martes, 15 de mayo de 2012

A Carlos Fuentes lo encontró la muerte

Habría querido que no fuese tan pronto pero qué podía hacer yo, una lectora anónima contra un pronóstico inevitable... lo cierto es que tampoco lo sabía enfermo y  ni chance tuve de encenderle una vela a la Virgen de Guadalupe por su recuperación... lo vi en enero tan vital... Supongo que así es la hoz, indiferente con el intelecto o la vitalidad.   No sé a qué edad Carlos Fuentes escribió Aura pero su manera de narrar en segunda persona aún me atrapa. No he visto líneas iguales a esas. Y sé también que no soy la única, he sabido de quienes recorren el Distrito Federal en busca de la Casa y se sorprenden al encontrar que la nomenclantura existe. ¿Será posible? se preguntan; y llegan allí como Felipe Montero sin más anuncio que la voz de la curiosidad. Fuentes dio el paso hacia la inmortalidad. Ahora sus textos continuarán hablando por él. Algunas Chac Mool obsesionarán a coleccionistas ingenuos y otras muñecas querrán ser reinas... Con suerte algún Naranjo lo transformará en flor; y él y sus palabras, encuentren el descanso que se imaginaron.

Pienso entonces en cómo será el descanso de un escritor y hay ocasiones en las pienso que estamos tejiendo nuestra propia trampa. Si sobrevivimos a los años y a los anaqueles, seremos entonces por siempre pronunciados en voces que jamás conocéremos. No habrá silencio para el escritor. Siempre rodeado de sílabas, de afirmaciones,  y de descripciones al por mayor. Eso si la continuidad existe. Si algo verdaderamente pasa cuando todo lo orgánico y lo eléctrico se apaga. De no ser así. Para qué preocuparse por una coma mal puesta o un lector que lea de corrido. Cada quién hará con la obra lo propio, incluso darse calor en un callejón perdido.
¿Habremos de morir tantas veces como nuestros personajes lo hayan hecho? ¿Cómo entonces sangrar sin sangre o llorar sin lágrimas? Será un laberinto nuestro propósito.

Quizás esta reflexión no sea más que el resultado de una breve esquizofrenía, frente a los fantasmas propios y ajenos que vamos dejando en un obra que jamás estará concluida. La vida nos cobrará el peaje de pronto y el escritorio de nuestro computador sabrá en qué estábamos trabajando, qué personaje estaba a punto de salir a la luz, cuál había sido sepultado para siempre y que idea estaba apenas comenzando en nuestro quehacer.

Buen viaje para Fuentes donde quiera que él se encuentre.




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