martes, 18 de septiembre de 2012

Constelación

"yo era la única constelación que no fue borrada por la lluvia"
Paul Celan
 
La primera estrella con la cual sentí fascinación no fue una, fueron dos. Creo que cuando comencé a mirar el cielo con detenimiento, comencé también a escribir en la parte de atrás de un cuaderno de sociales en uso. Las estrellas eran u1 y u2 parte de la constelación de Scorpio pero yo aún no lo sabía. Tan cercanas la una a la otra que parecían una sola a simple vista. Meses después me inscribí en un curso de Astronomía que dictaban los sábados en uno de los salones del Park 10 (un hotel) y esperé pacientemente a que el maestro tratara la bóveda celeste como un invertebrado. Comenzó enseñando las constelaciones que se veían en esa epoca del año -febrero- y Orion saltó a la vista de todos con su cinturón y su arco. No me deslumbró. Tampoco el Can Mayor ni Sirio ni todo lo que siguió. Tenía fijación con esa estrella que podía ver cada Agosto. Me puse impaciente. Quería saber el nombre de la estrella. Apareció Leo con su figura de ratón pero ni Régulo llamó mi atención. Fue entonces cuando me decidí a hacerle un dibujo escueto al profesor y me acerqué timídamente convencida de que sería muy difícil reconocer a ese par con las otros siete puntos que le marqué como referencia. Manuel, miró el dibujo, lo pensó un momento y me dijo:
-Sí, son u1 y u2, constelación Escorpión.
Sentí entonces una mezcla de alegría y frustración. Ya sabía como se llamaban las estrellas de la única constelación que no me borró la lluvia pero el 1 y 2 con simplemente una u de por medio me decepcionó. ¿Quién pudo haberlas descubierto y haberlas nombrado de una manera tan insípida?
Entonces Manuel me explicó que el término era por la intensidad y cercanía de las mismas, que otras u1 y u2 podían hallarse en otras constelaciones. Me frustré aún más pero no me duró mucho la discordía. Cuando volví a verlas comprendí, para mis adentros, que ambas estrellas representaban la Utopía y por eso se llamaban así. Luego recibí un regalo con las cartas de Rainer Maria Rilke y había una en especial que me las recordaba. Estaba dirigida a su sobrino Friederich y hablaba sobre el amor. Decía que quién encuentra el amor es cómo si encontrara un gran trabajo, que el amor en sí no era más que el fortalecimiento de dos soledades vecinas. Y dos soledades vecinas han sido desde entonces u1 y u2

 
 
 

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