miércoles, 24 de octubre de 2012

La hoja en blanco

La hoja en blanco sigue reinando sin ninguna figura que mostrar: ni picas, ni ases, ni corazones y mucho menos tréboles adornan sus esquinas. La hoja en blanco es una puerta, un llamado, una invitación. Dentro siempre están las voces que o bien quieren salir, o tienen una cuidada estrategia para hacerme entrar y dejarme con ellas. Escribo con mucha debilidad física. Si fuera por mis custodios pulmones, estaría en la cama. Lo estuve. Tres horas al medio día fueron suficientes. Perdí tres horas de luz por este desaliento. Aunque eso sí, al primer descuido me les pare y vine a dar al estudio en doce pasos. Doce. Qué tal. Como una alcohólica vine por mi cantimplora de palabras. Me la bebí toda. No me tomé la molestía de buscar una imagen. La imagen fue mi fuga. Los pulmones siguen buscando entre las cajas de pastillas y la cobija; mientras yo le pedí prestadas las branqui algas a un personaje del Caliz de Fuego para respirar sin ser notada. Un momento. Necesito un café. Verdad. No puedo pararme. Tendrá que ser luego. Estoy ebria de líneas por decir. Tengo un Te quiero atorado en la garganta y dos ojos se me han vuelto cicatriz. Es que hace tanto no los miro...
Estoy preocupada amigo lector. Para serte sincera, el título de esta entrada era las imágenes no condicionan. Una de las voces de la hoja en blanco me ha querido decir que las imágenes vencieron a las palabras desde que la fotografía se inventó. No, que incluso antes, desde la pintura realista. Que movimientos como el impresionismo y el cubismo fueron de tregua pero que estamos en guerra. Otra de las voces ha mandado a callar a la primera. "No seas bruta le ha dicho" Jamás podrá la imagen expresar lo que la imaginación inventa.  Y una tercera ha salido neutral a decirles que no es para tanto, que cada una a lo suyo, que no me asuste, que pase más bien por el café que espero.
Me han dejado confudida esas voces. Yo le apuesto a la amistad entre la imagen y la palabra pero tú, sólo tu amigo lector puedes sacarme de dudas. Sé que es una posición incómoda pero necesito salir de este apuro. Dime simplemente... ¿es la bitácora del cuerpo un encuentro con la palabra o una forma de satisfacer un morbo indirecto de imagen?
Sí, sé que las imágenes son sugestivas apenas. ¿Bitácora del cuerpo recuerdas? Quería dejar una evidencia de lugares físicos que nos llevaran a viajes psicológicos. ¿Se ha logrado?
-¿Por qué escribo así? -fue la pregunta de una voz antes de entrar a la página en blanco.
-¿Así cómo?
-"Como las imágenes. Incentivas a que leamos. Sí señorita, sus relatos están cargados de eso. De espaldas sudor, arañazos, pasión, fluidos... y mucha coquetería."
 
No supe qué contestar. Entre la intención y el resultado... Mi inconsciente me está jugando una racha ahora es que veo los corazónes, las picas y los tréboles. Quién quedó por fuera ésta vez, ah sí: los ases.
 
 

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