domingo, 30 de septiembre de 2012

De pies y de zapatos

¿Con cuánta frecuencia miramos los pies del otro? Es sencillo y práctico mirar las manos porque siempre están desnudas, pero los pies, no corren con la misma suerte. Entre medias, algodones y zapatos, se esconden. Algunos materiales los dejan respirar más que otros. Sólo en la mañana -antes del baño- son del todo libres. Porque hay que ver sujetos que ni para dormir los desenvuelven. Medias y pies parecen estar adheridos a un destino común: oscuridad. Ahora viene lo paradojico: las mujeres que nos atrevemos a exhibirlos al aire los subimos a tacones, sandalias y ornamentos que si bien, los lucen, los maltratan. Tenemos entonces que gastar tiempo y dinero en salones de belleza sobando callos y extrayendo cutículas. Nada divertido se los aseguro. Y digo paradójico porque los medias-compulsivos tienen los pies más suaves del universo. Basta con robarles una media, un instante, para comprobarlo. Hoy he querido seguir la historia del zapato para comprender un poco nuestra insensatez. "Los primeros zapatos eran poco confiables, a menudo simples "bolsas de pie" de cuero para proteger a los pies de las piedras, los escombros, y el frío". Hoy la moda dicta lo que se lleva en los pies, y en muchos casos, no aplica la palabra: proteger. Por otro lado estamos las obsesivas-compradoras de zapatos. No sé qué tienen pero está comprobado que muchas mujeres invierten su dinero comprándolos. Pueden llegar a tener hasta más de 20 pares. Y no voy a contar los míos porque quizás la respuesta me avergüence. Sé eso sí, que tengo zapatos que he comprado por bonitos y no he sido capaz de usar por más de dos ocasiones. La tortura del pie es un tacón mal diseñado. Por algo existen afamados diseñadores de tacones como Christian Louboutin que hacen lo imposible por lograr lo contrario: un tacón ideal.
Ahora bien,  me fascina andar descalza; tanto en la casa como cuando paseo al perro. Tengo amigas que conducen así y aunque no sé cómo lo logran, admiro su irreverencia.
Esta segunda bitácora va dedicada a los pies. No se sí sea cierto que la mujer de pies hermosos sabe vagabundear por la tristeza; creo más bien que cada dedo, cada uña, cada puente y cada tobillo nos permite sostenernos. El reclamo ante el abuso es el cansancio. Si hay alguna parte de nuestra fisionomía que nos obligue a sentarnos, son los pies.
 

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