martes, 15 de enero de 2013

Agrédeme

Fotografía: Marco Ramírez

Agrédeme. Finge no quererme. Vamos. Tú puedes. ¿Para qué? No tengo que pretender lo que es real. Déjame, mejor enciendo un cigarrillo. Humo... nada mal. ¿A qué viniste? ¿Crees que siento placer al rechazarte? Se extinguió, ¿no entiendes? Nada podías hacer, tampoco hiciste nada mal. Así soy. Consumista quizás. Llámame como quieras, igual, no me dolerá. ¿Insensible? Tal vez. Hace años que no me preocupo por mi sensibilidad. Comparto lo que tengo, vivo como puedo, no miro atrás. ¿Que si te amé? ¿Para que me preguntas eso? Además quién se inventó eso de que una pregunta no puede devolverse con otra. Se me antoja. Una pregunta es lo que tendrás por respuesta. Si no supiste si te amaba cuando estuvimos juntos ya no lo sabrás nunca. Se hace tarde, debo madrugar. ¿Un trago? No, paso. Lo dejé. Desde el 31 por supuesto. No te rías, tengo que dejarlo. Y tu madre... ¿cómo sigue? a ratos pienso que lo más adorable de ti, era tu vieja; no te ofendas. ¡Está malita, qué vaina! Me la saludas cuando vayas a visitarla. ¿Cómo que ya no vas porque te peleaste con Santiago? ¡No jodas! Se acabó el cigarrillo. Debes irte. No, no te dejaré arroparme. Eso fue antes... Vamos, no me indispongas, vete ya. 

No, no puedo, quiero que me abras las cortinas, una vez más. ¿Por qué te dio esa manía de llamarlas cortinas? Se llaman piernas Javier y no voy a abrirlas para ti esta noche. ¿Por qué no? ¿Estás con alguien? ¿Ves al hombre invisible por aquí? Me estás haciendo enojar. Quiero dormir, ya te dije que tengo que madrugar. Entonces dame algo para recordarte. ¡Qué! ¿De qué color te la fumaste? La verdad, de los siete colores que tienes en esa manilla de tu muñeca.


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