lunes, 30 de abril de 2012

401

La anterior fue la entrada 400. En ella no celebré. En ésta sí. Quiero agradecer a los lectores que han seguido este blog durante los últimos años. Todos amigos aunque a muchos no los conozca en persona. Lo que comenzó como un diario virtual poco a poco fue adquiriendo forma de algo más.

Aquí he publicado cuentos, poemas, reflexiones, e incluso Mandalas como el que pueden apreciar a continuación. Este en particular lo hice con toda la intención del corazón de agradecer el tiempo vivido y compartido. Porque sí, soy una autora que por más lejos que vaya en su narración siempre regresa a sí misma. Como bien lo diría  el cineasta Andrei Tarkovsi: "pienso que nunca he sabido separar mi vida real de las películas que he hecho". Yo me identifico con él, no he sabido separar lo que escribo de mi vida. No sé si eso es bueno o malo. De hecho pienso que es inútil establecer juicios. Cada artista tiene su método y si entrar o salir de sí mismo es lo que hace falta para producir algo honesto, hay que permitirse dar esos saltos cuánticos.

Nada duele más que mirar hacia adentro. Nada es más complejo que descascarar al ego. Hay veces que uno incluso lo intenta forzar y el resultado es una entrada que jamás sale de borrador. Cualquier día uno desiste y la papelera que aquí no duele se lleva algo de uno para lo que no hubo coraje suficiente o palabras precisas.



Amo la literatura desde que tengo uso de razón. Desde que le escribía cartas a mi abuela y dibujos a mi padre. Tal vez una novela ilustrada sea uno de los pasos que me hacen falta, tal vez no. El blog me ha permitido saciar mi necesidad de acariciar con palabras los recuerdos que se van sumando a mi vida. 

A mi tía Nena, a Maxi, a Moni, a Jose, a Maryu  y a aquellos que han tenido las ganas de suscribirse: ¡Gracias!



domingo, 29 de abril de 2012

Verdeazul

Descansa sobre una poltrona estampada de círculos azules y grises. Mira la terraza y los Laureles, y le parece que están cansados de aparentar ser una cerca ficticia. Escucha a un niño en el pasillo gritar que no quiere y lo oye gritar con tal fuerza que se pregunta por qué lo obligan.  Un leve hormigueo a comenzado a subir por su pierna izquierda y, aunque no le gusta, deshace el carrizo que aprendió de niña y que es parte de su postura cada vez que se sienta. Suena el timbre; no fuma, entonces no tiene que apagar ningún cigarrillo antes de pararse a abrir la puerta. Va simplemente. Le entregan el correo, unas cuantas facturas y la última revista Semana. Recibe las cosas y regresa a la poltrona. "Un mes más" -se dice. - Y cierra los ojos para pensar en aquellos que por decisión del destino no ha visto más. ¡Cuánto lo extraña! La cafetera suena lista. Dos de azúcar, revuelve y ya está. Regresa a su asiento en primera fila hacia el más acá. Le gusta sentarse allí cuando puede darse el lujo de ver pasar las horas sin afán. Eso suele suceder en domingo, como hoy.

Hace un rato dijo a través del computador palabras muy hirientes a un buen amigo; por provocación o no, la verdad es que no tiene excusa para su comportamiento. Quiere llamarlo pero sabe que sería inútil. Ahora sí anhela saber fumar. Al menos ese humo podría llevarse por un rato su ansiedad. El amigo la borró de su vida como quien sacude la ceniza de un pantalón. En eso nos aventajan las redes sociales, todo es cuestión de añadir o borrar. Ahora ella tiene el corazón fragmentado sin partitura alguna y  los Laureles son el único horizonte de abrazo.

Es tal la incertidumbre que toma un mazo de cartas. La primera tirada no le dice nada así que repite la pregunta en voz alta:

El problema: la confrontación. Vidas entre las vidas se han encontrado y el pasado inconsciente los ha separado. Un corazón invertido y atravezado por tres espadas bajo la lluvia denota la pena que ahora abruma su alma. Todo parece indicar que continuará sola el camino aunque él la lleve en el pensamiento y la rabia. Sin embargo, el as de Copas como resultado es esperanzador, de estas emociones turbias una clara pureza puede surgir, y después de todo, no será necesaria la confrontación  o podrá ser olvidada con conversación. De cuatro cartas con espadas, la quinta es el 5 de espadas, no será necesario discutir por pequeñeces después de todo.

