jueves, 29 de marzo de 2012

De luces y sombras



¿Cómo dormir entre tanta luz? Hago tiempo mientras pienso lo que no debo hacer hoy. No debo mirarte. Tampoco llamarte. Es el veto que la luz sugiere y debo seguirlo. Me pesa tanta luz. Quisiera poder buscarte a tientas en otra oscuridad. Quisiera tener un blackout que me permitiera imaginar que la habitación no está vacía. Me gustaría jugar a inventar despedidas mientras sigues aquí. Un beso de más nunca sobra... sin embargo la luz, me habla de los besos de menos. Quisiera caber completa bajo el sombrero. Ser una mota de algodón blanco algo disperso; quitarme los ojos para no tener que mirar tu vacío y esconder la nariz para olvidar tu olor.
Es inútil; debo levantarme; nunca aprendí a sentarme. Mi espalda paga las consecuencias. Pongo los pies en un piso que no me sostiene. Las paredes parecen de caucho. La puerta parece un corregimiento en otro municipio. Me pregunto entonces si pasará algún bus. Si un teleférico quizás pueda ahorrarme el dolor de deshacer pasos que construí contigo. 
Los del trasteo ya llegaron, ya cargaron el camión y el mueble es lo único que falta. Estoy entre el mueble y ellos. Las demás habitaciones están vacías. Hago quizás una pataleta y me siento en el piso con las piernas cruzadas. No me quiero ir. Todo está listo señora. -me dice uno de los muchachos- Si es así, carguemos está luz y vámonos. Miro entonces la habitación vacía y una vez se llevan el mueble cierro la puerta. Estoy despierta entre tanta luz, a la sombra. Evito ya pensar en besos de más o despedidas que no se dieron. Cierro la puerta del apartamento y me largo de una vez a una oscuridad cómplice. A un vacío que no me juzga.

martes, 27 de marzo de 2012

El destino chasquea los dedos

No he podido descifrar el clima. La tarde sonríe, de pronto se nubla y luego es hielo lo que golpea las ventanas. Me pregunto si alguna vez fueron verdad las cabañuelas y que se sentía al saber por anticipado qué ponerse. Hoy tuve que dividirme al no poder adivinar cómo sería el día: una camisa manga larga con una falda corta y unas sandalias me llevaron a la calle. Hizo calor y no pude sonreír por andar peleando con las mangas; comenzó a hacer frío y me la pase inventando formas para cubrir mis piernas. Fui un completo desastre. Habría sido más sencillo usar un jean y una camisa manga corta pero... para qué pensar en ello ahora. El clima de tu rostro me ocupa más: hace días no te siento llover; hace días no te escucho reír. Me he preguntado por el viento que te acosa y frente a tal naturaleza me he tenido que declarar: incompetente. No tengo radares ni avanzada tecnología climatológica. Te vi tornado una vez y tuve que resguardarme para no salir herida. Fue entonces cuando aprendí el arte del escondite y me alejé de ti.

Por las noches sin embargo, tengo la ilusión de ser fosforecente para que sin importar dónde estés, puedas verme. Pero es una ilusión muy infantil, casi tonta.

La piscina me espera afuera pero no he sido capaz de visitarla luego de que dijiste que vendrías a nadar. La veo dos o tres veces más grande de lo que es. Faltas tú. Y el clima me sigue dando pretextos para no hundirme en emociones que no elaboré. Tenías que ser Piscis...

Ahora mismo está tronando. El destino chasquea los dedos. 3 novios salen de mi mano. ¿Dónde están? Mi perro me mira con cara de asombro y le ladra a la calle como un lobo a la luna.
Pienso en los novios y recuerdo la última conversación que tuve con una amiga.
-Estar casada es estar muerta de la cintura para abajo.-dijo ella
Y claro que en ella tenía sentido. No está casada.
No pude darle la razón. Sigo viva.

