martes, 1 de mayo de 2012

Lacerado el corazón

Tengo lacerado el corazón y no es por Maná con su son espinado. Tengo lacerado el corazón porque un cariño decidió marcarme ausencia. No he intentado olvidarlo. Es muy pronto para eso. Ay Ay Ay cómo me duele que no haya sido amor. Tengo el puño de su adiós alojado en el estómago; su rostro adherido a un retrato que intenté hacer y terminó arrugado en el rincón y su boca en el ideal del beso que fue y sigue conmigo como un post-it del que no quiero desprenderme...

Quise ponerle una curita al corazón y no fue suficiente. Era sólo un rasguño pero vaya si sangraba. Busqué gasa e hice gala de mis escasos conocimientos en primeros auxilios. No fue suficiente. Quise ignorar el dolor y la herida pero terminé en urgencias. Necesité tres puntos: pasado, presente y futuro con él. Ya no habría dos de tres y la primera P era la responsable de la profundidad de la herida.

Un voyeur. Me sentí atraida hacia un voyeur. Me dejé llevar por la atracción y ahora no tengo sus ojos espiándome ni su voz hablando de Usted haciéndome reír. No tengo más que tres puntos de un corazón que los absorverá también.  Soy una paciente juiciosa; de lo contrario, volvería a abrir la herida sólo para sentir de nuevo el dolor de su ausencia.  Mazoquista tal vez: aprovechar la anestesia para mirar de cerca este dolor nuevo.

He salido a mi simulacro de invernadero a preguntarle a la Orquídea si su miel puede sanarme.
Una abeja celosa no quiso que me acercara mucho. Lo que para unos es alimento para otros es medicamento. Hice entonces una imagen...
                                                    





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Continúa lacerado el corazón
los ojos lo dicen... casi todo.




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