Es momento de pedir disculpas. Ella se prepara con un regalo que quería darle. Escribe una carta y se equivoca en la fecha por un día, no la tacha. Le dice entonces que está arrepentida y antes de que sea muy tarde, reune el coraje suficiente para darle la cara y la carta. Él no sólo no la espera sino que su visita es desafortunada. La deja llena de palabras y se va sin recibirle ni el regalo ni la carta. Entonces ella se despide y le promete que no la verá más nunca. Él se ha llevado su risa y parece no notarlo.

Más nunca comenzó hace unas pocas horas... el vacío consecuente es largo y delgado.

Ella se sienta en la poltrona y piensa que es más fácil poner un huevo que volver a verlo. Intenta pensar en cómo sería lo segundo y se le ocurre que solo lo casual podría reunirlos. ¿Pero cómo? No frecuentan los mismos sitios. Piensa en el huevo y aunque ya pasó Pascua, va a la cocina como una niña a buscar uno para pintar. Quizás no pueda poner uno pero sí puede decorar otro.

La tarde transcurre más amable. El silencio persiste pero la culpa se ha ido. Sale el sol, una siesta la abraza. Los Papiros más allá de los Laureles denotan la tormenta de la que hace un rato, fue partícipe.
Jamás espera. Algo en ella tiene la certeza de la pérdida.  Termina de decorar el huevo con verdeazul y se sienta a describir la ausencia con total entrega y transparencia.

Fotografía: Juan Cano




sábado, 28 de abril de 2012

Cosas de diario no tan te diario

Por el capricho de un azar que me he esmerado en comprender y estudiar; he llegado aquí: a un punto muerto en la mitad de mi vida; a una encrucijada sin mapa ni salida. Lo único que veo es bosque. Lo único que me cubre es la noche. Estoy desnuda y sólo mis pies llevan sandalias; bondad de la vida quizás para que al pisar no me lastime más de lo que ya de por sí, me estoy lastimando. He querido mirar atrás pero no llevo luz diferente a la que guardan mis ojos. He buscado la luna pero su fase es nueva. He querido gritar pero no me sale la voz. A mi lado hay un niño que me observa con ojos angustia. No tiene frío ni hambre. Quiere saber si conozco la ruta.
-No he estado aquí. No tengo certezas.
El camino es exactamente igual en topografía a la izquierda que a la derecha. El olor es lo único ligeramente diferente. En uno de los caminos hay jazmines. Puedo eso sí, asegurarlo. En el otro... no huelo más que musgo y raíces. Por un momento pienso en los muertos; en un jardín que recorrí en el Valle cuando era niña y me decido por las flores. Tomo la mano del niño y seguimos. Después de los jazmines llegamos a una ladera y nos miramos con desaliento. La idea de regresar se nos ocurre a ambos. No hay por qué forzarse. Levanto nuestra carpa que nada tiene de tienda y menos de campaña y abro un pequeño sleeping para él. Antes de arroparlo le doy de comer una chocolatina Jumbo Jet y con ternura le cuento un par de historias hasta que se duerme.
Cuando la noche y yo estamos solas. Le digo que me hable con verdad.
-¿Ha de ser siempre así?
-En los mejores casos lo será.
-¿Y cón él?
-¿Tú ya sabes y conoces lo que obtendrás?

-¿Qué buscas? -me pregunta la noche
-El amor
-Ya lo tienes, míralo frente a ti.
Intento decir pero, pero no hay nada más que decir.

