martes, 31 de diciembre de 2013

Vestigio de ti

Si he de soñar contigo no estaré sola. Vestigios de ti iluminarán mi día. Sonreiré y tu estarás en mi cuerpo de sonrisa. Inventaré historias que te regresen a mí. Contaré por ejemplo que un hombre alto y delgado se fuma un cigarrillo al abandonar la última estación del tren. Una mujer mayor lo acompaña y con ternura dice su segundo nombre en diminutivo: Javierito. Ambos se ponen en marcha y la inseguridad de ella para caminar se ha ido con la vida misma. Entre ambos reparten sueños en un año por venir. Ella le habla a las tías y tú vienes hasta mis hermanas y hasta mí. Me dices que el afán es malo que disfrute todo, que ahorre los disgustos para un después que se posterga. Me felicitas por tu nieto, dices gozar con él. Te recuerdo que te amo y me dices que ahora sí sabes cuánto. Sonrío. Siempre creíste amarme más que yo a ti. 

domingo, 29 de diciembre de 2013

Por un farol de luciérnagas


Hace calor. Afuera un jardinero riega las plantas para que no perezcan de sed. Adentro no hay nadie que colinde con las paredes ni prenda un habano para reafirmar su existencia. Nadie se asoma hasta mí. No suena el teléfono ni el timbre. Estoy sola. Es 29 de diciembre y he perdido el amor. ¿Lo gané alguna vez? ¿Había que ganarlo? La baraja de White me regala El Ermitaño y su farol parece un nido de luciérnagas. Leo una antología sobre fantasmas y me pregunto si en eso te has convertido. No tengo forma de averiguarlo. No haces ruidos. Tampoco mueves los cuadros que una vez fueron tuyos ni me llamas desde el armario para que abra y mire lo poco que de ti queda. Y sin embargo, luzco tu último regalo con una suerte de resignación. Sigo la música de un usuario con nombre "naranja" y su piano me regresa hasta mi adolescencia. No soy lo que creí que sería. En realidad nunca supe cómo imaginarme. Vivía el instante, intentaba comprender por qué cuando la lluvia azotaba el asfalto caliente el vapor me producía asma. Me quedaba hasta tarde componiendo poemas que nadie leyó y que con suerte, nadie leerá. Fragmentos sin sentido se arrumaban en cuadernos Norma con caratulas diversas. Letras reprochaban abandonos ficticios y una voz decía temer a la otra en mí. Acertó. He inundado el farol, han muerto las luciérnagas y al ermitaño no le queda más camino que la quietud.   

jueves, 26 de diciembre de 2013

Entre dolores

No puede levantar el brazo derecho. No puede siquiera intentar una coleta. Debe llevar el cabello suelto y amordazar el dolor. Debe tomar una pastilla cada doce horas y esperar... sin embargo no se queja más allá de lo que dicen sus ojos. Necesita escribir y el antebrazo arde cada vez que digita la y. Debería descansar pero no puede. Si se llena de palabras sufrirá una indigestión mental. Necesita drenar el inconsciente. Necesita decir: te soñé. Necesita también de un segundo, un minuto, una hora perdida en las letras que otros soñaron. Necesita encontrar en Steinbeck la razón por la cual su padre eligió Las uvas de la ira como su libro entre libros. ¡Hay tantas cosas que no alcanzó a preguntarle! Y diciembre se esfuma con el color grisáceo de los pinos que aquí no conocen el invierno. Y las festividades no son lo mismo sin él. Y ya el dolor es otro. Es pura nostalgia. Dos lágrimas descienden por su mejilla y sabe que la felicidad nunca volverá a estar completa sin él. No importa cuántos libros le dedique ni cuántos personajes tengan matices suyos... él no estará para reírse o preguntar. Tampoco le dirá flaca qué vaina ni le transmitirá ese coraje tan peculiar, tan irreductible. Lo mejor será entrar. Volver al escritorio. Decir sin más vueltas: te extraño papá. 

Club de lectura para dos

Abro mi sombrilla de pavo real justo antes que el viento con la primera gota anuncie aguacero. Logro saltar la alcantarilla rebosada y compro un par de donas en la esquina. Llego hasta el edificio que me pone los pelos de punta. Doy mi nombre, espero a ser anunciada y evado el ascensor, subo los cincuenta y cuatro escalones que hacen de su apartamento, una casa en el aire. Timbro justo allí donde las referencias nos unen bajo un cielo cargado. Los lunes hago parte de su biblioteca como un encariñado mueble gastado. Dejo mi abrigo y la sombrilla a la entrada. ¿El bolso? Después. Primero debo apagar el teléfono para que nada nos interrumpa. Le saludo al fin con el gesto de un beso y estoy  lista para nuestra lectura. Estornudo. Ofrezco disculpas como si  fuera ofensivo. ¿Proust o Durrell? Lo veo vaciar la cafetera en dos tazas precisas sin agregar azúcar en ninguna. Nos acomodamos. La semana apenas comienza entonces no hace falta preguntar por lo que no ha sido. Proust. ¿A quién engaño? Vengo a leerlo a él:  sus cejas se unen, su elegancia me consume, a pesar del par de pantuflas café que le he visto desde que comenzamos. Carraspeo un poco la voz. Me acomodo los lentes. Al subir a acostarme, mi único consuelo era que mamá habría de venir a darme un beso cuando ya estuviera yo en la cama. Pero duraba tan poco aquella despedida y volvía mamá a marcharse tan pronto, que aquel momento en que la oía subir, cuando se sentía por el pasillo de doble puerta el leve roce de su traje de jardín, de muselina blanca con cordoncitos colgantes de paja trenzada, era para mí un momento doloroso. ¿La arropaban? Me estaba preguntando algo personal... a mí, sí. Mi padre lo hacía. ¿Qué sentía? Lo contrario. Doloroso era no ser arropada por él. Podía escuchar el crujir de sus rodillas desde el pasillo. Siempre se cercioraba de que mis hermanas y yo, estuviéramos abrigadas. Se sentía... protección. ¿Y qué ocurrió cuándo dejó de hacerlo? Nunca dejó de hacerlo. Disculpe. No debí preguntar. Sentía curiosidad. ¿Quién la arropa ahora? La oscuridad. ¿Continuamos? Creo que es momento para la dona. Cierto. Ahora él me lee. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Extrañas fiestas

Dame un minuto para pensar. Sí, ya casi. ¿Extrañas fiestas no crees? Muy, muy extrañas. He regresado al rincón donde se abraza la almohada y de noche se siente frío. He subido el perro a la cama para sentir su pequeño bulto en mis pies pero él, contrario a mí, se acalora y se aleja. Su olfato tierno a veces se aproxima hasta mi rostro como pretendiendo descubrir de dónde vengo. La calle no es sustantivo suficiente. He vagado por horas en lugares suntuosos que me han dejado exhausta. He buscado regalos que, es cierto, me daría a mí misma. Y con mi pequeña lista he ido tachando cariños a excepción de ti. No sé si por lo que cariño representa o por lo que tachar significa. Extrañas fiestas. Un pavo, un pernil, salsa de ciruelas, ensalada rusa. La lista de ingredientes da vueltas en mi cabeza. Los carros de mercado están repletos de licor y aunque quizás me apetezca un vino, no tengo el coraje para comprar una botella. Terminaría como la otra noche, bebiéndola, de corcho a piso: sola. Tendría entonces que subirme a la cama como a un auto, con suerte en primera. Sí, carezco de experiencia etílica. Que otros compren vodkas y vinos. Ya llegará el hombre que disfrute como yo de un amargo Martini. Un hombre que tenga repelente de fiestas y no necesite un árbol para afirmar que está en Navidad. Y ahora que muere el minuto, vamos por aceitunas. 

Todos tus nombres

No quiero ser su niña bonita, tampoco el ave de un nido incompleto. No pido hogar. No quiero viernes predecibles ni sábados compartidos. Prefiero un miércoles a las tres. Un jueves a las siete. Después de almuerzo y antes del desayuno. Quiero irrumpir en su vida como una ola. También quiero quedarme con los pedacitos de piel que muda el último domingo del mes. Recorrer con una esponja ese cuerpo de hombre que también se transforma. Quiero salir de mi oscuridad y reír cuando me diga: ¡bruja! Quiero perder mis dedos entre sus manos y mis letras en su voz. Quiero no tener que preguntar dónde estabas y no creer que es feliz porque me encontró. Quiero que sea feliz -desde antes- Yo lo estaba buscando. Noche tras noche lo llamé. Con un diccionario de nombres, pronuncié todos aquellos que podían parecerse a él. De la A a la Z... por ratos me quedé en la M por Miguel... (¡Tan lindo!) y me vi forzada a continuar, entonces lo encontré en Simón, en William y también en Andrés. Me figuré encuentros diversos. En la fila de un banco. En la caja del supermercado. En la estación de gasolina, en la silla continua del avión y por supuesto, en mi restaurante favorito. Pero fue en el cine donde creí verlo. Iba solo. Igual que yo. Tenía un tarro de crispetas proporcional a su tamaño y una gaseosa agrandada. Entró a la misma película. Dos sillas más atrás. Entonces recité: Miguel, Simón, William, Andrés... en esas llegó una chica, subió sola y se sentó a su lado. Hola Andrés. Se parecía a él, tenía uno de sus nombres pero, no estaba solo después de todo.  

lunes, 16 de diciembre de 2013

Oscuro sabor

Apropiarse de un rostro no siempre es tarea sencilla. En noches como hoy uno se pregunta qué hay debajo de tanta oscuridad, qué ocurre tras bambalinas, dónde está el cuello, los brazos, el tronco. ¿Es negra la tristeza? ¿Tiene color la nostalgia? ¿Estamos en una frecuencia fantasmagórica? ¿O soy yo, la oscura? No quiero mirarme a los ojos. No quiero reconocer su historia. La boca del lobo abrió sus fauces de nuevo y sólo puedo anunciarle una indigestión. No podrá comerme. Tengo suficiente sal en el cuerpo como para envenenar su metabolismo. Que busque otra soledad por devorar. Estoy cómoda con la mía. Ya no tropiezo de noche con los zapatos y puedo ir sin encender la luz hasta la cocina para sentarme luego en la sala con un poco de leche. Puedo sentir aquel nombre en los poros desvelados y no desfallecer de deseo. He sobrevivido a su indiferencia, a su distancia, a su desamor. Tengo ahora que aprender a sobrevivir a su nombre en los umbrales del sueño para no despertar más con su sabor en mi lengua.Eso, precisamente eso, es lo que me molesta. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Cuando la ciudad no duerme


