miércoles, 12 de diciembre de 2012

Un proceso al origen

Fotografía: Jose Luis Ruiz

Las letras han regresado al origen; se han aglutinado en las hojas del maletín de un hombre que viaja con sombrero. Han permanecido calladas e inmóviles hasta que el hombre se detuvo en un parque a morder una manzana y revisar un proceso penal que llevaba en curso. El viento, cómplice de una cruzada imposible, sacudió con fuerza el piso para hacerlas ascender hacia su destino. El papel quería volver a sentirse árbol, sin embargo las letras se sentían enjauladas en unas coordenadas donde nadie podía leerlas. Enjauladas y en riesgo, pronto llovería y la r se mezclaría con la e y la ñ perdería su elegancia y todas juntas tendrían que visitar a un psiquiatra para recordar cómo eran antes del diluvio y qué era aquello que querían transmitir. La hoja, sin embargo, es un marco fuerte y si su voluntad es permanecer en el árbol, de nada servirán los brincos de los puntos de las ies ni las frustraciones de las efes. Las hojas han querido regresar al árbol y a nuestro hombre parece no importarle quizás porque su sombrero es de fique y aún está sobre su cabeza. Si unas hojas huyen... otras pueden queren ocupar su lugar. Es así como deja el maletin abierto y se sienta a esperar.
Las letras, sienten que han ido a la horca. Le piden al viento que las devuelva a su sitio pero lo único visible es el agua que comienza a caer en gotas largas y espaciadas.
El caballero, cierra su maletin y busca un lugar con techo mientras se despide de un largo proceso en el que nunca tuvo pruebas convincentes para defender a su cliente. Quería demostrar que era el mejor en su categoría pero el viento le quito el peso de tener que reconocer que había armado un caso de la nada. Ahora el caso se desvanecía y tan pronto escampara iría a dar la cara -sin sombrero- para reconocer que, era el momento de perder y el cómo hacerlo era lo único verdaderamente diferente.
Antes de partir, tomó una fotografía de la evidencia -por si le preguntaban- y se marcho agradecido con el viento por haberle ayudado a tomar la decisión de la sensatez en lugar de la soberbia. Su cliente, una mujer, no estaría para nada contenta, pero no se hizo abogado para agradar a nadie. Si quería las pruebas... sólo tendría que buscar el árbol de hojas cuadradas en el segundo parque de Laureles. Al menos eso, sí tenía. La dirección exacta del archivo móvil.

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