miércoles, 21 de noviembre de 2012

Retórica por una mirada

Fotografía:  Marco Ramírez

-Ya te dije que no estoy aburrida.
-Si vieras las caras que estás haciendo no dirías eso.
-¿Y cómo son las caras pues?
-Largas, sin el asomo de una sonrisa.
-Y si hoy no tengo ganas de sonreir, ¿entonces estoy aburrida según tú?
-Según yo y al que le pregunte.
-No me digas. Vamos a ver si es verdad. Jose vení, decíme: ¿estoy muy seria?
-Seria vos... para nada.
-¿Pero no ves que está prendido? Ese ve contenta hasta a una lámpara.
 -Así no vale. Decíme más bien ¿por qué crees que estoy aburrida?
-Ya te dije mujer, por la cara, además no me quisiste recibir el aguardientico que con tanto cariño te serví.
-Ah es por eso. Valiente gracia.

-¿Qué, ahora qué es lo chistoso?
-Pues vos. Vieras la cara que estás haciendo.
-¿Cara yo? ¿Cómo de qué?
-De picado.
-No, mi amor usted definitivamente no me conoce. De todo menos picado.
-¿Y entonces porque le importó que yo no le sonriera a ver?
-Me importo pues porque... no me gusta verla seria. Con lo bonita que es.
-¿Y no dicen pues que bravas, algunas se ven más bonitas?

-Te vas a tomar el aguardientico conmigo o no.
-Estoy descalza.
-¿Y eso qué quiere decir?
-A buen entendedor... pues que todavía no me voy a menos que vos sigas con esa cantaleta y me den ganas de dormirme ya.
-Dormir, ¿sola?
-Siempre duermo sola. No te hagas ilusiones.
-¿Y no sos de esas que les gusta que les hagan cucharita y las abracen por la noche?
-Para nada.
-¡Qué problema!

-Ahora el serio... sos vos.
-¿Yo?

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