No puede ocultar su asombro, sus decididas ganas de contar, el murmullo de voces haciendo fila tras sus dientes como usuarios de una sucursal bancaria, la oscuridad... ese pedazo de noche que le roba la mitad del rostro mientras lo demás invoca una sonrisa cómplice. Ha estado ausente, es cierto. Estuvo amando la cornisa por un tiempo, asomándose sin indiferencia a un vacío poblado de semáforos, vendedores ambulantes y pirámides de baldosín. Y de luces navideñas también. De pronto las festividades se le vinieron encima sin moño, sin una pareja con quién cantar villancicos y recitar novenas. De pronto, sintió el horror de no tener una lista de aguinaldos por regalar, cero familiares del otro lado con quien batir una natilla o fritar una docena de buñuelos. Ningún niño recitando sus anhelos para Navidad. Ningún otro niño a quién revelarle que el ñino Dios son papá y mamá. La cornisa. El aire cargado de fritanga y comparsas. Los globos a lo lejos esperando un descuido para subir al cielo. Cinco o seis borrachos recostados contra algún poste. Una mujer en tacones tomando un bus con aires de malabarismo. No entiende cómo es que otra vez se encendió diciembre y sin embargo... prefiere regresar a ese lado de la alcoba que está frío, ese lado que ignora que escribió una carta, que su ciudad no duerme, que su anhelo no es consumible y que sí, viene envasado en ti. 

martes, 12 de noviembre de 2013

Relojes

No digas te extraño, no cedas a la costumbre, no temas a la soledad. Abre un libro, siembra una idea, sé mamá. No escondas las horas, no huyas del tiempo, rescata el reloj del cajón y lúcelo en tu muñeca. Mira como los días juegan al carrusel para estar mil cuatrocientos cuarenta minutos junto a ti. Un dos de noviembre nunca será un dos de octubre pero es un dos. Entre ellos un mes. Un mes que llevas en la mente como ningún otro. ¿Ha de volver? Es mejor no pensar en eso mujer. Nunca me amó. ¿Para qué te atormentas? ¿Para que afirmas mentiras? Lo amaste, te amó. Terminó. También termina el amor. Y es una suerte que así sea. De otro modo no podría volver a comenzar. Estarías anclada a los mismos ojos, te acostumbrarías a cada gesto de sus párpados y creerías que es lo único en el mundo cuando es sólo un fragmento. ¿Sí ves? A las ocho en punto, a tu derecha... ¿quién es? ojos donde no te has mirado, un amigo por descubrir. ¿Me lo presentas? Paciencia, ya viene... camina hacia a ti.   

jueves, 7 de noviembre de 2013

Apelación



Escucha sin atención. Mira sin observar. Está presente sin estar. La visita menciona lugares extraños. Habla un lenguaje no cotidiano. Dice apelar. ¿Cómo se apela? Ella le da el rostro pero no la cara. Ya la tuvo lo suficiente. Ahora es interlunio. Piensa en el postre que se comió, en los futuros rayitos que quiere para el pelo, en visitar a su mamá. Piensa en cualquier cosa menos en él. No sabe cómo desarrolló esa inmunidad después de quererlo tanto. Es curioso -se dice. El continúa proponiendo ideas y buscando puntos en común que ya no existen porque están en dos cuadrantes diferentes del mismo cartesiano. Tres exis o menos cuatro ye. No busques tangentes ni me dibujes dunas de seno y coseno. La luz nos separa. Estoy por renunciar -dice entonces. Renuncia. Entonces ya él escucha sin atención, mira sin observar, está presente sin estar. Dos autistas comparten la sala y se dicen adiós sin entender lo que significa. Ella se va, él se queda, invierten lugares, cambian de estación. Él escribe y ella presiona el click de una cámara. No por mucho. Tres exis o menos cuatro y reclaman su lugar. Ella vuelve a ponerse el sostén y a empuñar un pluma para decir Basta.

martes, 5 de noviembre de 2013

Un solo rostro mil facetas


¿Amaneciste enferma? No, no dormí. ¿Lloraste? Un poco. ¿Qué quieres que contemos hoy? No estoy segura, no siempre sé contar, hay días en que me esfuerzo como loca y no logro ni media cuartilla. ¿Te sucede a ti? No sabría decir, no escribo todos los días. Eres afortunado. Yo escribo hasta dormida. Y entonces borro tanto que la tecla suprimir es la más desgastada del teclado. Miento. No es la más. En el computador antiguo era la ene. No sé por qué. Afán mío quizás de una nana para tantas imágenes... para tantos recuerdos... ¿Y, dormirás? Cuando llegue la noche. Es inútil acostarme ahora, sólo lograría concentrarme en la respiración y ver los cambios de mi cuerpo, la densidad en las piernas, el galope predecible de mi corazón. ¿Y qué imagen tienes por estos días? La de la lluvia. Cae, caigo y ella no se levanta, ves... 

Cuarto creciente


Desperté objetiva, contigo en mente. Supe al instante que abrí los ojos que era contigo que había soñado. Dónde, cuándo, no lo sé. Tal vez cerca de un jardín, encima de un caballo, quitándole los pétalos al campo. Quizás en una nave interplanetaria haciendo un viaje de reconocimiento, sin gravedad, con tus besos como peso y mi nuca queriendo librarse del casco. Quizás no fue nada de eso y fue un mensaje de texto tuyo lo que le dio timbre a mi teléfono para sacarme de una piscina con olas donde nadaba desnuda en pleno atardecer. ¿Cómo saberlo? Por lo pronto prefiero tu rostro a todas las caricias. Por lo pronto, anhelo tu voz a cambio de todas las emisoras. Que sea tu boca quien me cuente las noticias, quiero enterarme por ti de lo que acontece y adolece en nuestro mundo. ¿Amanecí objetiva? Cuarto Creciente. Creo más bien que deshojé gerberas a tu lado e hice un collage con ellas para mi próximo diario. Creo que escribí tu nombre con pluma indeleble en la almohada de mi tiempo presente. Creo que elegí soñarte porque nada en ti duele, porque me devuelves el asombro, porque tienes la altura de lo auténtico. Le das luz a mi tierra.

domingo, 3 de noviembre de 2013

La cita de consolación

Lo aburro. Está será la única cita. Desde ya mira el reloj, no debe ver la hora de regresarme a casa. Ojea la carta. Parece no saber qué pedir. ¿Qué pedirás?-me pregunta. Ay, no he mirado. Ensalada. No, un momento, que pereza comer otra vez pequeñas aceitunas con la impresión de gran filete. Hoy pediré carne o mejor pescado. No me decido. ¿Carne o pescado? ¿Qué recomiendas? No sé, es la primera vez que vengo a este restaurante también. No me mira a los ojos. No le gusto. ¿Eres tú quién está moviendo la mesa? Sí, disculpa. Ya se dio cuenta que estoy nerviosa. ¿El trabajo? Bien, como te dije soy ejecutiva junior en una empresa de consultoría financiera. Sí, llevo tres años y medio. No aún no he recibido un ascenso. Silencio incómodo. ¿Qué quería? ¿Una más exitosa? Me disculpas voy al baño. Un ojo rojo, lo que me faltaba, no traje el colirio. Apenas son las nueve y media. Retoque en los labios. Para qué más vine al baño, oh, sí, para calmarme. Camina derecha, regresa a la mesa, toma la servilleta, ponla en las piernas. Sí, ya estoy lista para ordenar. Me da un filete de congrio en salsa de maracuyá con papá al vapor por favor, sí, gracias. ¿De tomar? Él pidió agua sin gas, ni modo pedir un vino blanco. Sí, gaseosa light. Y me decías, trabajas en la bolsa desde hace siete años, te separaste hace dos. No me imagino el proceso y no voy a comenzar hablando del pasado. No, es que no te imaginas, ella era todo lo que tenía. Un momento, no puede ser, está llorando... esto si no me lo habría imaginado... ahora sí que no sé qué hacer. No sé ver llorar a nadie. ¿Será su estrategia despertar compasión? Ay no puedo ser tan dura. ¿Me decías que van a ser dos años? ¿Has buscado ayuda profesional? Preferí buscarte a ti. Un amigo me dijo que le hiciste olvidar hasta el nombre. Me pongo roja, no sé si es una ofensa o un halago. ¿Qué amigo? Prometí no decir. Está bien. Cancelemos la orden. Vamos a mi casa. ¿Estás segura? 

Orgullo

Sin prejuicios, adoro como suena la palabra orgullo en la lengua de un argentino. Se infla, se oye bonito, rima con yo, no niega el amor propio, lo estimula, reconcilia con la imagen del espejo. Me gustan los argentinos desde que supe que mi primer novio había nacido en Córdoba. Tengo los mejores recuerdos de la empanada, el mate, la tortilla. También la mejor sensación de abrazo. Y que conste que no he ido tan al sur. Buenos Aires es también un barrio de mi ciudad y aquí se escucha tango por doquier. Medellín, tumba de Gardel, cuna del baile libre. Y mientras una mano en la cintura y dos piernas se atraviesan algo me dice que vaya despacio, que el afán no es consejero, que disfrute del compás y... su recuerdo. Regreso entonces a los verdes ojos que me hablaban de amor, a la ingenua la boca que lo proponía eterno. ¿Cuánto ha pasado desde entonces? Tiempo. Y sin embargo, aun lo veo en el acento de otros que hablan como él. Y el orgullo es el mío que no ha sabido buscarlo para decirle: contigo habría sido... el orgullo he sido yo que no supe ser lo que debía cuando era el momento. Y sí, lo he perdido para siempre en otros ojos que no tuvieron que esforzarse para amarlo. Y este orgullo tonto no suena bonito y es más inútil porque de nada sirve reconocerlo. Te seguiré viendo en el acento.  