Pienso entonces en los novios que me chasqueó el destino y... me pregunto dónde debo buscarlos.




lunes, 19 de marzo de 2012

Tres semanas sin ti

Temblaba mi pulso con tu mirada de derrota. No tenía voz para combatir tu adinamia. Sólo mi mirada era inquebrantable, sólo en ella pude amarte a pesar de los tiempos que se avecinaban. ¿Resignarme? ¿Cómo podría? Habías estado en cada batalla, en cada falta de oxígeno, en cada pequeño logro de despertar. 
Imaginarte partir era como permitir que una espada me atravezara.
Ahora te tengo anclado a la memoria de los días; al vuelo nocturno de conversaciones en pijama. Y en esos anclajes, siempre te veo tan fuerte, tan decidido, tan veraz, que el contraste con ese tú del final, frágil y delgado; me despierta todo tipo de sentimientos. Duelo es como le llaman al proceso. Y ya no me resisto a creer que nos esté ocurriendo. Era tan pronto para despedidas que imaginé milagros mientras oraba por ti. Le hablé a la Abuela y le rogué que intercediera. Al final creo que lo hizo porque pudiste partir sin morfina ni dolor.

Ahora mi batalla es tan pequeña, es sábado y era a tu casa donde solía ir. ¿Qué haré con mi tiempo que era para ti? ¿Dónde buscaré tus ojos, qué haré cuando mi oído me pida tu voz?

Son las 6:04 p.m. y hace ocho días aún estabas aquí.



Ya han transcurrido tres semanas y tu ausencia no tiene adjetivos, ni color el vacío que has dejado en mí. Quisiera pedirte un consejo...y ya no tengo tu mar de calma. Ay Papá, me duele todo el cuerpo. El pecho se contrae, las lágrimas caen por decenas.

Es domingo. Estoy en tu casa sin ti. El desalojo de las cosas se siente como un tsunami en el recuerdo. Cada cuadro, cada mueble, cada lámpara tiene una historia y tu silla sigue portando un par de fotografías contigo feliz y nosotros acompañándote.

Me araña el alma este vacío.

Saber quién soy desde que te fuiste es una decisión más compleja cada día.

¿Qué me dirías ahora?







sábado, 17 de marzo de 2012

El Mirador

5 menos 5 p.m.


Hace frío. Llovizna un poco. Cruzo los dedos para no llueva sino tinta. Evito calcular cuándo fue la última vez que estuve aquí; sé que paré por el baño y tú estabas conmigo. Ahora mismo muerdo un alfajor y me alegra que haya cosas que todavía se deshacen en mi boca. Escogí una mesa semi habitada: una cerveza y un paquete rojo de papas Margarita cuidadosamente doblado para no hacer mugre y para que otro lo recoja; me acompañan. Pienso que me senté en la mesa sucia, esa que por lo general otros evitan, para sentirme menos sola.

Mis dedos alcanzaron el punto máximo de temperatura escasa. Si me sorprende la noche, conocerán la hipotermia. Una cajetilla de Green está justo a los pies de la silla de al lado, no sé si descuido quizás, del mismo sujeto de la cerveza. O una indelicadeza de una fulana que no fue capaz de arrojarla en la caneca verde que está a menos de un metro.

Me dijiste que escribiera lo primero que pensara y la verdad es que lo primero que pienso es en ti pero no quiero escribirte; no aún. A ratos siento que te contaminó mi duelo. Que lo que no hablamos fue lo que nos separó. No lo que hicimos y menos lo que nos dijimos. Otros ratos en cambio, creo que es imposible separar lo que jamás se ha unido. La fugacidad de tus costumbres  no tuvo manera de compaginar con las mías.

Miro la ciudad y las luces parecen de pesebre. Miro al cielo y  las nubes siguen iguales a motas de algodón. Miro la gente que tengo alrededor y en sus caras puedo ver las preguntas: ¿qué hace una mujer sola aquí arriba, a quién le escribe?  No me interesa responder a sus miradas. Sigo concentrada en mirar y en un descuido dejo la punta de la pluma sobre el papel, me entretengo observando una pared de piedra de esas que hacen para que la montaña olvide su memoria y en eso estoy cuando la tinta ha encontrado cauce en el papel. el 5-5 parece un 10.

