miércoles, 17 de octubre de 2012

La mano del artista

Fotografía Marco Ramírez
La bitácora se enfrenta a una intersección. El compás, no es de espera, es en verdad el instrumento que traza en torno a ti, una circunferencia. La mano derecha sostiene un cigarrillo aburrido de esperar: la última bocanada fue hace más de dos minutos y se consume lentamente muy a su pesar. Su mirada apunta al techo a un pequeño agujero que filtra los pasos del apartamento superior; alguien va en tacones cuando ella agradece estar descalza. Son las dos. La oficina espera. El sastre se ensució en el almuerzo, un poco de fab y frote con buena dosis de plancha lo tienen suspendido en un gancho ejercitado. La tele a esta hora ni arrulla. El radio suena pero a un volumen bajo. Y el libro de Juan Ramon Jimenez está abierto en El Verano y suspendido en la historia de Platero chupando caña. La mano izquierda acaricia el pelo como si entre cabellos se encontrara el fragmento perdido de la última idea. Tú sigues ahí y ella olvidó la circunferencia. Está acostumbrada a que la observes aunque no haya logrado habituarse a ser ella quien te observa. Se acaba el tiempo. El rato juntos terminó. Te dice gracias, se levanta, toma su bata, y se arregla, no sin antes darle una mirada a ese bastidor. ¿Así soy yo?


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