lunes, 28 de mayo de 2012

Un día más




No sabría decir si el celsio o el rubidio, si el mercurio o el radón. El caso es que para él lo esencial era tan claro como lo elemental y sólo un lugar era el salón y el recreo de aquellos pequeños átomos que agrupados, nos hacían población: la tabla periódica. Muchas veces se dijo que el oxígeno era el primordial pero a él le bastaba ir al mar para reconocer que una molécula sola es una molécula triste y que las dos de hidrógeno restantes no sólo eran necesarias sino infinitamente hermosas. Su mirada se perdía entonces, en ese horizonte azul y el sol incandescente le recordaba un Au. Sus lentes apenas si podían soportar las sumas y restas de metales, de gases nobles e innobles; de pesos y sales; y quizás por eso la pregunta del magazine sobre lo esencial le resultaba obvia… se bañaba con cloro, tomaba agua con litio, comía bananos ricos en potasio y adoraba las ostras con zinc. Todos ellos eran esenciales, elementales como bien lo habrían descrito sus Padres, desde Mendeléyev hasta Werner. Pequeños fragmentos del cosmos que un día encontraron por hogar la Tierra.

¿Qué sería de la edad de bronce sin él? ¿Cómo habrían sido las guerras sin el oro? ¿Habría existido la leyenda del Dorado? No. Lo esencial tenía un tinte indiscutiblemente brillante. Así como la arena se vuelve espejo y en él nosotros nos transformamos conforme pasa el tiempo.

Ahora Martínez observa su hall de la fama en una pequeña cuchara de plata. Científico: sí. Pero de esos que nunca descubrió nada. Se pasó la vida maravillado estudiando los descubrimientos de otros. Agachado frente a un microscopio; haciendo maromas en el laboratorio y enseñando a los chicos a estudiar los ciento tres elementos planos que cobraban vida en tubos de ensayo. Sus manos revelan la manipulación de ácidos. Sus canas demuestran la despigmentación y todo lo que para otros es un proceso ajeno para él tiene el bello antecedente de: natural.  

Es su primer día con un grupo nuevo. Dibuja de memoria un átomo en un tablero blanco y luego sonríe para decirles: Muchachos, todo es química; elemental y sencilla. Vamos a aventurarnos.

 Publicado en El Pequeño Periódico




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