El dedo gordo se ha puesto morado ya, ofuscada por la tinta, cierro el block y me subo al carro. pongo la calefacción en modo pies y andando. Regreso a la ciudad sin pensar en los mensajes que entraron ni en las llamadas que debo hacer. Lo único que miro es la linea blanca del pavimento, a veces es sencilla, a veces es doble. Y al mirarla... no puedo evitar pensar que cuando es doble estás conmigo y cuando es una... estoy de nuevo, irremediablemente sola. 

jueves, 15 de marzo de 2012

Subsidio de besos, huelga de vos

Agárrense fuerte papiros de hoy. En mi terraza el viento anuncia tempestad sin miedo. Las nubes no dicen mucho pero ya taparon el sol. Hay huelga en el cielo vaya a saber sí consecuente o no, con mi huelga de ti por los subsidios de besos que me negó tu administración.
Sí, estoy de huelga vos y a mi pancarta no se ha sumado ni una sola voz.
No he arremetido contra tus instalaciones de transporte. Sólo he invadido paulatinamente tus circuitos de comunicación. Mensajes cortos que se contradicen pero que en fondo dicen: te extraño todo, te quiero vos.
Como un virus me he filtrado por tu teclado y he oído canciones que se parecen a ti. Las he llevado a la marcha, a mi conteo regresivo. He gritado Me Duele y no he contado con suerte de un botiquín de primeros auxilios que me limpie la herida. Por el contrario, el agujero se hace más grande, la rodilla más torpe, mi caminar más angustioso.
Camino sin más rumbo que el que dibuja la Avenida las Vegas. Por un momento pienso que quizás me quede viendo patinetas cerca del MAM  o me detenga a comer un barquito de arequipe en una dulcería cercana. Aún no he decidido nada. Mi mente está nublada para decidir, sigue pensando en el subsidio de besos y se pregunta cómo fue tan torpe como para no saber que hasta los subsidios tienen fecha de caducidad.

La huelga es el último recurso. Nadie ha dicho que sea el mejor.

No sé cómo me hice candidata al subsidio. Sobrevivía bien sin él. Ahora sólo pienso en cómo recuperarlo.




miércoles, 14 de marzo de 2012

La auditoría



Tiene una espalda insomne de caricias que se quedaron por inventar. Un nudo en la manga como recordatorio de que ya no debe hablar. Los pies cruzados para evitar fantasear y el celular muy lejos para no tener la tentación de llamar.

La conoció en Febrero cuando aún hacía frío y el cambio de año parecía más un simulacro que algo certero. Fue algo fortuito como todo lo que en verdad importa. Él hacía un trabajo, ella un seguimiento; algo así como una auditoría. Lo primero que se tomaron juntos fue un café. Lo segundo un intercambio de bocas. Él se quedó con brillo en los labios y ella optó por guardar la sombra de su barba. Acto seguido se hablaron a los ojos y el deseo dijo el resto... y no hubo que decidir más.

Las ganas se comieron el tiempo y cuando menos pensaron, ya el año era certero. El futuro decía imposible y las bocas se negaban a regresar a su dueño. Fue entonces cuando él tuvo que usar el puñal. Un viejo sable que conocía infalible y la haría marchar. Aprovechó un descuido para hacerla sentir mal  e insistió en ello tanto que la ternura de ella tuvo que meterse en el bolso, su orgullo se bajó de los tacones y descalza recorrió un jardín rocoso para sangrar hasta no olvidar.

Pronto la tristeza de ella se hizo silencio y los días se hicieron marzo y marzo asomó a Abril. No tuvo que volver porque la auditoría dio lógicamente positiva y ya tenía su boca para poner brillo. A ratos pensaba en aquellos ojos, en dos o tres callos que le contó en las manos y... se obligaba a parar. "Audite mal" se repetía, buscando un pretexto para volver a verlo. Pero no había tal.

La próxima auditoría a su oficina es en un año; cuando otro simulacro se venga encima. De aquí a entonces lo más probable es que uno de los dos no esté. Con la rotación de personal actual, nunca sé sabe.   

Él, ya tiene otra boca. Una que conoció bailando. Una boca fresca, sin compromisos de ninguna índole, sin situaciones laborales de por medio. Una boca de frambuesa. Sin brillo pero con futuro inmediato.

Ella de noche, quizás dormida, quizás despierta, susurra boca abajo: devuélveme la boca.





¿Por qué no me gustan las películas de terror?