Amanece y tan pronto despierta, le digo: vamos a buscar a papá. Nos espera.

miércoles, 25 de abril de 2012

Alcancía de recuerdos

Para evitar olvidarte construí una alcancía de recuerdos con tu nombre en ella. Lo primero que hice fue pintarla. De azul, por supuesto. Le agregué blanco para simular olas y casi se me va la mano intentando dibujar una estrella no celeste. La tape enseguida e hice mi primer depósito: un beso en blanco. Lo hice potente para que fuese lo primero en salir una vez la alcancía fuese abierta. Después, escribí tu nombre en un papelito amarillo. Cuatro letras cuidadosamente escogidas entre el abecedario y sin repetición, que hacían referencia a ti; a tu importancia en mi vida; a tu hombro cada vez que se me salieron las lágrimas; y también, a tu anatomía. Escribí: miel, barba, pecho, cielo... Y como la ranura de la alcancía era muy pequeña continué escribiendo y deslizando recuerdos como aquella vez que los riñones me fallaron y te la pasaste empujando mi silla de ruedas en un hospital buscando que me atendieran. Sin que te dieras cuenta, te robé una cana. Y para que mi alcancía estuviera completa, deposité una nota con tu letra en ella.
Cuando estuvo llena tuve que esconderla.
Tú seguiste dándome motivos para escribir, amor y una que otra distancia para no olvidar quiénes éramos antes de conocernos. Entonces tuve que hacer una segunda alcancía, pero no de recuerdos. Me dije que el pasado ya era inamovible y que hacer una alcancía de sueños era una fantasía además imperceptible. Entonces me dediqué a recolectar momentos presentes. Ahora mismo: te espero.


He de partir tu corazón

Voy a partirte el corazón y sé que no hay momento oportuno para ello. El día no esconderá tu pesar ni la noche hará menos visible tu tristeza. Voy a partirte el corazón porque me cansé de andar juntando los pedazos del mío. Como una vagabunda harapienta arrastré hasta adónde pude este colapso de amor. Hasta aquí, nos trajo el sistema. No queda luz, ni agua y mucho menos conexión. Vos miras al vacío cuando yo te miro a vos y yo miro la luna cuando vos intentas descifrarme en una noche periódica que tiene efectos sobre mí pero no describe mi naturaleza.

He de decir palabras que ya has escuchado. Has de creer que es otro arranque y que lo tienes solucionado y ¡No! He reunido templanza y me he hecho una mujer de fuerza, he comprendido que fuimos etapa de algo más, algo que no pretendo comprender porque a mí también me duele.

¿Qué haré con tu corazón? Honestamente creo que nunca ha sido mío. Tampoco he ambicionado pertenencia. Me bastaba tu presencia y su galopar nocturno cuando mi cuerpo lo convertía en almohada. ¿Qué harás con mis palabras? Espero que no necesites repetírtelas, que una vez sea suficiente para creértelas y que no pases mucho tiempo ahondando en lo que no quise decir y también pudo haber sido dicho.

Ojalá hubiera otra manera. Una canción, una carta, algo que hablara por mí o mejor aún, te mostrara como soy en realidad por dentro. Verías que esta necesidad mía de dañar el status quo no es ni nueva ni caprichosa. Entenderías lo que yo ví en tí años atrás y verías el hombre en que te convertiste... y el abismo entre ambos espejos.

 He de partir tu corazón para que lo tomes con tus manos y construyas con tus harapos un fuerte verdaderamente resistente. Quizás entonces, me mires diferente.

domingo, 22 de abril de 2012

Montar en bicicleta después de los 30

VOLVÍ A MONTAR EN BICICLETA


Había olvidado lo que significaba "estar en movimiento y en equilibrio"; sentir el viento, la velocidad, el vértigo. Había olvidado lo que era divertirse sin más herramienta que mi propio cuerpo.
Hoy esas sensaciones regresaron y quiero que sean muchas otras las que estén por venir. En compañía de mi hijo todo luce tan... diferente. A veces me pregunto si de niña era igual y la mayor travesura que recuerdo es aquella en un columpio rojo donde solía lanzar los zapatos al aire para ir luego a pedirlos donde la vecina (que por cierto... ¡se enojaba tanto!) Qué lástima que crecer nos haga tan serios. Que el juego sano se pierda, que el viento deje de hablarnos y que caernos sea toda una derrota cuando antes era parte de la diversíón.

Cuántos de nosotros llevamos vidas sedentarias, cuántos nos la pasamos acumulando estática, lo que más movemos son los dedos y creo que no se puede llamar ejercicio a lo que hacen sobre el teclado. Y sí, están los otros, los de la cultura del cuerpo, los "gymadicts"... pero de ellos espero ocuparme después. Hoy la entrada es sobre los sedentarios que un día decidimos romper la rutina. Ya sea por la invitación de un buen amigo, por acompañar a nuestros hijos en espacios diferentes o por cualquier otra razón.

