lunes, 27 de febrero de 2012

Neptuno en tus ojos




                                                              Fotografía: Juan Cano


El segundo amanecer sin ti, fue más drástico que el primero.
Tan pronto abrí los ojos miré hacia arriba
y  quise en un gesto infantil, que el atrapasueños se llevara el día,  
que se llevara tu ausencia y me regalara una vez más, tu voz. 

Sin embargo no existe ilusión donde se palpa dolor.

Le di el rostro a la izquierda
recordándote
sólo podías dormir hacia la derecha
igual al abuelo
igual a otra en mí.

Le di la cara a la muerte
y le sonreí
la supe bien acompañada
y... te vi

No me decías adiós
tampoco hasta pronto
sonreías hermoso en tu traje azul
tu corbata era el cielo
y tus cabello, plata de estrellas.

En tus ojos me reconcilié con Neptuno
y me levanté por fin
entre una luz nueva
a responderle a la vida
con las ganas que me enseñaste.















sábado, 25 de febrero de 2012

Faltaron horas

A la noche le quedaron faltando horas. El amanecer me sorprendió vestida; en un intento quizás, de alargar lo finito de nuestros pasos en la pista. Para cuando llegué, los tacones habían dibujado dos ampollas y bajarme de ellos fue desprenderme de tu abrazo en las alturas. Te fuiste con un beso aéreo como souvenir y dejaste la chaqueta como excusa para volver por ella luego. Pensé en enviártela a lavar para remover el smog de discoteca pero ese olor era lo único que nos unía ahora. Ya la casa comenzaba a tomar vida y mi amado destino del baño se hizo odioso al pensar que me despediría de tu rastro en mí...  Tomé aire en una bocanada risueña y me levanté sin más; en puntilllas; resignada a perderte entre el agua caliente.

viernes, 24 de febrero de 2012


Hoy tuve una sesión de fotos con Juan Sebastián Cano y aún no sé qué me gustó más; si su forma descomplicada de soltarme para lograr las imágenes o la otra yo que descubrí en el proceso.
Usualmente no disfruto ser retratada. Por el contrario, siento que el lente me amenaza, que en efecto dispara, que me mata...
Hoy me dispararon en la espalda y fue cosa grata. Al no tener que mirar la cámara, creo que me solté de mi prejuicio. Y en algún punto mi esencia afloró en algún fragmento de cuerpo retratado: en los pies que no se cansaron de jugar, en las manos que se querían devorar la espalda. Fue bonito.

Somos cuerpo... una vocecilla repetía. Pero qué difícil es a ratos sentirnos conformes con la piel que llevamos, con la talla que usamos y con el tiempo que va poseyéndonos inevitablemente.

Las fotos de hoy... son algo que quise hacer hace más de una década y se materializaron en un día, sin pedirlas ya, cuando  no creía posible tal desfachatez o aventura.

Me gustaría compartirles varias pero prefiero irlas usando de a granito en las historias que construya y tengan que ver con el cuerpo y sus recovecos. Con la piel en sus instancias.

Gracias a Juan y al Viernes que me tocó la suerte de ser modelo de mí misma.

jueves, 23 de febrero de 2012

Lo que dice una mirada

Sayonara.
Los ojos saben despedirse. Tienen esa rara costumbre de mirar con detalle lo que se va para rebobinar los recuerdos de aquello, cuando llegó.
Los ojos saben pasar requisa del otro para determinar si es confiable. En ellos se esconden el pasado y el futuro por eso les cuesta tanto estar presentes.
Los ojos reprueban, saben excluir, también amenazar.

Los ojos tambien saben saludar. Se alegran con la visita de un amigo.
Saben sonreír incluso a extraños.
Saben abrazar.
Escogen con ternura o determinación.

Aman.
¿Qué tal que las miradas mataran?
A lo sumo un agitar de pestañas frente a un mosquito invasor.

Hay miradas que penetran
otras que intimidan
unas que señalan.

Las hay provocadoras
insinuadoras
y aquellas que desvisten porque otros se dejan desvestir.