Porque la vida está cargada de elementos terroríficos como para añadirle miedo a la pantalla.
Años atrás, con el atari, era de las que se movía con el cable, con Mario Bross, saltaba con Luigi ante pruebas sencillas y con las películas épicas, se me tensionan las piernas a un punto, que no sé si quién cabalga soy yo o Teyo moría conmigo.
No me gusta el horror. La única vez que maté un personaje en un escrito, me quedé congelada por días. Y tuve que deshacer la muerte e inventar otro desenlace.
Me molesta todo lo que explota; desde los globos infantiles hasta las infames bombas.
Una película de terror es una granada en la imaginación. Siempre matan. Como aquel espantapájaros que se devora unos estudiantes de un bus... me choca hasta la música que se dice llamar suspenso y que yo volvería muda al menos para no añadirle más amarillismo a la situación.

Eso sí, no confundamos. Me gusta la acción. La ilusión de la persecución. Los personajes en laberintos que siempre tienen salida. Los que corren de a dos.

En el cine soy pura emoción. Me entrego como una niña a la ficción que quieren venderme. Lloro si es necesario y por lo general tomo tanto líquido que me pierdo la parte importante. La misma que otros catalogan como: no pasó nada.

Me fascinan las crispetas pero riego muchas. Cuando entró a la película ya me he comido fácilmente medio tarro.

No, no soy de las que tiene pesadillas con lo que vio. El Rito por ejemplo no me dio miedo. El aro sí. A veces... creo que debo evitar el terror, puedo terminar como un paciente con sindrome de fregolí y ahí si...  nos joderíamos los que vamos en este barco.

¿Ustedes qué?  ¿Qué gustos tienen cómo espectadores?


martes, 13 de marzo de 2012

Flor de loto

Fotografía: Juan Cano

Flor de loto de todos los Budas se preguntó un día por los cuerpos flotantes que alguna vez la ocuparon y se marcharon. No se tomó la molestia de contarlos con los dedos ni de mencionarlos en voz alta; simplemente recordó sus rostros y de uno fugaz, pudo sentir su tacto. No pudo evitar sonreír al recordar los favoritismos tan arbitrarios que hacían algunos con su espalda o sus brazos y se sorprendió al notar que para ella todos eran favoritos de pies a cabeza, con todos sus tallos.

Ahora, el vacío entre la pared y su cuerpo tenía la forma de un beso y el frío de los últimos labios.
Su cabello enredado se resistía al concepto orden. El caos podía cohabitar con el mayor raciocinio.
En cuanto a la cruz naútica... las razones de su concepción eran muchas; tantas, que no invertía  palabras en explicarlas. Se reía más bien de saberse un bote con timón o una tabla con navegador; algo rara porque sólo tenía coordenadas al sur.

Hoy la tabla va vacía.
El cuerpo de hombre con forma de lago a encontrado la forma de migrar en río.

Una pareja de patos camina ajena a la desolación de la flor. Ambos parecen sacados de un libro de fengshui, sino fuera por sus graznidos, diría que son... tan artificiales.

Alguien se agacha y levanta a la flor del pantano. La coloca en un recipiente transparente con un poco de agua y se la lleva consigo. La flor protesta pero sus gritos rebotan en el vidrio. Quiere esperar, quizas el agua del lago vuelve... quiere a su hombre lago y no le importa morir esperando.

No tiene opción, está atrapada. Otros decidieron rescatarla de una muerte segura. La muerte sigue siendo segura en el recipiente. Quizás tarde unos días más pero igual vendrá a marchitarla.

En un intento desesperado, salta del florero. Las flores de loto saben danzar y si es del caso saltar. Se aporrea en tal intento. Las manos que la llevan la miran ahora con desprecio. Piensan que por tener uno o dos petalos averiados su belleza se ha ido. La dejan ahí, tirada sobre un pavimento ardiente a plena luz, y sin el horizonte de lo que quedaba del lago como consuelo.

La flor, cierra lo que le queda de ojos y recuerda al hombre lago. Se prepara para lo inevitable y fallece allí donde la vida solo transcurre como pisadas.

El hombre lago, cansado de jugar a ser río. Se convierte en salmón para revertir su destino. La imagen del loto lo ha tenido inquieto y decide regresar a ver qué ha ocurrido en su ausencia. La noche lo sorprende con el pantano resquebrajado y ningún rastro de su mujer. Los patos están dormidos. Las grietas aún recuerdan. Le hablan de las manos, del recipiente, del rapto. El lago grita y la lluvia  lo escucha. Las gotas le revelan la ubicación de flor de loto. No puede ser río hasta allí así que toma su esencia de hombre y camina.