miércoles, 30 de octubre de 2013

Celos


Fotografía: Jose Luis Ruiz

Pero mujer, te digo que una foto no más. ¿Yo, con Angelita? Ni riesgos. Cuántas veces te he dicho que te amo. No, sé que en la foto no parece duro ser fotógrafo. Lo es. ¿Pero pretendes que no me divierta o qué? Que ella está toda apoyada en mí... ¿sí, y qué hay con eso? Sí, se que me gustan las piernas largas pero corticas también. ¿Toda esta alharaca por una foto? De qué vamos a vivir entonces, no me digas que me prefieres con un lente detrás de novias caprichosas... no, no es mejor. Los catálogos exigen esfuerzo y es gratificante ver el producto final. No no no, no me refiero a la foto en el sillón. Ay mujer no empecemos otra vez. O ya sé, dame tantito... qué qué voy a hacer... sorprenderte. Ya está, mira la foto... ¿qué ves? ¡Un implante de photoshop! ¿Cómo te atreves a poner mi cara en ese cuerpo? No diga pues que no se le intentó contentar. ¿Contentar? Agradezca que hoy traje el bolso liviano porque me provoca cogerte a carterazos. Pero mi amor, vida, mi tesoro... sigue sigue... no importa con cuántas modelos trabaje mi corazón es tuyo. Ah, está bien, ganaste pero ¡borra esa foto! ¡las dos fotos!

lunes, 28 de octubre de 2013

Ya no sé qué hacer conmigo

El fin del mundo

Todos los días son el fin del mundo para miles de personas. Cientos de decenas de ojos se cierran por última vez. Algunos víctimas de un cáncer, otros producto de una enfermedad coronaria, muchos por consecuencia de la vejez y también cientos en manos de la violencia. Todos fallecemos un poco todos los días. Muchos nos vamos a dormir con miedo al mañana. Muchos tomamos el bus de las cinco y no sabemos a qué horas tomaremos el bus de regreso. Muchos estamos confinados en nuestras casas, comemos lo mismo, los cinco días de la semana (con variaciones el fin de semana, también las mismas), renegamos por las mismas cosas, por el internet que se cae, por el teléfono que nadie contesta, por las cuentas que no se cansan de aparecer en coloridos sobres debajo de la puerta. Y en medio de todo está la propaganda por lo que debíamos hacer pero no hacemos, ejemplo: el reciclaje correcto, la adecuada disposición de las baterías gastadas, el manejo de plásticos... no, no fuimos educados para el consumo, fuimos educados para consumir. ¿Qué sería de la humanidad si controlara una sola palabra: deseo? El imperio capitalista tendría un rival inteligente. Ya sería el sistema quien temería no estar en nuestras decisiones y nuestra mente estaría habilitada para no caer en propagandas baratas ni imitaciones del paraíso. Lo siento si estoy existencial. Tengo pesadillas con el caos. Y es hacia el caos hacia donde nos dirigimos. La brújula en mi espalda tiene una búsqueda superior a mi entendimiento. No pensamos en las generaciones futuras y no somos conscientes de que quizás no estemos dejando nada para ellos. La tierra, Gaia, ha sido muy benevolente con nuestras imprudencias y ya no sabemos cuánto más resistirá. Cualquier día dirá no más y escupirá fuego y llamará al tornado y causará estragos con el mar. Cualquier día tú no podrás leerme ni yo escribirte porque no habrá redes y quizás tengamos que volver a comenzar. 

viernes, 25 de octubre de 2013

Triqui triqui aun no es halloween


Fotografía: Daniel Efe Restrepo

-¿Listos pa`la foto?
-¡Listos! ¡Listos! ... no estoy listo. Daniel, guevón, yo no, para, para, decime otra vez pa`que es que necesitas esto.
-Portafolio chicos, portafolio. Frescos que nadie los va a  reconocer. 
-Ah bueno. 
-Otra vez, ¿listos pa`la foto? 
-Listos, listos... ¿pero Sussie la va a ver?
-Claro que la va a ver. 
-Va a pensar que tengo ese complejo de Peter Pan, o peor, me va a pedir que la acompañe a la fiesta del Blue disfrazado así, ya ni sé por qué te dije que sí. 
-De malas hermano, son tres payasos o no son. Párese ahí y no dude tanto.
-Pero es que me pica la cara. 
-Lo que me faltaba, jode más que modelo mimada. Suelte a ver, relájese. ¿Quiere que le traiga una pola?
-Saben qué, vamos a cambiar el orden, Sergio a la izquierda, Manuel a la derecha y vos, vos Diego hacete atrás. 
-¿Atrás?
-Sí, y por favor, seguí haciendo el puchero que funciona.
-Puchero, ¿cuál puchero guevón? respetaaa.


jueves, 24 de octubre de 2013

Recuerdo de familia


¡Viene la ola, inmersión! ¿Por dónde es mejor: por arriba o por abajo? No me decido. ¿Quién inventó el mar? Es verdad lo que dice mamá, que hay personas que nunca llegan a conocerlo, qué pesar, todos deberíamos darnos una pasadita por el mar... A mí me gusta hondo con papá, sí, allí donde mis pies no alcanzan y el agua es más fría, dónde papá me lanza por los aires justo antes de la ola y está pendiente de verme llegar. Cómo es de maluco tener que esperar a que me pongan antisolar. Mamá es exagerada y según la hora me hace poner hasta la camiseta, dice que el sol quema y yo no siento eso. El sol... está lejos. Quema más la arena de la playa, mis pies el otro día casi no resisten por eso ya siempre vengo de sandalias. Viene la ola, ¿dónde está mamá? Por buscarla en la playa me descuidé y tragué agua. Rápido, aquí está. Me sonríe y que completo me siento con ambos en el mar. 

Hombre manzana


Tengo la cabeza repleta de rostros. El señor de la lotería, la mujer del vecino, el viejito en corbata, el vagabundo sonriente, el niño que lloraba por aquel balón... y no sé cómo es posible, algo o alguien vino a mí, en sueños sería, y te formateó. He buscado tu rostro por horas y sólo consigo recordar tu nombre. De repente sos como esa pintura del hombre manzana y por más que la miro no logro extraer tus facciones en él. Te habrás mudado a otra mente de mujer, habrás partido con todo y memoria y te habrás instalado cómodamente debajo del óleo verde. He querido entonces leer tus cartas y las hojas han borrado la tinta como si se tratara de un chiste cruel, ya no tengo ni tu caligrafía, cómo ha de ser posible, se ha mudado también tu firma. ¿A dónde has ido corazón? Un hechizo habría sido menos preciso. Pero sé que exististe. Sí que lo sé. Mi tacto no olvida, mil poros me hablan de ti, los pliegues del cuerpo se aburren de doblarse funcionalmente. Quiero ser caricia y no te tengo aquí. Escucho un tango y no me imagino visitando los salones sola. Las zapatillas protestan desde el armario pero no podré usarlas hasta que desenrede tu misterio. Mis vicios sin ti son peores a mis vicios contigo. René, dime qué lo hiciste, devuélveme el rostro, dame sus ojos. 




miércoles, 23 de octubre de 2013

El semáforo

Amor por simpatía o por deseo, amor por ambos. Lo primero que conocí en ti, fue la sonrisa. Me llegó mucho antes que tu voz, mucho antes que tus ojos tras los lentes, antes de la noche, justo al atardecer. Entre autos nos sonreímos mientras la luz seguía en rojo y ambos nos preguntábamos quién diablos era el otro. Por suerte cerca había un Mall y aunque no tenía nada que hacer allí, estacioné mi auto con la certeza de que lo verías. Y lo viste. Te vi entrar e ignorarme en una estrategia tardía porque ya tenías todo mi interés. Recuerdo que pensé: ¡Ay no, es de esos! Te juzgué vanidoso y estuve a punto de regresar y abandonar tu sonrisa en un cajero electrónico. Entré a la farmacia y pedí algodón. No se me ocurrió nada menos original. Y mientras cancelaba, tu presencia se hizo tangible junto a mí. Creo que no nos conocemos, pero es como si te hubiera visto por años. Tu voz me perturbo de la mejor manera posible. Casi no levanto los ojos del mostrador para darme cuenta de ti. Todo en mí latía y mil por hora es una mera suposición. Mucho gusto, me llamo Andrea. El silencio incómodo por poco destruye la burbuja de nuestra presentación. ¿Puedo invitarte a un café? Y me invitaste a una vida. Ahora, cada vez que paso por la diez con la inferior, sé que estoy atravesando de nuevo, nuestra primera cita. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Lenguaje epidérmico

"Porque amar es un mero lenguaje epidérmico, el sexo un asunto de terminología"
Lawrence Durrell

Visto así, entiendo por qué congeniamos. Caricia significa lo mismo para ambos. Beso es relativo, no sólo es boca esto que besa, es labio, comisura y lengua también, es sed, hambre y sabor. Beso... sos vos.
Nuestro lenguaje epidérmico no necesita diccionario porque es más bien un universo esto que compone tu cuerpo y mi mano cartografía. Tu manzana de Adán está por ser mordida por mí y sólo espero que tu paraíso dure más de tres semanas. No quiero citarte y perderte o responder a tu cita y perderme. Quiero ir sencillamente por un helado y saber que no importa si tu favorito es diferente al mío, porque siempre hay espacio para el combinado. Vainilla y chocolate se llevan bien en el mismo cono dorado. O cada quien con su cono y al diablo el combinado. Y si amar es un lenguaje epidérmico que venga tu piel que la estoy esperando. No, no me esconderé tras bufandas de lana ni te esconderé mi cuello tras el cabello. Aquí estoy y quiero sorprenderte. Ahora tengo un nuevo término aromático: también puedo ser acidita, adiós a los perfumes dulzones. Y sé que no me reconocerá tu primera revisión de léxico pero disfrutaré tu extrañeza. Saber que finalmente ese ácido es lo que te llevarás de mí, lo que olerás en tus manos y te devolverá la memoria de mi tacto. 

jueves, 17 de octubre de 2013

No hay cariño perfecto

He querido decirte que me voy. He tenido la frase en la boca durante horas pero no he osado contradecir tu alegría. Con ternura vienes hasta a mí con la ropa recién planchada y la ordenas en el closet por color. Traes el café con leche, con la arepa tostadita y me miras con tu resuelta felicidad doméstica. ¿Cómo decirte que olvidé quién soy al estar junto a ti? Los viernes de fiesta no son suficientes para recuperarme. Estoy perdido y tu en lugar de ayudarme me perjudicas con tanto querer. No será sencillo herirte. No te lo mereces. ¿O sí? Pero qué digo, mírate, ya preparas la cama para ambos. Me pones la almohada a la altura que me gusta. Me sacas la pijama y hasta me pasas el control. Ni siquiera notas mi aflicción. Crees que todo se debe al estrés del trabajo cuando es en casa que me angustio. Hoy no por favor. Ya te pusiste el babydoll. habrás de querer sexo después de CSI y yo no quiero más que una cerveza y un sueño. No quiero oírte decir que el doctor nos anticipó esto. Que en la depresión era normal. Eres tú quién me deprime y no es justo decírtelo. Y sí no vuelvo... seré como el personaje de aquel cuento... no, no puedo ser tan débil. Matilde... ¿Sí? Quiero irme por un tiempo. ¿Irte, pero por Dios, para dónde? Qué ocurrencias las tuyas. No refuto nada, ya te lo dije. Cuando me haya ido repasarás esta escena cientos de veces pero al menos tendrás la certeza de que quería partir. ¿Por qué? El tormento será tuyo. No me preguntaste. 

