viernes, 9 de noviembre de 2012

Usted viene conmigo (después de las mallas)

Fotografía: Marco Ramírez

-Alto ahí. Un momento. -dijo de pronto una voz.
-¿Qué crees que hacías allí adentro?
-¿Aprender de las últimas actualizaciones de la lonja?
-No. Desconcentrar a todos los que queríamos aprenderlas.

Ya te habías deshecho de las mallas y no entendías como este hombre se había salido para hablarte.

-Usted viene conmigo. Yo la actualizaré con una condición.
-¿Cuál?
-Ponte las mallas.
-Eso no va a ser posible.
-¿Por qué?
A estas alturas el juego era divertido.
-¿Ves esa caneca verde?
-Ahí están... destrozadas.
-Ya veo. Supongo que tendré que agendarme contigo.
-¿Agendarte?
-Sí, mañana a las 3:30 p.m. ¿Te parece bien?
-¿Y con qué fin?
-Con mallas otra vez podremos hablar de los temas que nos unen.

-¿Y sin mallas?
-Con mallas tu piel está a salvo, sin ellas, no respondo.
Y si no quiero que responda. Me gusta este sujeto. ¿Cómo es que se llama? Ah ya sé, lo anotaré en la agenda, así sabré su nombre.
-Con mallas. Espera, 3:30... sí, tú nombre es...
-Juan Diego.
-Mucho gusto, Maribel.
-¿Y qué propiedades buscas?
-Casas con línderos bien marcados.
Extraña petición la de este tipo. Mínimo está jugando conmigo.
-Dónde nos encontramos.
-Aquí mismo puede ser.

Y ahora es que me doy cuenta que todo el tiempo tuvo su mano agarrando su antebrazo.
¿Sería el mismo hombre que agarró mi pierna hace un rato?


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