Cuando la encuentra... su cuello se parte entre sus manos. Sus raíces dan fe del calor y la angustia y su boca... su boca aún contiene aquel frío de sus labios.
¿Qué he hecho? Se dice hombre-lago
Y la lleva sin más palabras al pantano.

lunes, 12 de marzo de 2012

Me gustas sin tiempo

Fotografía: Juan Cano


Me gustas sin tiempo, siempre de prisa, entre obra y labor. Entre sancos caminas. Saltas charcos. Ruedas fortunas. Cambias de oriente a occidente con sólo pisar el acelerador. Tu voz llega cansada a la noche. No sé si el silencio te duerme o eres tú quién duerme al silencio. Crees tener todas las respuestas. Es difícil formularte preguntas. Pareces un Mago del que con gusto sería, aprendiz. He intentado seguirte pero fracaso en mi afán de tomar una escuadra y dibujar un ángulo parecido a tu trayectoria.

Te he dicho que te quiero y que me gustas. Pero ambas palabras juntas son como repelente y no contra insectos, contra mí. No sé si quieres ser querido, o mejor, no sé si quieres ser querido por mí. El me gustas fue evidente desde la tercera mirada. Ya no puedo retractarme y la escuadra hace que mire tu boca cuando debo hablar con tus ojos sobre cosas sensatas.

Te pedí el favor la otra noche de que arreglaras mi luz y me dijiste de entrada: "ésta no va a funcionar" Pero por qué... quise saber. ¿Cómo leería las noches sin ese simulacro de luna alumbrando la habitación? "Ese no es mi problema."-me dijiste entonces. Te fuiste y yo no presté atención de las consecuencias por estar ocupada con lo otro: la observación de tu boca. Tuve entonces que tomar un libro de poemas que me sabía de memoria y recitar Parábola de las manos pensando en ti...

Fue la única noche que te pensé en exceso. Casi gasto tu nombre como mantra entre mis dedos.

Después acepté que tenías razón. Que esa luz no iba a funcionar. Que tu escuadra era tuya. Y que mi ángulo estaba demasiado comprometido con otros vectores como para abrirle al espacio a otra línea. A tu voz le hacía falta oído y quise llamarte para celebrar que éramos amigos pero pronto supe que no habría celebración.

Aún me gustas... eres quimícamente inevitable aunque seas racionalmente distante.

Es lindo que existas vos... lo demás es un plano superpuesto donde sueño que te veo... y te digo adiós. Tic Tac Toc






jueves, 8 de marzo de 2012

Dejarse ocupar por horas

Se perdió tratando de seguir el paso de una silueta alta bajo la luna llena. Quizo decir te quiero pero se atragantó con tan sutiles palabras. La noche la sorprendió de pronto sin sus lentes claros y no pudo ver a ojos pequeños despidiéndose de su rastro. Se quedó sola en la montaña sin más oración que un aroma prestado. Se quedó sola en una geografía nueva pensando qué habría ocurrido de estar en otro lugar, en otro momento con él. Se proyectó inútilmente a su lado. Dos o tres frases le habían dejado claro que no corría más ese deseo suyo de tenerla toda y ella no supo que hacer con todo ese deseo de ella de dejarse ocupar por horas.
Una ráfaga de emociones confusas comenzó a ir y venir entre el ego y el espirítu.
Ella quiso comprender; pero había un componente inverosímil en la sucesión de los eventos. Inverosímil al menos hasta ahora que lo vivía; y comprendía una vez más; la complejidad de la naturaleza humana. Sin pensar más en el asunto, acarició el cabello de la silueta que le había dicho adiós. Con los dedos se reconcilió con su inverosimilitud. 
Hay amores que mueren antes de nacer.
Relaciones que no existen más allá de la fugacidad de un momento que fue tan rico... que es mejor no repasar, para no gastarlo con pensamientos hambrientos de recuerdo.
Hay amores que te ocupan por horas para abandonarte a la incertidumbre de los días.
Cariños que en algún punto no saben qué hacer y deshacen el nudo que la poesía de dos cuerpos ató por dentro. Entonces el nudo queda suelto y no se sabe llorar el cuerpo.

La montaña es inamovible. Ahora mismo atardece otra vez. Las flores lilas deben seguir en aquel árbol y unas cuantas deben haber comenzado a caer. Quizás un tapete de flores yace en aquel punto que su mirada era tierna gracias a la mano que la llevaba con ella. Quizás...