Sabotaje a una meditación

Momento de orar. Más de un minuto para dar las gracias. Tiempo para concentrarse en la respiración y con los ojos cerrados desapegarse hasta del último sueño. Estar atenta al silencio, no prestar atención a los pensamientos, dejar tu nombre pasar -siempre pasa- volver al aire, sentir un ligero escalofrío y un pequeño calambre en uno de los pies. Llevar las manos al pecho, al tercer centro, sí, al corazón, escuchar qué dice, con qué se lleva bien, contigo también se lleva. ¡Otra vez me vas a sabotear la meditación! Inhalación profunda... tus ojos en mis ojos. Exhalación resignada, tu boca en la pared. ¿Qué es esto? Posición de loto. Tu abrazo desmedido. Abro los ojos con ofuscación. Estamos meditando, estamos meditando... ¿Y sí meditar en ti también se puede? Qué desorden. Volvamos  a la posición inicial. Pies juntos. Miremos hacia adonde sale el sol. Manos sobre la cabeza. Om. Vamos bien. La imagen de ojos amorosos rodea todo centro y contorno... ¡Ojos amorosos también sos vos! Que me perdonen los budas, hoy estoy en vos. 

martes, 15 de octubre de 2013

Pistas

He dejado pistas en los libros, hojas con la esquina doblada hacia adentro y hacia afuera. Una forma de subrayar con la mirada líneas que hablan de ambos. Desde libros de poesía hasta novelas policíacas todos han sido alterados en mi búsqueda de ti. Es así como sé que "amar es un mero lenguaje epidérmico" y que tu estrategia es que algún día yo te necesite. Nunca leemos los mismos libros entonces quizás nunca encontrarás mis pistas. No sé quién lo hará. Habrá quien juzgue mi búsqueda como algo sutil o furtivo. O vendrás tú y quizás comprendas que siempre te busqué, que entre lineas balbuceaba tu nombre y entre capítulos hacía pausas contigo en mí. Algún personaje tenía tu rostro, en el beso siempre estaba tu boca, eras sabio cuando hablabas de amor. Me identificaba con mujeres perdidas, con mujeres recién encontradas, todo dependía de la época y el lugar. Los libros de playa no eran como los del estudio, las revistas también me causaban cierto afán: unos zapatos o una gabardina eran el atuendo perfecto para nuestra próxima cita. Ahora los ácaros amenazan algunas vidas y no tengo fuerzas para mudar tantos mundos. La gotera de arriba no tiene quién la repare y prefiero perderlos a reconocer que es a ti a quien llamaría para salvarlos. 

Me está doliendo no amarte

Como si fuera lunes está semana empezó colgada. Un martes brumoso y pesimista rodeado de tragedias de demolición no ha logrado darme lo que quiero para sonreír. Apenas sí sale el sol y son pasadas las dos. De ti no sé más que un par de palabras por no sé que red; algo social que no nos socializa. He querido marcar tu número varias veces pero la misma cantidad me he detenido al pensar que no se qué decirte. Me está doliendo no amarte y no sé si eso se dice, si se entiende, si se copia como lo emito. Un dolor pectoral acompaña mi día y sé que no es un viento ni mucho menos mi corazón solicitando un stent. Sé que sos vos obstruyendo la arteria coronaria, pellizcando un pedacito de pulmón y también produciendo la última acidez. Me duele no amarte y ningún servicio de urgencias médicas va a darme el suero que venía envasado en tu boca. ¡5% de josesalina por favor! Debería haber albergues para corazones como el mío o al menos un diván con quien hablar sin sentir vergüenza. El 5% de tu sabor hacia parte de mi tratamiento para tenerme en pie y las rodillas han comenzado a flaquear. ¿Me entendes cuando te digo que te extraño? No, no te lo he dicho, no sé cómo decirlo, para qué decirlo al fin y al cabo. Tendré entonces que continuar sin ti y con dolor porque contigo también duele y ya hicimos todas las reanimaciones posibles para resucitarnos. ¡Estoy viva! Es lo único que me afirma el dolor, de lo contrario sería un fantasma igual que vos. 

lunes, 14 de octubre de 2013

Un trueno por un té

Pasemos juntos el frío de esta tarde. ¿Te parece bien si te invito a ver llover? Podemos contar también los segundos entre trueno y rayo. Vamos, qué dices... ah, eso era antes. Cierto. Verás tengo problemas de conjugación verbal. Contigo olvido que existe un después. Después de ti es como el apocalipsis con un año de retraso. Después de ti es como... ves, ni siquiera sé cómo se conjuga eso, con qué queda bien. He de pasar el frío sola. Ya entiendo, de eso se trata, de volver a mí, uy pero es que es tan rara esa mujer... se había aprendido a ser a tu lado. Ok, ya que no vienes, al menos tengo la lluvia. ¿El frío? Nada que no se solucione con un buen té. ¿Qué desde cuándo me gusta el té? No lo sé. Nuevas cosas he de aprender a disfrutar, entre ellas el té. Es tarde, está pitando la tetera. Uno, dos, tres... ¡Trueno! 

Delete

Te estoy leyendo. Acabas de renunciar a la mujer de tu vida y caminas erguido con ella a tus espaldas. Le dijiste adiós como si la fueras a ver mañana y te subiste al auto convencido de que quizás jamás volverían a verse. El cuerpo pronto comienza a dolerte: primero las piernas, luego el tronco, el pecho, los brazos hasta sentir un nudo en el cuello, sudor en los ojos, resequedad en los labios. Meneas la cabeza de un lado otro. Quieres decir ¡No puede ser! pero ya está hecho. Detienes el carro y él luce menos abandonado. Un oficial de tránsito llega hasta a ti y te pregunta ¿Señor todo se encuentra bien? De nuevo dices sí pero nada puede ser más falso. Te preguntas porque la vida no trae un Delete... sí, una tecla que borre el último paso, un Undo que deshaga el desastre para el que no estabas preparado. La tiene tu pc, la tiene tu correo, por qué carajos no la tiene tu vida. Ahora sientes rabia y aunque sólo el orgullo te separe de tu presente y ella, el orgullo es una palabra nueva. Siete letras que te tienes que permitir vivir porque así lo decidiste. Al diablo el delete, enciendes la radio, buscas tu emisora favorita y cantas: I can´t get no satisfaction ... but I try...


sábado, 12 de octubre de 2013

Halo de fuerza

El halo de tu fuerza envuelve mi cuerpo en un abrazo vertiginoso. Siento tu mano en mi nuca y te veo depredador. Has cazado mi instinto, mi cariño es tu presa. Miro allí donde tus ojos no son pregunta sino certeza. Y es contigo que recuerdo el asombro de ese primer globo de helio que subió al cielo. Tus labios me devuelven la memoria de boca. Y no, no sabe a fresa. Tiene un no sabor porque es un beso en la distancia, un beso mediado por tecnología, escrito en cinco letras porque viene y va en plural. Besos que se mantienen en aire en nubes dibujadas por ambos. Y mi cariño presa se hace halo de ternura y te dice con pleno convencimiento que te espera. El amor no necesita fecha. No es una cita esto que te propongo es pura presencia. Viaja, vuela, toma un tren, habla mandarín... ve, que también allí estaré presente cada vez que te encuentres un globo y lo envíes de regreso a nuestro sueño. 

martes, 8 de octubre de 2013

Si la noche sabe a ti, perdona

Si la noche sabe a ti, perdona. Si el insomnio huele a ti, perdona. Hay tantas cosas tan buenas en mi ayer contigo que mi hoy sin ti siente escalofrío. Por lo pronto, resolví encerrarme en el closet para no ver tu imagen en esta habitación vacía, resolví apagar la luz antes de entrar a la cama para que el vacío sea sólo uno. El frío es otra cosa, no sabía lo que era con tu cuerpo tibio haciendo de la cama una madriguera -con televisión- la misma que ahora parece más una cueva y yo tengo tintes de Platón dibujando sombras en sus paredes. Estoy encadenada a esta tristeza... Si mi melancolía tiene tu nombre, perdona. Tengo que inventarme día a día y el palo de rosa del rubor no da cuenta del proceso. Es ahora cuando tenga que desmaquillarme que todo se vendrá abajo otra vez, mi cara limpia dirá que estar sin ti y estar desnuda es como lo mismo, que ya me había aprendido mi ser contigo y que me cuesta, me cuesta mucho volver a ser... 