Apenas estoy empezando y ya la adrenalina se siente en las letras. Ojalá que los pedales además de pedirme fuerza... me ayuden a despejar ideas.




jueves, 19 de abril de 2012

Dice que me sueña


Él dice que me sueña y yo me pregunto en qué idioma lo hace. Es claro que no hablo el suyo y el mío hace rato dejó de interesarle. Se sabe frases sueltas, fragmentos de pasado, verbos sin tiempo y sin mí. Y es entonces cuando me digo que soñar es un verbo y que no entiendo cómo carajos quepo allí. No sé si me ve inflada por los años y las angustias o delgada como era cuando me conoció. Dice que no sueña habitualmente pero que me soñó. Qué escribía y era gracioso, que lo miraba y no. ¿Por qué nos soñamos entre humanos? ¿Cuál es el vínculo? ¿Cuál la emoción? ¿Es la distancia la personera de tanta crueldad?
No puedo decirle que lo sueño. Jamás lo he soñado. Vino a mi vida como a hacer una encomienda y se marchó con la misma celeridad. Yo me puse mi coraza de corozo para que así me golpeara con piedras no viera mi interior. Como no tenía dientes de ardilla se quedó mirando ese rojo que a veces parecía café y a veces naranja. Cuánto me alegró entonces ser una semilla recubierta. Me alegró tanto que olvidé el suelo sobre el cual me arrojó. Suelo fértil pero posesivo que muy rápidamente a su profundidad me llevó. Oré a Perséfone por la semilla de mi interior y gracias a esas oraciones Hades no pudo tragarnos con oscuridad ni a mí, ni al fruto que aún no tenía idioma para expresarse.
Luego vino el alumbramiento, luego el llanto, luego sus ojos en mis ojos y todo mi mundo cambió. Hice de mi corozo una capa y muy consciente de que no tenía dotes de superhéroe, la use de cobertor, de pañal, de dulce abrigo. Pronto el idioma de lo que había en mi interior se parecía al mío, pero las maneras.... las maneras eran de ambos.
Yo no necesito soñarlo para acortar distancias. Con verlo... lo recuerdo. Y aunque dos meses de convivencia son nada en una vida entera... son suficientes para memorizar maneras que ni la capa de corozo puede repeler. Sólo puede dar un hijo quien en verdad ama. Y esa última palabra me pide la reescriba en mayúscula AMA. ¡Qué bonito suena! Si me sueña para recordarme que ame, ¡Gracias!


domingo, 15 de abril de 2012

Abril en Portugal



Abril lo sorprendió al mejor estilo en Portugal. De la mano del amor recorrió  calles adoquinadas de ilusión. Su paso rápido y ligero se sentía pleno: no tenía que recordar nada, estaba en el lugar; no pensaba en el pasado ni se preocupaba por el futuro.  “La noche en su mirar, sintiendo su querer, apenas sin hablar”… Tarareaba frente al manto púrpura de un Atlántico colmado de estrellas.

La bondad se multiplicaba en su mirada y por vez primera, nada le pesaba. Podía estar en varias partes al tiempo, saltar sobre el agua como una piedrita lanzada con gracia. Podía bucear e ir a los Nevados, dos cosas que siempre quiso hacer en vida pero el asma le impidió. Los corales le parecieron magníficos. No necesitaba escafandra ni aletas para contemplarlos de cerca.

Él era parte del agua de abril en Portugal. Era parte del cielo, y caprichosamente, un tulipán. Era todo y era nada. Era maravillosamente, magia.
Sólo tenía que pensar en algo para serlo; recordar un lugar, para estar allí; pensar una voz, para escucharla llamarlo y mejor aún: recordar a sus hijas para verlas de nuevo. Estoy bien les repetía, ánimo gorditas, esto tampoco nos vencerá. Y ellas, que por estos días lloraban por el vacío de su ausencia… por instantes parecían escuchar. Si estaban lo suficientemente atentas podían sentirlo.

