viernes, 20 de julio de 2012

Xochimilco


Una sola vez en Xochimilco, me senté a tu lado en una barca con nombre de mujer; no recuerdo si era Laura o Claudia; al fin y al cabo estábamos solos y no noté la expresión de tu rostro cuando leiste aquel nombre que nos llevaria lentamente por aguas tranquilas mientras me declarabas tu amor. Fue claro que no pudiste. Lo intentaste. Estabas sentado en su nombre y yo era la otra que recibía canciones. Cuando nos ofrecieron la Corona dijiste que preferías agua. Estabas sudando así que te pregunté si te encontrabas bien. Te escurriste el sudor de la frente con una de las mangas de tu blusa y todo el tiempo evitaste mirarme a los ojos. No me quedó más remedio que escuchar las canciones, aquellas rancheras tristes y ver a las parejas que compartían el escenario con nosotros; ellos sí, muy juntitos y apapachados. Intenté ponerte tema de conversación pero fue inútil. Te pregunté qué haríamos el día de los muertos y sí ya tenías tu estatua dulce para regalarme. Dijiste no con la cabeza. Y yo sí me tomé las cervezas que a ti te faltaron. Me paré porque la situación me parecía insoportable y mi falta de equilibrio me tiró derecho al agua. Sali furiosa y empapada; más lo primero que lo segundo. Y cuando lograron ponerme de nuevo a salvo fue que leí: Claudia... Te miré y tenías el rostro escondido en el codo sobre la mesa. Esta vez entonces me tiré al agua, nadé hasta la orilla y regresé sola a mi casa.



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