Algunas miradas aplauden
otras reprueban
unas admiran
otras se ensueñan.

Y existe la hermosa mirada de la Sorpresa.
Me sorprendes mirándote
me sonrojo al mirarte.
... cerramos los ojos
y es el tacto el que se abre.


miércoles, 22 de febrero de 2012

Platón

Resultó quimérico el último amor de Helena. Ella, quiso entender el por qué pero se perdió en divagaciones de tiempo y lugar. Decir que no le estaba destinado era injusto a su modo de ver. ¿Por qué no habría de estarlo? Como una niña que peina sus trenzas frente al espejo, solía mirarse a los ojos  antes de dormir. ¿Qué me faltó, qué estuvo de más? y se iba a la cama con esas preguntas que nadie, sino él, podría responder. A ratos se juzgaba con dureza y creía que la edad hacía fuerte influencia; otras pensaba que era cuestión de apariencia y que ya  no contaba con la esbelta y atractiva figura de tiempos atrás. Nunca se vistió sexy. En parte por su educación conservadora; en parte porque le gustaba más la palabra sensual. Le gustaba... a pesar de sus labios finos, de sus caderas pequeñas y de sus piernas largas y delgadas.
Su cuerpo se sentía tan solo cuando pensaba en él, que el vacío la hacia sentir como una piedra que alguien arroja por un peñasco. Rebotaba entre ideas, entre imágenes que no habían ocurrido y sentimientos que no podía explicar. Era un amor platónico. Sencillamente.

Como para darle cuerpo y forma a su cariño, Helena compró un gato y le puso Platón. "Tal vez un poco de filosofía me ayude. Tal vez en un exceso me pierda y lo olvide." Y el gato, ni persa ni siamés... fue tan indiferente como su supuesto amor. Helena por poco lo castiga con las raciones de comida; pero no era cruel y no iba a comenzar a serlo con su gato. La idea de regalárselo a él se le cruzó dos o tres veces por la cabeza pero para qué... Platón ven... Ven Platón... se la pasaba diciendo. Entre más llamaba al gato, menos éste acudía a su encuentro. Eso sí, dormía en su cama como si se tratara de un lirón. Pronto la alergia comenzó. Y Helena se vio en el aprieto de tener que regalar a su otro querido amor.

Un platónico más un Platón... "No debí ponerle ese nombre al gato, qué más, ya está" Y se lo dio a una amiga que ya tenía uno consigo.

Ahora Helena sólo riega las plantas y mira el reloj. Lee la prensa y algo olvidó: ya no se mira al espejo pensando que algo faltó. Vaya filósofo, resultó Platón.


lunes, 20 de febrero de 2012

Ama de a dos

Ama de a dos y piérdete luego. Nadie garantiza que conserves la razón. Es común la confusión -y no de nombres- Creerás tener uno en el corazón y otro en la mente; uno en el cuerpo y otro en el alma o peor aún, ambos juntos en un fragmento de piel en un momento en que tu mente divaga y se olvida hasta de tu nombre. Si amas de a dos, piérdete luego para que no tengan como preguntarte dónde estabas.

No te juzgues amante ni te sientas lo peor. Amar de por sí es regalo; si se da en duplicado es un voto de confianza a tu cuerpo de mujer. No compares. Saborea la palabra único. Así es cada uno de tus amores.
Piérdete luego para tener que volver a empezar. Para reconstruirte en el último olor y tener una excusa para el próximo beso. ¿Si coinciden? Preséntalos. No tienes firmado un contrato de exclusividad y tú puedes no ser la única cosa que tengan en común. ¿Temor? Jamás.

