viernes, 28 de septiembre de 2012

Fox



Entro al bar sin la expectativa de quedarme. Busco el baño y descanso. Me lavo las manos sin mirarme en el espejo redondo. Busco una toalla para secarme y al parecer se agotaron antes de tiempo porque aún es temprano. Hago una mueca y tomo un poco de papel. Lo arrojo en una basurera roja. Salgo y justo antes de alcanzar la puerta un hombre toma mi mano y me pregunta:
-¿Fox?
Me doy cuenta que la melodía ha comenzado. Me suena a una milonga pero poco se de eso. Observo más bien al hombre que me ha invitado a bailar y me resulta divertido. Siempre es grato estar un rato con un hombre así. Le entrego mi mano y me dejo llevar por él. Tres pasos se multiplican por el salón. Quintas atrás, ochos, cuartas. Uao, éste hombre si que sabe llevar mi torpeza. No lo piso ni una sola vez y todo el tiempo miro las baldosas para no perderme. La canción termina y se despide. Me quedo sola en la mitad de la pista mordiéndome el labio por saber su nombre. Él ya está en la barra ordenando un ron o un whisky. No me aguanto así que voy casi de puntillas hasta él. Toco su hombro como quien llama a una puerta y cuando se voltea me presento:
-Fue un placer, mi nombre es Diana.
-El placer fue mio Diana. Es la primera vez que te veo aquí. Quieres algo de tomar.
Tengo la boca seca pero no sé que pedir.
-Lo mismo que usted toma.
-Bien, que sean dos rones vivos.
¿Vivos?
¡Salud! Bebo con los ojos cerrados y siento su ardor en mi garganta. Quiero saber más de mi parejo pero ahora la música es un porro descarriado. Me ignora. Cambio una moneda de quinientos y voy a la rocola. No sé qué canción corresponde al ritmo que le gusta así que le pregunto a una mesera. Me da el número 22. Espero impaciente que la música comience a sonar y en efecto, cuando el disco suena, el hombre sale disparado de la barra a buscarme para bailar. Esta vez miro lo pies y sus ojos.
Es extraño. Su mirada no me dice nada. Su cintura se ladea lo preciso, sus manos están a la altura perfecta del parejo ideal. La pista es nuestra. Quiero su nombre.
-¿Fox? -le pregunto.
-Fox -me responde.
-¿Desde cuándo?
-Desde siempre.
La canción termina, me hace una venia y regresa a la barra.

 

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