No hablo sola, hablo contigo

Pensaría atacarte con dos palabras, con una en realidad, algo que te haga perder el centro y el foco. Te pediría por ejemplo... no, déjame pensar, no podemos comenzar siendo tan obvias. Necesitamos del rodeo, de la pura imaginación, de la suposición por supuesto. Desde mi poltrona puedo pensar en ti sin aspavientos. Puedo decir que son las tres y no hay forma de verte llegar a las cuatro. Puedo revelar también que eres mi copiloto fantasma desde que te subiste a mi auto y dejaste una huella de barro. ¿Puedes creer que me he resistido al lavado? Un mes con tu tenue presencia por tan ligero descuido me ha servido para conversaciones de tráfico. Y hemos conversado tanto tu huella y yo... que se me ha olvidado llamarte cuando ha sido del caso. He descubierto que no hablo tanto sola como creía, hablo contigo. En mi mente repaso líneas que gozarían con ser vistas por tus ojos; en mi mente no deshago el abrazo, sigo empinada y colgada a ti. Y no, los pies no se quejan; es delicioso empinarse para alcanzarte. Entonces, para qué atacarte con palabras cuando es mejor amarte con ellas, decirte por ejemplo que seré coqueta una vez más, que olvidaré el recato y jugaré a ser mujer un rato. No seré fatale pero me declaro tuya. ¿Te basta que te quiera por unas horas?  (¿Dónde leí eso de querer por horas?)

lunes, 7 de octubre de 2013

Un pato como preámbulo

Víctor despertó esta mañana con ganas de un pato de verdad. Lo supe al instante que llegó hasta mi cama con su pato de tela entre los dientes, meneando la cola como si no se tratara de un lunes corriente. Lo imaginé con el cuello de un pato y vi al pobre animal chapalear intentando zafarse. Me dio pena por ambos así que subí el perro a la cama con todo y juguete. Lo vi instalarse en la cabecera e intentar deshuesar lo improbable. Luego se bajó de un salto y trajo consigo, la carnaza. Lloró y lloró para que lo subiera de nuevo a la cama pero me hice la dormida y lo escuché ruñir ese huesito blanco que honestamente, no sé de qué está hecho. No pude fingir mucho tiempo mi ausencia de la vigilia. Me volteé para espiarlo y preciso, me estaba mirando. Algo en él me decía que ya era tarde, que mis rutinas se habían visto en apuros y que ya el tinto de las siete estaba frío y aburrido sobre el escritorio. Me provocó bajarme de la cama como él, de un salto, pero no quise poner a prueba mis años. Con los dedos de los pies, busqué las pantuflas que ya también había mordido y me metí al baño sin más preámbulos. Cuando salí, seguía allí, ya sin el pato, sin la carnaza y sin mis zapatos. Su rostro era de puro contento, porque la hora del paseo había llegado.

jueves, 3 de octubre de 2013

Entre ella y yo

He colmado de distancias esta mañana. He abierto una brecha entre mi pasado y yo. Le he dicho a aquella mujer que no me busque más, que no estoy, que cambié de domicilio y que no tengo teléfono. Le he dicho que todo lo que queda es esta imagen. El único puente entre lo que fui y lo que soy. Que lo único seguro es que continuaré escribiendo y que asumo el riesgo de no consultarla en mis narrativas por venir. Se ha puesto histérica -quiere figurar- Lo lamento, no hay espacio para sus protagonismos. Dice que le duele y que nadie más va a escribirla. Eso es seguro. Pero le duele... ¿Cómo ser indiferente? No, no logrará atraparme. Sabe manipular. Debo es dejar de pensar en ella. Reconocer que tengo una lista de cosas urgentes que me demandan y que no pueden acceder a mí, mientras ella se interponga. Necesito escribirle una postal, desearle lo mejor, sugerirle otro destino, decirle por ejemplo, que un crucero zarpará en dos días o que puede comprar un boleto de avión con cualquiera de los libros que hay detrás de mí. ¿Podré librarme de ella? ¿Podrá ella seguir sin mí? Quizás pueda resolver los dramas de control que eligió vivir. Repasarlos una y otra vez, con suerte le brindarán una perspectiva nueva. Pero y si cambia... ¿qué ocurrirá conmigo futura? Es cierto, no puedo desprenderme de ella, a lo sumo puedo entretenerla en una referencia pero somos una misma entidad en diferentes tiempos. Tengo es que aprender a ignorar sus pataletas, a evadir sus afanes de mimos, y a darle afecto en una medida que seguro no sabré medir. Aquí tienes mi nuevo domicilio, éste es mi teléfono y llama cuando quieras, eso sí, no abuses quieres...

lunes, 30 de septiembre de 2013

Una coleta de fuerza

Todo está ahí, reunido en una coleta. Ella lo sabe, por eso va por cortes cada vez más insignificantes de mes en mes. "Las puntas por favor" -le dice a la estilista y confía en que las puntas no sean 3 tres dedos porque eso equivale a una trasquilada. Y es que la fuerza está en el pelo; no es que sea Sansón ni mucho menos pero los años le han servido para descubrir que cada vez que osa de pelona... su percepción de fuerza disminuye. Es mejor tener una coleta que acariciar, cabello para coser una trenza, mechas para agarrar si se trata de una pelea y melena para escurrir los dedos y aparentar una coquetería inocente.Una coleta de fuerza que alguien más decida mirar y tomar y deshacer y demostrar con ello, que tan débil se es cuando te toman con ternura por la superficie del lomo. Es entonces cuando se deshace la coleta y aflora una mujer nueva. ¿Quién dijo que tenías que ser fuerte? Sé mujer, sé niña, sé amiga, sé compañera, sé amante y para ponerte de nuevo en tu sitio, está bien, arma tu coleta.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Compás de lunares

Le aprendí la luz a tu sonrisa. Una hora más en cama dejó de convertirse en un desperdicio para ser lúdica. En la mesa de dibujo, los compases, celosos, me sugieren una maqueta que apenas voy a comenzar y me pregunto sino terminaré añadiéndole algo tuyo con todo lo que has dejado en esta piel que está por arruinarme incluso el baño. ¿Te espero? Tardaré. ¿El desayuno? No me digas, no tenía idea de que cocinabas. Ah, para mí cocinas. Es fácil, sal y mantequilla. Un ingrediente por cada lunar. Lo que faltaba, te estás burlando de mis pecas. Burlarme ¡jamás! las adoro, dale, súbete la camisa otra vez. Están de mordisco. De mordisco vas a estar tú ya que me prometiste desayuno me dio hambre y no sabes cómo se me pone el genio... Ya, ya voy. Espera te doy una palmada de luz. ¿Una palmada de luz? Sí, no vayas a voltearte. Está bien. Click. ¿Pero qué hiciste? Dime si no te ves divina como fondo de pantalla de mi celular. Dónde le muestres eso a alguien... sí, sí, vas a matarme, ¿con qué, con los compases?

Fotografía: Daniel Efe Restrepo 

Summertime sadness

Summertime sadness suena en su mente. Alguien se lanza al vacío y también es ella. Alguien sostiene a un San Bernardo y le dan ganas de acariciar a su perro. Alguien llora en un auto e innumerables veces, ha sido ella. Podríamos decir que es Lana del Rey o que es Lana interpretando a Lana, o Lana interpretando a alguien más. Sea como sea, ahora es ella quien se desdobla en el salón en un movimiento rápido, imperceptible. Algo en ella, sin embargo es consciente del desdoblamiento porque en un gesto se lleva la mano a la mandíbula, pretendiendo quizá sostener el peso de las últimas ideas. Es sábado y para cualquier otro la tarde sería una invitación a salir, para ella, en cambio, constituye el deleite de quedarse dentro, de hurgar en los recovecos del sentir, de extraer la última polución, de leer una y otra vez esa frase que describe al deseo mejor que el deseo mismo. ¿De cuándo acá tan corpórea? ¿De cuándo acá tan dermis? Podría decir que a partir de un año, un mes, una fecha o mejor aún, de un nombre. Sí, de alguien que le enseñó a desear deseándola para partir luego a las quimeras, a lo platónico, al deseo de lo imposible que inevitablemente conlleva una tristeza veraniega que se alimenta a sí misma con el dolor de la distancia y lo absurdo de la ilusión. Ya, ya, así duela, déjalo pasar como tantas otras veces y ve por ese helado de las cinco que te prometiste desde las cuatro.


jueves, 26 de septiembre de 2013

No le cabe una nube a esta tarde

La lluvia arruinó mis planes. Me acuarteló. Lo que iba a ser una tarde de investigación, se convirtió en una de imaginación, contigo en mente. Tres horas más frente al computador y quizás haya chance de vernos pero llenos de ropa: chaqueta, bufanda, pantalones, botas. Qué poca oportunidad de ver y más aún de rozar tu piel. Tendré que conformarme con tu barba, con mi mano inventando una excusa para pasar por ahí con el frío como pretexto para decir que mis ropas no bastan que me estoy congelando cuando no es cierto. Es ganas de ti y de tu contacto lo que me trastorna. Alucino con tu mandíbula abierta, con tu boca queriendo morder mis labios, con tu mano debajo de la mesa sobre mi pierna. Sí, alucino. Y no le cabe una nube a esta tarde. Entonces necesito que te conviertas en nube y te precipites, para que llegues sin tocar el timbre y la ventana entreabierta te deje pasar. Sé nube para mí esta tarde. Sé nube para que me baste mirarte para entender que no tiene dimensión mi deseo. Sé nube para recordarme que no puedo retenerte, que estás aquí para acompañarme pero te esfumaras tan pronto salga el sol y la luz te robe a otras esferas. Sé nube y déjame soplarte. Déjame jugar a ser el viento que te impulsa. Nubes es todo lo que hay y tú eres todo lo que me ocupa. Entonces por suerte, no le cabe una nube a esta tarde: estoy llena de ti. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

Simulacro de muerte

Pronto, levántate, inventa algo que hacer. No digas que no te provoca escribir. Puede ser cierto pero no puedes darte por vencida, no ahora. Cambia la música, Jazmin Levi no te ayudará. Un poco de Cold Play... tal vez, me gusta más esa: sí Lana del Rey Burning Desire... you used to drive fast remember? No hagas demasiados cambios tan pronto. Asimílate. Sí, duele. Nadie te dijo que no dolería. Try to drive fast. No te detengas a pensar demasiado. Está hecho. Vamos por un masaje o mejor aún, a la piscina. Cambiemos de estado, vamos por uno acuoso, o trotemos, ¿podemos trotar? No nos conformemos con recordar la sensación del viento sobre el rostro. Hay que ser espada, volver a sentirlo. ¿Álvaro Mutis? Sí, los escritores también mueren cualquier día. ¿Ilona? No, ella no, ella vive cada vez que alguien la descubre y muere cada vez que tiene que volver a morir. ¿Nos gusta eso cierto? Cada vida debería venir al menos con un simulacro de muerte. Un simulacro para espiar al que fue tu mundo, sin ti. Poder leer los obituarios -si llegan existir- poder estar ahí cuando se discuta el epitafio. Reír si no saben qué decir o sentir desconsuelo si repiten uno común de esos que recomiendan las compañías funerarias. Un simulacro de muerte que no tuviera forma de distinguirse de la verdadera, porque no habría chiste y todos se comportarían casi de manera predecible. ¿Y dolería? No tenemos como saberlo. Mientras no sea cierto que el muerto despierta a las 36 horas... porque de qué serviría un simulacro si estamos dormidos. No alcanzaríamos ni a soñar los sucesos. Despertaríamos a la vida o a la doble muerte y hay sí, querríamos levantarnos e inventar algo que hacer con un cuerpo que ya, simplemente, no nos pertenece. Por eso niña, arriba y ánimo. Ya hemos muerto el amor sin simulacro y aunque no hay punto de encuentro posterior, esta la asombrosa llegada al Uno. Llega a ti y después hablamos. 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Hechizo