Ama de a dos y siéntete llena. Si hay vacío, eres insaciable. No es a razón de ellos que lograrás satisfacerte. Necesitaríamos otra estrategia y hoy sólo puedo ofrecerte el amar de a dos.

martes, 14 de febrero de 2012

Elías en la terraza



Ignoro cuándo su visita comenzó a hacerse frecuente. Un gato blanco y delgado se deslizaba entre los laureles para mirarme con ojos de pregunta. Ojos verdes que parecían tener muy claro lo que querían: algo de mi mano. Intenté darle leche y casi lo mato; la devolvió enterita. Se me ocurrió entonces que el cuido de mi perro podría saberle rico y así empezamos. Yo robándole pepas al perro y Elías comiéndoselas como manjar blanco. Ah, y el perro protestando. 
Ahora se pasa las mañanas tomando sol en un cojín, mientras yo leo sentada en otro ignorando la cara de desaprobación de mi perro ante lo que seguramente para él es un acto de deslealtad y para mí no es más que una prueba de inclusión.
Me he sorprendido hablándole al gato; peor aún, he sorprendido el gato prestándome atención. Tenemos una rara comunicación de gestos en su mayoría visuales y unos cuantos, muy contados, táctiles:  de su lomo sobándose en el reves de mis piernas. Su nombre, Elías, da para todo un personaje pero no he querido decírselo, temiendo que, ante la responsabilidad de un personaje humano, el gato se aburra y me deje tomando sol sin sus ojos y bebiendo café sin su cara de agrado.

Sé bien que son las pepas. Las rojas en forma de hueso y las amarillas redonditas las que lo tienen tan contento. Sé que puede prescindir de mí de la misma forma como yo puedo abrir la terraza para que el salga como tórtola ante los aullidos del perro y sus amenazas. El asunto es que la terraza es nuestra Suiza. Él tiene un aire al león de Lucerna y yo... escribo de otra clase de guerras, las internas.

Es así como me ha escuchado hablar del insomnio. De mis afectos que en lugar de consolidarse se disgregan. De mis temores por una muerte de la que se habla mucho y de la que sus ojos parecen saber más. Le digo que es afortunado de haber nacido en esta época porque de lo contrario ya habría sido disecado. Sin embargo el pobre no puede reír, se limita a voltearme la cabeza de lado a lado.

Allá viene, si me disculpan, debo hurtar un poco de cuido porque la hora del té se aproxima con un gato que no es inglés pero tiene sus maneras de británico.



lunes, 13 de febrero de 2012

Entre Grafitis y Semáforos



Cada vez que bajo a la oficina veo un grafiti en la 10A, que dice: La tacita de plata… (pág. 32) hecho con caligrafía de máquina de escribir. Lo leo y no puedo evitar pensar en que Medellín tiene un enamorado artista que profesa su afecto públicamente con caricias sobre muros viejos. La ciudad de la eterna primavera (pág. 33)…
Ignoro de dónde salen los números de página que él describe pero eso no me intriga tanto como el saber cómo es él. El oficio que le confiero a ratos, es de arquitecto. Luce impecable y correcto. Nadie imagina su vida nocturna con postes que le recuerdan a mujeres dóciles y alegres, siempre dándole la bienvenida con una luz incondicional para su trabajo. A veces, pienso lo contrario, que no se trata de un ordenado y meticuloso arquitecto; que es en realidad un estudiante de filosofía, amigo del que pinta corazones en las luces verdes de los semáforos. No podrían ser la misma persona. Pero podrían ser amigos. Uno es irreverente, el otro es cauteloso. Ambos aman esta ciudad con locura. Uno es hincha del Medellín y el otro del Nacional. Hablan de todo menos de fútbol; van a los clásicos por separado y nunca mencionan marcadores. Es la única manera de ir poblando la ciudad de corazones verdes y frases de antaño. Los dos aman a Gardel. Frecuentan el Parque Olaya y están planeando la próxima cruzada para dejar una frase y un corazón, rojo está vez: Adiós Muchachos (pág. 34). Los cerros son la fascinación de uno, no en vano el teatro Vieco queda en El Nutibara y todos los años el Festival del Poesía los convoca a ambos. El otro siempre le dice que va a ir pero se queda en casa pintando. Siempre discuten en julio por lo mismo pero la Feria de las Flores les trae trabajo. Silleta de mi corazón… (pág. 35), corazones en amarillo en la Avenida Oriental.
El amor encubierto es más duro que la guerra, más de una vez han tenido que dejar la escalera abandonada en el semáforo por temor a ser sorprendidos por bolillos ignorantes que clausuren de una vez por todas sus intenciones de poblar lo inanimado con latidos de esperanza y letras embrujadas.
Lo siento pero es cierto, ambos vieron morir amigos en sus barrios. No hablan de eso, para qué. Se ocupan de recorrer en Metro la ciudad de Norte a Sur y de Centro a Oeste. Jamás tocan instalaciones públicas. Por regla dejan los mensajes en propiedades que lucen abandonadas. Más de una vez han tenido que repetir frases por demolición de instalaciones no propias, pero eso les supone más trabajo y reformular la pregunta ¿Qué es Medellín? La capital de la montaña… (pag. 36) evoca a 1960, primer año en que la Vuelta a Colombia tuvo como etapa final el trayecto Riosucio Medellín. Ninguno es fan de la bicicleta. Ambos montan patineta, olvidé decirlo desde el comienzo. Así fue como se conocieron. Gracias al deporte. Los saltos de ambos son inspiradores, tanto, que los niños siempre les preguntan dónde aprendieron, ellos se ríen y les contestan:
-En el cemento.-

