreja. Los mayordomos creen que lo que se lleva las gallinas es un perro o una "chucha" pero qué va... es una comadreja. Alguien debió importarla como mascota exótica y perderle por estupidez. Ahora ella vive a sus anchas con un solo gallinero que le sirve de club de tiro para jugar al roedor y su presa. Sin embargo, nuestra comadreja está triste. Es obvio que vive sola. No tiene con quién aparearse y no verá eso que llaman: descendencia. Por otro lado están los perros. Lo que para ella son las gallinas, lo es ella para los perros. La persiguen con ansías porque digan lo que digan, aún son cazadores, y estar echados en los pasillos de fincas que nadie visita durante semana, más el calificativo de "perros de compañía", les fastidia, enormemente. La cabeza de alce que hay en la mitad de la sala, no es más que un adorno que los dueños trajeron de un viaje a otras tierras. Entonces, para divertirse... está la comadreja. El otro día le siguieron el rastro durante dos horas, hasta que se cansaron y ella, que también es trepadora, no encontró más remedio que subirse a un árbol para despistar a los sabuesos. Quedó exhausta por supuesto y entonces comenzó a planear la manera de hacerse a un pollito, que resulta ser, su presa favorita. ¿Cómo entra al gallinero? Tiene un túnel que no le han descubierto. 
Cae la noche y corre hacia el gallinero. Llega hasta su entrada secreta y cuando sale con un pollo en la boca... un sólo perro la espera en posición de ataque, mostrando los dientes ferozmente. Puede correr pero prefiere hablarle al temible can. Entonces suelta su presa y erguida mira a su contrincante a los ojos. Entonces en un idioma nuevo le dice:
-Todo puede acabar esta noche. Pero, ¿y después? No tendrás comadreja para perseguir.
-El can de orejas largas la escucha. Es cierto. Llegar con ella como trofeo para sus colegas será una satisfacción momentánea de la que, sin duda hablarán un par de generaciones pero... y luego qué. Entonces se atreve a hacer una confesión: Me gusta el pollo.
-Con todo gusto.


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