Un cañamazo, cuatro velas: una blanca, una azul, una roja y una morada, tres fósforos; dos ovillos de lana: uno rojo, uno azul; una aguja de cabeza grande, una docena de botones de cualquier color; esencia de vainilla, seis varas de canela. Sin fotografías... por favor. No hacemos hechizos de amor y tampoco tenemos antídotos para el desamor. Ofrecemos clases de costura para hilar con palabras fragmentos de la huidiza emoción. Instrucción: encender una vela por cada fósforo; la cuarta encenderla con la vela encendida inmediatamente anterior. Pasar la aguja por el fuego de la vela roja y ensartarla la lana del mismo color. Soplar hasta que enfríe. Si es necesario sumergirla en un vaso con agua y hielo. En punto de cruz, escribir en el cañamazo la palabra deseada: salud, bienestar... -en letra cursiva, por supuesto- ¿Dónde se consigue el cañamazo? Este no es momento para esa pregunta. Si no tiene cañamazo, tome una toalla facial blanca. Continuemos. Realice el nudo en la última letra y corte. Libere la lana roja y busque la azul. Dibuje tres nubes (pasado, presente y futuro) después de haber repetido el procedimiento de pasar la aguja por el fuego azul. Es muy importante que cada vez que cambie de color caliente la aguja en la vela correspondiente. Su costura ahora tiene su deseo surcado por tres nubes. No piense en lluvia porque eso nos obligaría a rellenar una nube de gris. (¿Quiere gris en su anhelo?) Demasiado tarde, deberá insertar los botones. Por cada duda, un botón. Es cierto lo que piensa... sin embargo no olvide que me pidió un hechizo y eso es lo que estoy suministrándole. Agradezca que mi trabajo es con palabras y no le he pedido un corazón. Para qué un músculo en permanente movimiento cuando a veces, lo mejor del deseo está en su inercia... Ahora bien, en cada nube, escriba algo, no sea tímido, aprenda a pedir. Si es pasión o deseo vale, si es humor, también, sea creativo. Nadie sino usted sabe lo que necesita. ¿Soledad? No me diga. ¿Pretende usted que lo dejen tranquilo? Como dije, estamos fabricando hechizos no cumpliendo pedidos a domicilio. Más bien vamos a la parte dulce, tome la canela, póngala al baño María, échele diez gotas de vainilla y procure mojar el cañamazo con la infusión resultante. Luego póngala a secar y duerma... al día siguiente, tome el cañamazo y construya con él el frente del cojín. ¿Lo encontró feo o desagradable? Me alegra. Los hechizos... son así. 

martes, 17 de septiembre de 2013

Un figurín tras Miguel Méndez

El hombrecillo de madera al fondo, junto al libro de Grafitis parece saber algo que yo no. Parece bailar o estar listo para una pasarela de moda, parece conversar también con los miembros de la foto del fondo, cansados de estar sentados y sonrientes en un ayer feliz que no tenía manera de sospechar la nostalgia presente. El hombrecillo me grita algo pero su tono de voz es inaudible a esta distancia. Tengo que acercarme para comprender que necesita una escalera y tiene un encargo. Le he dicho que no puede moverse de ahí porque fue un regalo, que no me pertenece y que su dueño a veces pinta figurines con su movilidad. ¿A veces? La última fue hace año y medio. Lo siento. ¿Qué puedo hacer? Es un permiso no más: dos horas para un encargo. No soy empleadora de nadie así que me siento extraña en esta posición. Es mi estudio y si el dueño lo dejo ahí fue por algo. ¿No estaría espiando o sí? Quizás tiene una cita o puede ser más banal, quiere afeitarse una espinita y dar madera de cuerpo de un estreñimiento verdaderamente prolongado. La última imagen me impresiona, así que accedo como si el permiso fuera de hada madrina y el hada, como decirlo sin vanidad, yo. Lo alcanzo y hago las veces de escalera y me pide que no mire cuando lo pongo parado en el piso. No puedo evitar reírme. No sé si se marcha ofendido. Regreso a mi puesto de cuartel y para cuando quiero continuar narrando una historia veo que el árbol que acababa de digitar no está. Pulso control z para rehacer y que va… no está. Entonces releo mi escrito y allí donde citaba al poeta Miguel Méndez en su cosecha de pájaros: veo el poema desnudo de follaje y de ella. ¿Quién no ha tallado el amor? Dos horas… ¿pero si no le di reloj? Habrá de preguntarle a una niña, más vale que no porque terminará vestido con atuendos de Barbie y seguro le improvisarán una peluca. ¿Pero quién dijo que era mujer? Siempre fue un hombrecillo sin atributos tangibles. ¿Será eso lo que fue a buscar, un implante? Las conjeturas me tienen exhausta, no sé ser hada de nadie. Atardece. Miro la puerta con la ilusión de verlo entrar. Faltan menos de diez minutos para las dos horas, lo único que me falta es que me resulte impuntual. No puedo poner un denuncio ni hacer un retrato hablado. Ah… ya llega. Pero qué pasa, marcha con la cabeza gacha. No me pide una escalera. Trepa con agilidad peldaño a peldaño y hace la misma pose en el ángulo exacto de flexión. ¿Pero qué pasó? Me removieron el apéndice. Bromea. Un muñeco de madera asexuado con dolor abdominal. Luce triste, entonces siento necesidad de volver a mi texto y de nuevo Miguel no recuerda si el árbol daba frutos o daba sombra… pero ella si se fugó en la primera cosecha que dio pájaros. No le pregunto más pero no puedo evitar tomar una foto-retrovisor. Ahora la tentación es hablar. ¿Podré leerle en voz alta? 

lunes, 16 de septiembre de 2013

Síndrome de abstinencia



La primera garrafa de recuerdos se quedó en la alcoba. De la ducha al clóset, del clóset a una organización rápida: tendido de cama, ubicación de cojines, zapatos a su lugar. Tu espacio me tentó para sentarme en él pero no le hice caso y cerré la puerta tras de mí. Desayuné sin ganas cereal con leche y no tuve ánimos de sacar al perro. Recorrí la casa en busca de vasos y encontré uno tuyo, de quién sabe que día. También por poco me detengo a conversar con él, pero lo envié al lavatrastos con los demás. Tu ropa seguía aquí. Intenté empacarla en una caja pero el contacto con las prendas me trajo hasta aquí: a la sala donde tres libros tuyos observan mi desconsuelo. ¡Qué grande luce el mismo espacio! ¡Qué vacío has dejado al partir! Las paredes demandan mi intervención: necesito mover lo que era habitual para ambos. Adiós carnaval. Adiós pareja en siesta. Arriba el buda y dos cuadros egipcios que tenía guardados. Te estoy desterritorializando de mí. En un mes ya tendré una piel nueva y con suerte la vieja se habrá llevado mis apegos de ti. Pero un mes es mucho tiempo. La garrafa de la sala contiene las conversaciones del final del día, el murmullo de quehaceres y proyectos, la fantasía, ese soñar que no va más. La taza de café ya no tiene acompañante, te has llevado el bolsillo y el endulzante. Toca entonces tomarlo así, amargo, sin artificialidades de ningún tipo, sin simulacros de dulzura. Evito entonces mirar la silla del comedor que te servía por oficina. Y al cerrar los ojos es el cuerpo quien se llora, los músculos de mis piernas parecen liberar toxinas por el dolor que me produce caminar. Quisiera acostarme pero sé que es la peor opción. Vengo entonces aquí a intercambiar mi síndrome por palabras y con suerte algún lector también atraviesa alguna abstinencia y no sólo me dice que ya somos dos sino que me regala un confitico de palabras para que el lunes seamos sobrios y no nos duela el desamor.  

domingo, 1 de septiembre de 2013

Tregua

Me complace una tarde a tu lado. Cambiar rutinas por caricias, alejarme del escritorio por un jolgorio de besos. Me gusta la risita nerviosa, el sudor en las manos, el sentir que no tengo control alguno. Disfruto quebrarme ante ti, ser rama de bambú, recibir tu viento. Anhelo convertirme en música, hacerme vocal;  darle de comer a las yemas de mis dedos. Pretendo inventarte un cielo: poner una sucursal de la aurora boreal con un conjunto de nubes verdes. Quizás hasta sople una flor o la vuelva una media luna al no arrancar todos sus pétalos; no hace falta llegar al final, al me quiere. ¿Y si no me quieres? Lo que importa es querer niña, lo que importa es querer. Y mientras llego al último pétalo que he decidido arrancar, levanto mi mirada hacia a ti y antes de que los besos comiencen otra vez, siento que necesito pedirte una tregua. No sólo es piel esto que te disfruta, es ojos, y nariz y boca también. Y no sabe qué hará sin ti. No sabe cómo regresará a la poltrona, al escritorio, a la rutina. Porque ahora que se mira las yemas de los dedos sabe que tiene gula de ti.  



lunes, 26 de agosto de 2013

Foucault, no pudo haberlo dicho mejor

Soy todo ojos desde esta oscuridad que no te ve. Soy todo oídos y todo olfato y todo gusto también. A mi cuerpo le gusta Focault cuando dice que hacemos el amor porque en el amor el cuerpo está aquí. Bajo los dedos del otro que os recorren, todas las partes invisibles de vuestro cuerpo se ponen a existir. Contra los labios del otro, los vuestros se vuelven sensibles. Delante de sus ojos semicerrados, vuestro rostro adquiere una certidumbre. Hay una mirada, al fin, para ver vuestros párpados cerrados. Existimos en tanto somos amados. Y qué decir ya de mí, de mi vacío, de mi incertidumbre -también aquí- amándote. ¿Eres acaso sólo utopía o hay en tu ilusión la posible idea de una realidad compartida? Mientras no me sucedas eres quimera. Mientras no suceda en ti, estoy incompleta. Tengo las manos aburridas de bordar palabras y los ojos saltones por la última foto que publicaste en twitter. Soy mala seguidora, sin embargo conozco en detalle tu humor público de las pasadas horas: sentí por ejemplo, tu hastío de las ocho treinta, tu enojo por la discusión con el jefe a la cuatro y diez, y tus ganas de una cerveza justo antes de las seis. Varias veces estuve tentada a escribirte por el interno y decirte que estaba disponible, que te invitaba a la cerveza, que también salía a las seis. ¡Qué va! Me dejaron redactando una noticia de último minuto y para cuando miré el reloj, tus trinos provenían del Lleras. Qué lejos mi cuerpo de tu cobardona mirada, qué lejos mi cuerpo de tu parche sin piel. Un momento: una llamada, tu voz, un saludo etílico, dos silencios. Pasas por mí. Por fin la probabilidad de ser piel en tu piel, ojos en tus párpados, esternón en tu pecho, pubis en tu ingle. Debo terminar, dos o tres notas más y estaré lista. Mi cuerpo estará donde nos desnude la noche. 

