lunes, 3 de diciembre de 2012

La orquídea

Fotografía:  Juan Cano
 
Ha tenido que cerrar los ojos para no reconocer su miopía. Se ha obligado a no verte para amurallarse de ti. Mientras tu respiración sea corta puede fingir que está sola, que nadie mira y que no es vulnerable a tu calor. Pronto se vestirá con el día y las ropas la devolveran a la noche, al luto inagotable que se ha impuesto; a la ausencia de un color que sólo existe en los ojos de quienes miran con bastones y no han perdido a nadie.
Su mano derecha empuña una mariposa de plata que tiene planes de aire. El dedo anular pronto la dejará libre ante un descuido y lo único que adornará el cuerpo será un dije de corazón en una diminuta cadena alrededor del cuello. Una cadena y un dije que jamás habría sido un regalo tuyo porque aunque insistes en conocerla, ella sigue siempre será un misterio para ti. Y no precisamente porque sea mujer de guardar secretos. Es en realidad una mujer bastante simple. Guarda emociones. Sabe que no es sano y ha inventado fórmulas y retiros para dejarlas ir. Se ha aprendido mantras y los ha recitado con devoción para no tener que abrir los ojos y verte; y saber que ni tú ni ella son los mismos que una vez se amaron. Ha llegado a creer que es incluso peor y que jamás existió ese amor; que es cierto lo que dicen sobre la ilusión. Y entonces no hay consuelo más que la luz. Y entonces se da cuenta que hace meses, dejó de llorar.

 
El sonido de la puerta del baño la devuelve al instante de su despertar desnudo. En la cabeza hace un recuento de lo que debe hacer y la lista es tan corta que el exagerado tiempo libre la lleva al libro que está leyendo y a la fecha en que debe devolverlo en la biblioteca. Aún tiene tiempo... piensa entonces en las transacciones y los bancos, en la navidad y los aguinaldos por comprar, en los correos por escribir y siente una inexplicable necesidad de plantar algo. No le gusta podar. Cuando toma las tijeras siente que las plantas presienten el dolor a las que las someterá por podarlas. Sabe que es necesario pero prefiere que lo haga Paula. Siempre es más alegre sembrar, o en este caso, traspasar la orquídea de una matera a otra. Una actividad irrelevante para muchos que para ella representa quince años de complicidad. Esa planta fue un regalo durante una época de tempestad y no ha dejado de florecer dos veces al año desde entonces. La ama.
La llave del agua se cierra y le recuerda que pronto él volverá a sacarla de las cobijas. ¡Arriba! -le dirá. Y ella querrá ser como esa orquídea, con una raíz oculta para permanecer dormida. Sin embargo abrirá los ojos y fingirá verlo y hasta incluso le dirá unas cuantas palabras, por ejemplo: suerte, que te vaya bien. Y lo verá alejarse con la promesa de volver a almorzar.
 
En pijama en el jardín, busca la orquídea y las materas. Un delicado pistilo la sorprende antes de tiempo. No podra traspasarla hoy. No hay más flores en el jardín. Las últimas semillas que sembró fueron de albahaca. ¿Y sí la orquídea me regala un hijo? Eso sería peor que podarla. La única actividad relevante del día... tendrá que esperar varias semanas. Por poco la orquídea también cierra los ojos para no ser vista.
 
 

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