El filósofo admira a Fernando González y fue alumno de Mario Escobar Velásquez, de este último conserva una fotocopia del cuento ¿Qué es un siglo patrón? Autografiada por él como una de sus pertenencias más preciadas.

El pintor… no habla de su pasado.

Estos dos muchachos, se reúnen siempre en el Ferrocarril. ¿Qué mejor lugar para inspirarse? El vagón con el número 25 los hace soñar; se preguntan cómo luce Cisneros y si era maravilloso el viaje como cuentan los abuelos. Caminan un rato por La Alpujarra y el amigo pintor le hace una venia al Maestro Arenas. La escultura aún no es su fuerte pero la aprenderá con dedicación y tiempo.

Llega la noche y ambos se miran con complicidad; hacen parte de un ciudad que ha dejado su regionalismo atrás. Ya las palabras quieren volar. Aeropuerto José María Córdoba. Ahora…Colombia, el riesgo es que te quieras quedar… (pág. 37) 

martes, 7 de febrero de 2012

Avatar




¿Qué ocurriría si el planeta a conquistar es la Tierra y los ávatar; las máscaras que otros utilizan para llegar a nuestra raíz?

El planeta Azul era el paraíso hasta que a alguién le dio por decir que era un desterrado y no se dio cuenta que fue enviado al hemisferio opuesto de la misma circunferencia. Errante se la pasó soñando con un par de colinas que en otro tiempo fueron su hogar y no se permitió así mismo; querer al resto del mundo como a su terruño. Un hombre y una mujer sin paz en el corazón, tienen los pies inquietos y la sangre caliente. La lengua árida y la visión borrosa. Con los años la inevitable muerte los toma lejos del origen y juran regresar para tomarlo.
En palabras más, palabras menos, por supuesto.

La nave en la que va montado el extranjero suele ser más sofisticada que el lugarteniente. Fue así como los españoles nos deslumbraron con el caballo y arrasaron con más de una generación indígena. Descubrir es sinónimo de tomar para muchos hombres. No hay que olvidar que desde niños se juega a la guerra. No se entrena para cazar o para sobrevivir, se entrena para competir, para ser mejor que el otro...

Y por estos días sólo es mejor aquel que no se preocupa por serlo.

Aquel que tiene la gracia de contemplar un atardecer y estar ahí, en fase contemplativa sin pensar en nada más que el calor que siente y la belleza de luz que lo acompaña.

Sin embargo si cierra los ojos aunque sea un segundo, se da cuenta que es una ilusión aquello que ve. Que millones sufren. Que no tienen para comer. Que el hambre arrasa y las especies se extinguen. Que el pétroleo sigue siendo el lunar negro de una sociedad en conflicto.

Son tiempos muy duros éstos. 7 millones de habitantes ajenos del barco que nos lleva. Falsos dueños de una tierra que no poseemos, que nos alberga.