domingo, 25 de agosto de 2013

Gris_es


¿Me ves a color? ¿En realidad puedes verme después de tu todo? ¿Qué haces, tienes con quién hablar? El cenicero de la sala extraña tu cigarrillo; la poltrona, tu peso; y yo, tu cuerpo. Hoy he repasado los últimos momentos en cuidados intensivos, el breve tiempo que te tomó decidir desde una cama común; el rosadito de tu piel que se iba perdiendo en una conquista de coloración amarillenta mientras mis dedos se aferraban al último contacto con tu pelo. Las lágrimas de entonces no se parecen a las de ahora. Pero al menos puedo llorar. ¿Me ves llorar? No me regañes. Año y medio sin ti, quién lo creyera. Te tengo congelado en las horas felices, en los diálogos profundos, en la sonrisa coqueta. Tus visitas siempre eran cortas y con la misma duración vienes y ocupas mi nostalgia, los domingos... El farolito aún sigue encendido y me preguntas si estoy escribiendo. Te cuento la trama de mi próxima historia y me haces un par de observaciones que atiendo con cuidado. Te asomas a mis lecturas y me preguntas qué tal están. Maravillosas papá. 

jueves, 22 de agosto de 2013

Interferencia

Escapémonos cerca de aquí, no hay necesidad de ir lejos. Dime que puedo pasar por ti. No me preguntes adónde vamos. Vamos. Déjame conducir bajo la influencia del capricho y terminar en un lote abandonado. Sí, a la vista de todos y de nadie. Préstame tu boca, regálame tu olor, pásame las manos. No me mires tan fijo que me asustas. No he dejado de ser yo, ¿recuerdas? Dime otra vez cómo y cuándo fue que nos conocimos porque yo tengo la cuenta de tres primeras veces diferentes. Allá tú, aquí yo; allá ambos, Allá yo, tú... sí, no importa. Acércate más. Tengo la piel de gallina. No, no hagas eso, no aún. Apenas estoy reconociendo tu lengua. Sí, mi lengua, me gusta cuando dices que es mía. Otra vez. Desarma mi cuerpo como si se tratara de un lego. Pero no te quedes con ninguna pieza, mira que después sin ti, no sabré cómo recuperarme. Sin ti... no me gusta como suena eso. Calla mi boca. No me dejes pensar. Di mi nombre otra vez. En ti suena tan rico... espera, me falta el aliento, no puedo creerlo, ¿estamos juntos? Todas las coordenadas de mi vida nos pintaban en mapas con puntos cardinales opuestos. ¿Te gusto? Siempre creí que no. Tú me fascinas. Pero que digo, mis besos te lo dicen todo. ¿Por qué continuas de ese lado del auto? Voy o nos pasamos para atrás. Atrás. Buena elección. No cabremos. Ay que necia. Deja de pensar. Sí amor aquí estoy. ¿Le dije amor? ...de repente te da por volver a sentir... y hubo alguien que se encargó de darme todo cada tarde, que se moría por llenarme de detalles y palabras amables, y hubo alguien... no he tenido sexo con salsa de fondo, será que cambio la emisora, por qué no la apagué. Pausa, estás con el hombre de tus sueños y estás pensando en la salsa de fondo. Besa delicioso. Pero no voy a poder. Pero sí fui yo la de la idea. No puedo dejarlo así, sería un crimen. Debí tomarme un guaro. Golpeame. ¿Qué? No me concentro, necesito dejar de pensar. ¿Puedes enseñarme a sentir?

lunes, 19 de agosto de 2013

De cintas a aves

En el sueño de alguien aparece su rostro callado. Una imagen instantánea que la memoria decide recordar en blanco y negro como sucede en los sueños; un daguerrotipo del sentimiento, el reflejo de un deseo. Su boca entreabierta parece próxima a soltar un secreto pero no es así;  de ella comienzan a salir cintas de colores como las que usan los magos para descrestar a los niños. Roja, verde, amarilla, rosada, café, azul, naranja... ¿Cómo puede? La tirilla se extiende y su rostro no hace el más mínimo gesto de incomodidad; por el contrario, le causa gracia regalarle color a una noche tan fría. Ese alguien despierta sobresaltado y mira a su mujer dormir profundamente. No fuma; se le antoja algo helado. Va hasta la cocina y toma la jarra con jugo de maracuyá -su favorito- extrae dos vasos de una de las alacenas y se enoja por continuar dormido; regresa uno a su lugar. Mientras se toma el jugo mira a la terraza y algo llama su atención: cintas anudadas son golpeadas una y otra vez por el agua de la tormenta. Como un niño abre la puerta y se moja para entrarlas. 7 delicados nudos se deshacen en sus manos. Exhausto, regresa a la cama y al dormir vuelve a soñarla: de su boca no salen cintas sino aves, el sueño se ha convertido en pesadilla, incómodo comienza a moverse y a mascullar palabras ininteligibles. Su mujer despierta y lo sacude. Y ve como irracionalmente se mete bajo las cobijas. ¿Qué ocurre? -le pregunta. Cómo decirle que teme que las aves se les hagan encima? Una pesadilla mujer, una pesadilla. 

Tiza


Al tablero por favor. Dibuje algo relacionado con la lectura de ayer. ¿Cualquier cosa? No, no cualquier cosa. Algo que nos remita a la lectura. Ah, ya sé. ¿Tiza? (...) ¿Y eso que es? El personaje por supuesto. Su silueta. No veo nada. Le falta imaginación. ¿Cómo se atreve? Otra osadía de esas y lo envío directo a la oficina del director. Cuéntenos más bien del personaje que ilustró, ¿qué hace? Divaga. ¿Divaga? Sí. Sabe que es de noche pero se siente de día, piensa en él. ¿Y qué piensa? Que lo amó demasiado tarde y muy pronto aún, en su vida. Lamento contradecirlo, no veo amor en su boceto. ¿Alguien ve amor? Una mano de mujer, se levanta tímidamente y una voz apenas perceptible afirma: yo lo veo. ¿Esta segura señorita... Villegas? Sí, estoy segura. Ilústrenos si es tan amable. El cuerpo está ligeramente recostado hacia atrás, con la cabeza inclinada hacia la derecha sin un hombro que la sostenga. Casi parece que hubiera estado llorando. ¡Qué imaginación! Ambos, ya, a la oficina del director. ¿Con qué cargos? Complot. Ve usted muchas series dramáticas profesora Agudelo. 

lunes, 12 de agosto de 2013

Búscate un amor


 
Búscate un amor que te haga olvidarte de ti misma. Búscate un amor que prenda la luz de día (para ir al baño) y se sienta a gusto con la oscuridad. Verás como es de mágico su abrazo en la noche. Un amor que no sea el amor, que no tenga la responsabilidad del Todo, que sea tu cómplice, tu llave, tu confidente, que puedas verlo en cualquier sitio a cualquier hora, sin necesidad de inventar excusas o tener coartadas.  Búscate un amor que te mire a los ojos, no uno pendiente de su teléfono. Búscate uno que juegue con tus nudillos, y te provoque llevando tu índice a su boca. Búscalo. No digas que no existe. Mucho menos que no lo mereces. Escríbele, escríbele mucho; a mano, en un cuaderno cosido para que no tengas la tentación de arrancar hojas. Cuéntale de ti. Atrévete a compartir tus sueños. Sé más osada aún: cuéntale tus miedos; dile lo que piensas de la vejez y la muerte. Arréglate para conocerlo. Puede estar en el metro, en el cine, en el teatro, o simplemente en la misma esquina donde piensas tomar el taxi. ¿Y sí no aparece? Habrás amado. Todo el tiempo en su búsqueda te habrás olvidado de ti, lo habrás logrado. 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Vogue sin estaciones

Está buscando el editorial, las imágenes de Kate Burton; la modelo de la portada. Una belleza que no termina de comprender porque no sabe si será estacionaria como las prendas que exhibe. Sí, se vio el Diablo viste a la moda, cómo olvidar a Emily, perdón, a Andrea: ella quería escribir de verdad y aceptó ese empleo por necesidad. Entonces su vestuario cambió, sus prioridades cambiaron, se convirtió no en lo que era sino en lo que otros decían que era. Se olvidó de sí misma... un momento por favor. Intentar demeritar otros mundos es hablar mal del propio. Hay que aprender, hay que intentar comprender. Pero cómo, la moda en ella no es algo innato. Siempre tuvo el uniforme más largo que el promedio, las medias más altas, los zapatos, como lo digo sin que duela, los zapatos eran ortopédicos. No existe moda en la medicina. Ahora la espalda le exige llevar una faja -también ortopédica- y ríe cínicamente de pensar que es lo más parecido a un corset...Rubias, invasión de rubias es lo que lee. No es cierto. Perfumes tienen como imagen a Katie Holmes o Natalie Portman. Un pensamiento cruza veloz: la moda es para la alegría, ¿quién confecciona para la tristeza? Nos vestimos para ser vistos, para compartir, cuando no... da lo mismo lo que se lleve puesto. Y qué tan comunes se vuelve el negro y el gris... parecieran significar todo lo que el alma lleva adentro, amargura. Sin embargo la depresión favorece al anti-consumismo. ¡Qué ironía! Lo mejor será cerrar la moda por un rato, además... aquí no hay verano propiamente hablando. 

martes, 6 de agosto de 2013

Spinoza en su cama


Y entonces corazón, ¿qué hiciste hoy? Sólo estudiar, no me digas. Debes estar aburrídisma, verás como te quito ese aburrimiento. ¿Cómo que no quieres? ¿No hoy? ¿Eso qué significa, que mañana tal vez? A ver, ¿qué estás estudiando? Spinoza. No me vas a decir que este deseo mio por ti es una causa inadecuada... ¿cómo que tal vez? te estás llenando de cucarachas el cerebro. Permíteme ilustrarte: la naturaleza es siempre la misma, en todas partes. Mi naturaleza es amarte. ¿Cómo que esto no es amor? Voluntad, apetito, deseo. Sí, me gusta cuando dices apetito, préstame ese cuello. ¡Qué me ponga serio...! La alegría que tú me generabas se está tornando en algo muy feo corazón. No quiero mencionarlo y tampoco debí sugerirlo. Vamos sé tú otra vez, despréndete los textos... Y no me mires así, no vas a fusilarme y lo sabes. Eres demasiado dulce para un pensamiento inapropiado. ¿Lo eres? No me digas que te descubriste en otras facetas, ja, eso es. Te entiendo corazón. Ves mi índice, ¿dime que no quieres cosquillitas? Apetito... vamos, deja los textos, olvida las citas, desnúdate de ti y acuéstate otra vez conmigo. 