Ahora un  par de guacamayas atraviesa el cielo y al mirar la hora me pregunto por el huso de Portugal. Cierro los ojos y le digo: ¡Ya voy papá!

Así me ves

Así me ves desde tus alturas. Un oráculo pensativo y disperso que en un penoso intento quiso encarnar a Justine para construir su propia ciudad ficticia.

Así me ves desde nuestras distancias.

Tus letras en nada se parecen a las mías pero son letras al fin y al cabo y a través de los años hemos tejido puentes con dolores y ausencias.

Así me ves cuando quiero ser vista; cuando quiero que sepas que estuve pensando en ti.

Y entonces sé que en Colombia muzo se escribe con zeta y tiene los ojos verdes como las esmeraldas que el municipio custodia. Y entonces sé que no te veo porque tú no quieres ser visto... que sólo puedo adivinarte y escribirte.Y no protesto porque la noche te cubra y no me angustio porque no pueda verte. 

Es como debe ser. Así me ves. Así me permito ser vista.  

sábado, 14 de abril de 2012

El útlimo tango

Me acerco, me alejo, te miro de reojo, camino hacia la puerta, me devuelvo.
Los tacones sobre la madera gritan lo que mis palabras callan.
Inamovible, me observas.
Abro las cortinas y luego la ventana para que el aire me abrace y pueda seguir la secuencia.
Estar contigo es como estar en una audiencia o una audición. Siento que debo defenderme. Y no tengo clara la amenaza ni los cargos.
-No tengo motivos señor.
-No tengo defensa tampoco.
-Este cuerpo mío habla por mí:
-Deme dos segundos
Respiro. Pongo la mano en mi pierna, hago carriso.
No debí subir. El departamento de un caballero es una trampa.
Prendo el viejo radio y busco la única emisora de tango que subsiste. Gardel murió en un campo de batalla para que pies comos los míos tuvieran sociego en las encrucijadas. Tarareo un clásico instrumental y vuelvo a mirar a ver si estás. Te has ido. Bailo con lo que queda de una milonga y caigo en cuenta de que has olvidado el sombrero... Es demasiado tarde. Fuiste por cigarrillos. Has regresado ya. Estoy corta de aliento ante mis pies inquietos. Llegas, tomas mi cintura como si en realidad fuera de juguete y me conduces por la pista sin mediar palabra alguna. Me dejo llevar. La milonga está por terminar... Me haces una venia, tomas el sombrero y esta vez sí te vas...
¿Dónde se ha quedado mi aliento? Me siento en una butaca a esperar el próximo tango para practicar. Contigo nunca es demasiado y quiero ser la más Más.
-Estamos por cerrar- me dice doña Gertrudis.
-Ya voy. Deme un minutico no más.
Te veo entonces entrevistar a una aspirante en el ático y antes de que sea notorio, me voy a llorar. Era yo quién subía al ático dos meses atrás. Ya soy de utilería en una compañía que inventa funciones para robarle pellizcos al hambre.
"Sere una gran artista" Sí que lo soy. Salgo con mi ilusión atrapada en el bolso y camino las tres cuadras que me separan del apartamento que alquilé. Tal vez sea buena idea devolverlo y recuperar mi cintura para otros bailes. Mi último tango se bailó en silencio. Que me busquén... y que me encuentren... si pueden

jueves, 12 de abril de 2012

La noche es alcahueta



No tienes idea del apetito que despiertas en mí. Honestamente, yo tampoco. Sólo puedo hablar de los sonidos que hace mi estómago, de las protestas de mis entrañas, y de cómo mi boca se muerde sola de pensar en tus besos. Me tengo que agarrar la cabeza cuando acudo al recuerdo... tengo tu mano en mi muslo, mi lengua es acróbata y la lluvia nos rodea por doquier. La noche es alcahueta, corren las nueve y te tengo. No me importan las diez.


lunes, 9 de abril de 2012

Lluvia para ti


Quiero abrir la cortina y pensar que me miras. Quiero bajar por la calle y creer que me sigues.  Quiero abrir la cartera y que salga un sombrero. Abrir mi paraguas y decir: soy lluvia. Quiero mojarte justo hoy, justo esta tarde de este pequeño abril.  Quiero que pienses en el nueve y que se convierta en tu número de suerte: una desconocida te regalará un beso, tu jefe, unos días libres y un ascenso. Yo estaré a la espera de tu sonrisa y cuando se haga notoria en tus ojos le pediré al rayo que te retrate para mí. Seré lluvia para darte tiempo entre tus tiempos; para saber cómo se siente ser tu elemental y permitiré que las emociones me lleven al borde de la necrosis. Sí.