Las luces de ciudad deben haber comenzado a encenderse y la luna... ya empezó a salir. Hoy no estará llena, un mordisco dirá que algo falta. Y ella pensará que lo que falta son ambos mirándola salir.

Hoy ella no buscará la luna en el cielo; ni contará planetas o nombrará constelaciones. Todo eso tendrá un lugar en el lado izquierdo de su cama, en un dibujo que hará, en aquel cuaderno blanco de acrílico con gotas rojas. 

Esta tarde ella se dejará ocupar por el silencio de las horas sin atribuirles color alguno. Hoy ella estará sin duda... repleta de su ausencia, llena de él.


  

viernes, 2 de marzo de 2012

El Muso

Mucho se ha dicho de las musas, diosas del arte, hijas de la inspiración: perseguidas, jamás cazadas; las musas deleitaron a los hombres con su música, su lírica, la tragedia e incluso la meditación. Una de ellas fue más volada y se hizo astronoma sólo para ser buscada en los cielos y obligar a los hombres a alzar la mirada para encontrarla.

Una musa suele ser una mujer de tobillos desnudos... una bailarina del bosque; una soñadora incansable. Le gusta dormir porque allí es donde se encuentra con sus amados artistas. En ese umbral de los sueños donde el color es caprichosos y los sonidos son escasos.

Llegué a la cantina de mis sueños vestida como un muchacho con la esperanza de que una musa se fijara en mí. Ninguna pareció notarme. Continuaron bailando para ellos y susurrando secretos en oídos ajenos. "Mi disfraz no funcionó"... y justo antes de regresar una mano me tomó por la muñeca.
-¿A quién buscas? me preguntó un hombre irresistible a quien, a duras penas pude sostenerle la mirada.
-A la creatividad. Me dijeron que era una musa y que debía buscarla para crear.
-Te dijeron mal.

Entonces me tomó por la cintura y sin música, me hizo bailar. Cada vez que tropezaba por la falta de su compás, su sonrisa me devolvía el aliento y volvíamos a empezar.
Tenía una espalda ancha, el torso descubirto y un pelo tan fino como laminilla de oro. Sus labios eran gruesos, sus ojos miel y unas cejas tan pobladas que daban la impresión de tener inquilinos viviendo en ellas.

... Cuando desperté, un dolor caminaba en mi cuerpo. Era el anhelo de volver a sentirlo en mí. Mi muso también esperaba que yo lo soñara para evidenciarse ante mí. Desde entonces lo llevo en el cuerpo. No tengo porque perseguirlo... le regalé una trenza que llevo escondida en el pelo y la cual acarició cuando pienso en él. Es entonces cuando el muso me da un beso a través de un hombre de carne y hueso.

Mayo 2010


 


jueves, 1 de marzo de 2012

Sangran los ojos



Una venita en mi ojo derecho se brotó inevitablemente ante tu despedida. Pensé que un poco de colirio sería suficiente para devolverla a su tamaño habitual, pero la venita tenía planes distintos: ambiciones de río, sueños sin esfera. Creí que una lágrima corría por el borde cuando me dije: ¡Qué espesa! Pase la manga de un pijama azul y logré un morado que parecía imposible. Era hora de dormir, ya la noche era más protagonista que la lágrima así que no fui al espejo. Espere pacientemente por un sueño que no llegó. En su lugar, lágrimas al galope de mis ojos comenzaron a brotar. No eran de sal, no eran agua, eran sangre de ese río contenido en una venita que se vino a más.
Busqué gasa, me hice tuerta, me acosté boca arriba y esperé...
Gotas seguían resbalándose por mi ventana. Estaba sola, era inútl gritar. Como un grifo, mi ojo seguía derramando sangre sin afán. No había nieve ni rastro que dejar. No había herida, ni una espina a quien poder acusar. Intenté entonces dialogar con ella. Le dije que una despedida no era para tanto. Que las lágrimas tenían un mejor sabor. Que su escándalo era inapropiado y en exceso... drámatico. La venita, contrario a lo que yo esperaba, supo escuchar y con mucho pesar, dejó de ambicionar ser río, volvió a su cauce habitual. Pude retirar la gasa y confiar... las lágrimas volverían a estar en su lugar.