Magia

Sucede cuando sopla una flor de pensamiento. Pide deseos tan pequeños, tan factibles, que siempre se realizan. Pide verte a las diez o tomar juntos el desayuno a las siete. Vive al día. No aloja preocupaciones en la almohada ni se come las uñas, de hecho, las mantiene arregladas y azules. Alrededor de su cuello tiene un accesorio con reliquias budistas y junto al reloj, en la mano derecha, lleva una manilla de cuero con palabras inscritas: peace, love, compassion, grow, together... Escucha a Carla Morrison y a Pablo Alborán y tiene una cartuchera de osos para sus plumas. No es infantil, a veces por el contrario, le duele haber perdido la inocencia. Hoy necesita un favor grande y recorre el jardín persiguiendo la flor más generosa. Le pide perdón antes de arrancarla y mentalmente piensa lo que necesita. Cierra los ojos y sopla tan fuerte como puede. La flor decidió no volar. Todos sus pistilos siguen en pie. No puede ser. Vuelve a soplar, esta vez con un ojo entreabierto y... ocurre lo mismo, nada que se desprenden los pistilos. ¿Será el aire? Ni sabe qué está pensando. Lleva la flor adentro y resuelve ponerla en un solitario. Su tallo es frágil pero soporta ser centro de mesa. ¿Y la magia? Entonces llegas, cuelgas el saco en el perchero, reniegas por el día en el trabajo y olvidas darle su acostumbrado abrazo. El problema no se resolvió. He perdido el toque. Entonces te prepara la comida y se sienta junto a ti y frente al televisor a ver cómo el programa que dice gustarte, lo que te da, es somnolencia. Está embarazada y hoy tampoco fue el día para contarte. 

domingo, 4 de agosto de 2013

Escrito en la memoria de mi tiempo

Sin más espacio que un pensamiento cruzado, sin suéteres de casimir ni camisetas de un equipo de fútbol, estás inscrito en la memoria de mi tiempo. En el separador del libro que estudio, tu rostro es todo lo que veo. Cuando intento enfocarme en la historia... tus ojos me salen al paso. Pienso que pasando la hoja se irán pero son omnipresentes, se ponen justo en el renglón que miro. Están en la carátula, en la contraportada, en los números de página. El libro está maldito. Lo llevo hasta la cama y lo guardo debajo de la almohada. Me acuesto boca arriba y pienso en lo que deben pesarte mis ideas. Entonces apago la luz y la tentación de tus ojos pone a mis manos inquietas. No puedo tocar tus ojos, eso te haría llorar. Pero si tus ojos me están tocando... entonces paso con el índice por la portada y tus ojos me muerden. Sí, los ojos también muerden. Parecen no estar conformes con el peso y la oscuridad. ¿Qué hacer? La mesa de noche es una opción aburrida. ¿El cajón? También es oscuro y además desordenado. No te imagino en un lugar sin orden. Rápido tomo el libro y lo meto al cajón. Le doy la espalda a tus ojos y ahora escucho que tus ojos tocan. Sí, tocan. Un golpeteo desde el cajón me hace saber que no estás muy a gusto. Prendo la luz. Te saco y vuelvo a abrir el libro en el separador. Decido hablarte. ¿Por qué no? No me dejas leer y tampoco dormir. ¿Qué quieres? No puedo opinar sobre el libro si no me permites terminarlo. Deja de ser un autor ansioso. No debieron fotografiarte en el separador, ves lo que ocurre...

martes, 30 de julio de 2013

La caja

Tengo el recuerdo de un beso en un cofrecito azul acompañado de una manilla de hilo. Guardo el portavasos rayado de aquel bar al que me invitó. Y ya. No me dio mucho para recordar. Tampoco soy de las que acumula recuerdos, sólo conservo digamos, lo más significativo. Todo cabe en una caja convencional. Cómo es de dulce desarrugar una servilleta que contiene un mensaje del tiempo, hacerlo con cuidado, sentir como ha mutado su olor. Volver al tren de Ottawa a Toronto, conversar con el profesor de física que lucía como profesor de física. Encontrar una postal enviada por mi hermana desde París, cuando aún se enviaban postales. Hallar un poema de Serú Giran en una tarjeta enviada por mi amigo Luis Cruz. Ver la letra de Diógenes llamándome Helena, cuando nadie conoce ese nombre amputado. Cómo es de lindo el ayer cuando la amistad es el recuerdo. Cuando Ilona aún llueve, cuando no ha comenzado a morir por el gas ni en el Gaviero ha notado su ausencia. Como es de lindo cruzar las piernas y abrir la caja y no saber qué escoger, buscar a Elvira en un viaje a Alemania, encontrar en inglés otra tarjeta firmada por Lordana. Y lo mejor viene de la mano de mi hijo: sus primeros dibujos, garabatos en verde cuando su color favorito era en verde, garabatos en rojo, cuando ya todo era rojo, sus primeras letras, su composición de M A M a así, sin tilde, sin necesidad de acentos. Luego sus frases: mamá (con tilde) te estrallo mucho besos te amo tomi te quiero cuando vienes. Sin pausas, sin signos de interrogación, sin eñes.Y las fotos cuando no existía lo virtual. Cuando se llevaban en rollo a imprimir. Cuando uno no sabía la cara que había hecho y no podía borrar la que no favorecía. Las fotos... ya son bits, códigos binarios en un celular, códigos para el computador, proyecciones... intangibles. Conservo la caja y aún la alimento. Muy de vez en cuando imprimo un correo. ¿Cómo más dejaré constancia de que estuviste aquí, y un pedacito tuyo permanece en mí?     

lunes, 29 de julio de 2013

Cuando pintar también es una causa


El personaje de esta obra de Monika Ruiz es Puck, un perro maltratado de Atlanta que necesitaba una cirugía para salvar su pierna. Había sido rescatado el pasado 22 de Abril por Dekalb County Animal Services  y necesitaba una cirugía con urgencia. Como si pudiera transmitir sus ganas de vivir, se recibieron múltiples donaciones, y se sumaron amigos que simpatizaban con su causa. Así fue como Monika se ofreció a hacer unos retratos de Puck para subastarlos. El resultado: una amorosa fusión de alegría y color. 



Coincidiremos en notar que sin la pañoleta roja, no tendría la misma actitud; sin las pecas en el hocico, no luciría tan adorable, sin los lentes... no sería tan divertido. Sin embargo, los lentes fueron necesarios por una cirugía láser que también le practicaron. Puck, en palabras de Alejandro, el hijo de Mónika, es un superhéroe. Y también lo es su madre, Monika, quien como muchos colombianos residentes en el extranjero, lleva la capa tricolor en la sangre para protegerse de esa frialdad anglosajona que hace todo tan grande y tan igual como las salidas de las autopistas, tan sintético como el olor de los aeropuertos, tan rápido como la comida take away. No sorprende encontrar un animal en las obras de Monika, en el 2002 Jay and Boo nos conmovieron por su ternura, por la amistad entre un niño y su mascota reflejada en el lienzo. Ambos, viajaban por el universo en la búsqueda de una novia para Boo con preguntas esenciales para la vida y la sabiduría. Ahora es Puck el encargado de provocarnos ese cariño incondicional que sólo un perro sabe brindar. Y fue tan mágica la experiencia que Monika quiere continuar pintando mascotas, descifrando la actitud de unas orejas, arrugando el rostro de un pug.

Quienes quieran conocer más de su trabajo, los invito a visitarla en  www.monikaruiz.net


domingo, 28 de julio de 2013

Farolito

Fotografía: Jose Luis Ruiz

Farolito que alumbras apenas mi calle desierta
cuántas noches me viste llorando llamar a su puerta...

Sin traerme más que una canción, un pedazo de tu corazón... los domingos escucho bolero y en sus notas podría jurar que viene tu voz; sabes silbar como Agustín Lara y sonríes al tararear. No ves la hora de que sea Lunes y ya tienes la semana mentalmente programada. Sabes por ejemplo, que el viaje a Bogotá no será el miércoles sino el jueves, que irás a la Cardioinfantil y a la Clínica Shaio, que jugarás golf con tus amigos y que debes recoger la talega en el club. Quizás puedes pasar por ella más tarde y me pedirás que te acompañe. Hablaremos entonces del tiempo ...que van tan rápido como crece Tomás. Y me dirás una frase que comienza con "Ese socio..." Y a esta hora sabré que tienes antojo de mondongo y habré de comprar una porción con todo: aguacate, banano, chimichurri y ají... porque te encanta ponerle ají. Entonces me abrirás la puerta con esa sonrisa amorosa, con la bata azul de tela de toalla y en pantuflas, porque nunca caminas descalzo y me darás ese besito que tanto añoro y ya habrás leído la prensa, y el crucigrama estará intacto, porque no te entretiene desde que siempre sale lo mismo; y me señalarás un artículo que debo leer en el dominical. Lo leo y lo comentamos y me recomiendas entonces un libro de Andrés Openheimer -aunque no es mi estilo- Y pongo el mantel y te sirvo la mesa y me siento a tu lado mientras almuerzas. Y con los ojos me dices cuan rico está; y te encanta caliente y te veo regar... maldices esta torpeza familiar y nos reímos de los últimos morados que nos hemos hecho tropezando a ciegas cuando nos levantamos de noche. Te levantas y me preguntas si me quedo un rato más. Te gusta hacer la siesta sabiéndote acompañado. Y te digo que sí, que estaré un par de horas. Entonces me pides con pena que te tienda la cama porque te gusta hacer siesta con ella tendida. Y corro a organizarla y dejo tu almohada por fuera. Te bajo las persianas. Simulamos la noche. Y la luz del baño parece otro farolito esperando tu ronquido-canción. Y me siento a leer y a esperarte...  

No me acostumbro a tu ausencia, es así como un farolito Cartagenero, en el lente de Jose, no podía significar otra cosa más que la luz que venía siempre de tu cuarto.