¿Por qué lo haría, para qué tal límite? Porque necesito saber ese punto donde puedo herirte al máximo para no hacerlo jamás. Quiero ser el agua que te recibe desnudo en las mañanas; esa que te despierta con caricias tibias, frías o calientes. Esa para la que no tienes pudor alguno. Quiero perderme entonces entre tus brazos; caer de tu rostro a tus pies; intoxicarme de jabón. 

La sonrisa... ya viene... listos, cámara... Me viste. ¿Cómo pudiste descubrirme?

Olvidé que no eres de fácil sonreír. 

Soy lluvia. Me descubriste. Quiero estar contigo. Cómo más iba a decírtelo.
  

jueves, 5 de abril de 2012

A Oscar Restrepo (I)





¿Recuerdas a Genaro Pérez Ramírez? Sí, el estadístico... pues se me ocurrió que si allá tenían portátiles con excel quizá también tienen conexión a internet. No puedo precisar cuántos servidores ni puntos de acopio tengan disponibles para tantas almas, pero te conozco bien y sé que puedes acercarte a uno con tus buenas maneras. Me parece escucharte decir: Vea flaco que mi hija me está escribiendo y lo mínimo que puedo hacer es leerla, ¿me entiende?... y así no más vas escalando puestos en la fila hasta que llegas aquí. Tienes razón. Te escribo. En una de nuestras conversaciones te dije papá que no  me imaginaba la vida sin ti... ahora te cuento como es: en ningún momento he estado sin tí. Por el contrario, ahora llenas tiempos y espacios que antes eran solo míos. Te hablo mientras conduzco, mientras me baño, a la hora de dormir, siempre a la hora gris que últimamente se ha vuelto rosada y ambos le hablamos juntos a Tomás cuando me hace preguntas que te consultaría a ti antes de contestar.

Con la literatura tengo más dilemas desde que no estás. ¡Cómo disfrutaba imprimir para tus ojos!
Todo "lo real" me cuesta papá. Por fortuna mis hermanas saben centrarse donde yo tiendo a disiparme.
Te he visto mucho en ellas y no puedo decir qué tanto de ti puede verse en mí.
He tenido varios sueños contigo. E incumplí la promesa de darle comida al gato. Lo siento papá. Me conoces mejor que eso: no puedo ver a un animalito sufriendo si está en mí solucionar su agonía. Te estoy hablando de Elías, el mismo gato que mojaste intentando proteger a Víctor. Creí que debía decírtelo.

Encontré una carta que te escribí en el 91 cuando te regalé la Múcura. Por detrás está firmada por tí: ¡Más linda! Me acuerdo cuando la compré... en un almacén de Sandiego. Nunca imaginé que te fuera a gustar tanto. Ahora soy yo quién tiene la múcura papá y es a ti a quién debo pedirle ayuda cuando sienta que no puedo con ella. Por ahora, sigo fiel a la otra promesa que te hice, la del ánimo. No he bajado la guardía papá. Te amo.


lunes, 2 de abril de 2012

Viento, tornado, huracán y tormento

No es primavera y jamás he visto un cerezo. Por estos días el cielo ha estado enojado y nos ha arrojado hielo. También dicen que el Nevado del Ruiz está en alerta naranja y aunque tampoco he visto la lava, me preocupa ese humo cenizo que si bien fertiliza, arrasa.

No he visto tus ojos en semanas. Desconozco que estación albergas, aunque sospecho que el hielo te sienta mejor que el fuego. Sobre tu voz... diría que es viento, tornado, huracán, tormento.

No necesito mortificarme contigo por eso es más fácil vivir sin ti.

Alguna vez quise agrupar los buenos momentos en diez o doce lineas de cuaderno y la tinta tue como tu voz: en un instante viento, luego tornado, huracán y tormento. Me quedé inerme frente a aquel intento. No volví a buscarte y me dediqué a ignorar al viento.

De vez en cuando llegan rumores de palabras tuyas y le digo al viento que no son para mí. Él trata de susurrarlas para que olvide el tornado pero de nada sirve su adelgazamiento. El martillo con que me heriste, rompió el proyector de cualquier película. Es así como me digo que nada de lo que traiga el viento es para mí. Que cualquier llamada es una equivocación. Que ni siquiera el vacío nos comunica y que mi ausencia no significa nada para ti.

A veces me molesto conmigo misma. Sí, por haberte dado una llavecita a mi mundo. No debí.
Otras en cambio, sueño que voy al mirador de flores lavanda y que están los mismos, que yo llevo mis tacones rojos y me descalzo precisamente allí donde tú no estás.

¿Por qué están ellos y tú no?

-Es la hora de mis sueños, son tan arbitrarios como tus decisiones.-

Yo intenté ser tu amiga y de nada valió, creí que habías traído la primavera y tu espalda me mostró el invierno. Llegué a pensar que los cerezos se parecían a ti y vi cuan equivocada estaba porque lo único dulce que cargabas era tu ansiedad.

Sigo descalza, camino por aquel tapete parecido a la alfalfa. Me siento en posición de loto y recuerdo lo que era sentirse flor antes del viento.  





domingo, 1 de abril de 2012

Clodette

Mujer, guarda tus armas, bájale al ritmo, callá esa boca. Clodette. Crees que no te he visto llorar en el ascensor, en el carro y junto a él. Ahórrate esas aguas, arréglate sin prisa, coquetéame a mí. Clodette... pásame esas piernas, no cruces los brazos y no te mordas la boca que esos labios no tienen que esperar por mí. Sí, por mí. No pienses siquiera que soy del pasado, mírame bien, estoy aquí.

Clodette trata de alargar la falda con las manos como si pudiera inventar tela por pudor. Sin decir nada, deja la mesa y va al baño convencida de que allí estará segura por un momento.  Se lava las manos evitando el espejo. Baja la tapa e ignora la puerta. Apaga la luz y se arrulla a la vez que abraza sus rodillas por un rato. ¿Qué voy a hacer? -se pregunta.- Nada. -se responde. Olvida que está en un baño público y al final tienen que llamar a la administradora para que abra. Su rostro parece el de una virgen carbonizada. Cada pestaña se marcó un camino con las aguas. -No hizo caso Clodette. Se apuntó con sus armas.-
Conmovida, la administradora del lugar la lleva a una esquina, la sienta y le da un vaso con agua.
-Tranquila mi niña, todo pasa. Clodette quisiera creerle pero ese dolor que siente... parece no pasar nunca.

Regresa a la mesa sin prestar atención a cómo luce su cara. Como un ángel gótico pide un aguardiente y se lo bebé como si fuera vino de consagrar.

Él ya no está. Entonces nadie la toca, nadie le habla. Su tristeza luce demasiado contagiosa. Y no es que pensara darle su boca o coquetearle como él sugería. Pero ahora con la mesa vacía se reprocha ese traje de moralismo que siempre lleva encima. ¿Y si él era el indicado? Ya no podría saberlo. Tendría que esperar hasta el próximo viernes luego del trabajo para verlo ubicado junto a la barra, en el mismo lugar, diciendo su nombre sin mendicidad. ¿La habría embrujado? Sus ojos quizás... o sus dedos largos, de un hombre que jamás pensó ser cirujano.

De pronto unas manos frías cubrieron sus ojos y alguien le dijo: Adiviná. Clodette se quedó en silencio rogando que fuera él y en un gesto coqueto comenzó a retirar dedo por dedo hasta quedarse con aquellas manos entre las suyas. Sí Clodette. Es él.

-Pareces un ángel gótico- dijo él. ¿Por qué no cuidas de mí y yo te enseño a olvidar tus alas?

Clodette lo piensa, le devuelve las manos. Se levanta sin prisa y lo besa en los labios.

-¿De dónde sacaste que era un ser alado, no ves que vengo del infierno y lloro pétroleo a dos manos?


                                                              Fotografía: Juan Cano