Estos días me ha llamado mucho la atención la baja velocidad a la que van las nubes. No sé si es por efecto del calentamiento global;  pero a ratos parecen más fijas que móviles. Me pregunto qué temperatura tiene el viento en las alturas y si algún presagio de clima implica tenerlas tan fijas. En la ciudad todo transcurre igual. En medio de tantos roles, creo que tenemos varios avatares. Uno para la oficina, otro para la universidad, el que usamos cuando salimos con amigos y el del hogar. Complejo mundo el actual.

Pienso en los astrónomos del pasado desde Copérnico hasta Newton, y creo que Ptolomeo pudo tener razón en algo, quizás no somos el centro del sistema solar pero sí podemos ser el pozo del mismo. Sí sólo hubiera agua en la tierra y las demás galaxias tuvieran que parar por aquí para abastecerse... con quién hablarían, ¿tendrían un avatar para el intercambio? ¿tomarían del océano o de los ríos su abastecimiento?

Velocidad luz es como velocidad del pensamiento. ¿Podrían otras culturas influenciar lo que pensamos? Como cuando en astrología miramos a Marte y pensamos en decisión o confrontación, o anhelamos los favores del Hermes de Mercurio... ¿Qué tal que el humano no fuera el único responsable de su degradación? ¿Si detrás de todas nuestras diferencias hubiera una inteligencia superior provocándolas?
No sería extraño. Pero dejaría mucho que pensar...



viernes, 3 de febrero de 2012

A propósito de Nuestra Colombia



No conformes con la selva tomada, grupos beligerantes acometen contra municipios qué a duras penas si tienen para el pan y el pescado. Pareciera que somos una de esas colonias romanas, acostumbradas a la guerra por la sed de Gloria. Una Gloria que no existe ni en los anaqueles de historia de Waterloo. Todos los comandantes fueron hombres de ideales que en algún punto se tornaron arbitrarios, obsesivos, corrosivos y enajenantes. 
La situación política de Colombia no puede atribuirse a un solo factor. No es cuestión de droga nada más. No es cuestión de derechos civiles. Tampoco de igualdad. La corrupción aflora cada vez que se menciona un contrato como si desde que se constituyeron los contratos de derecho, simultáneamente alguien se inventó los contratos torcidos. Por fortuna aún existen los de hecho. Todavía quedan gentes honorables cuya palabra es su voto, su acción y su peso. 
La geopolítica nuestra, en lugar de ser una ventaja, es nuestra cruz. Eso de tener acceso a dos océanos y ser como un embudo con la cola en el Amazonas, tiene grandes responsabilidades. Tres cordilleras a falta de una, hacen de nuestro espacio aéreo un mapa de difícil navegación. Una muralla contra nuestros enemigos, si quiere verse así. El Magdalena, es un recurso fluvial menospreciado. Antaño se navegaba por él. Debió ser hermoso además de comunicante. Ahora se habla del río como la amenaza invernal que tiene la facultad de desalojar miles de familias en cuestión de horas. Parece una vena enojada de tanto deshecho que le llega. El centro del país discute mientras la periferia sufre. 
Tal vez la manera como hacemos política no es la más correcta. La descentralización conlleva a la titularización de unos cuantos. La ausencia de un plan de gobierno integrado es tan notoria que uno ya no ve las ramas del poder claras, dónde quedó el ejecutivo, dónde el legislativo y dónde el judicial. Ahora el ejecutivo tiene que demandar al legislativo o el legislativo poner en jaque al ejecutivo mientras el judicial no da a basto con tanto proceso y donde es hasta difícil saber qué es verdad y qué es mentira. No es de extrañar que también haya inocentes en nuestras cárceles o que el  fenómeno de pagar prisión por otro también se de en nuestros estrados.

Pocas veces hablo de política. Creo que es la primera vez que escribo en el blog sobre el tema. Me dan nauseas. Soy políticamente incorrecta. Sí, alguna vez lo dejé claro.

Sin embargo me inspiran los funcionarios públicos que hacen lo que deben hacer. Aquellos que no quieren estar en una posición diferente a la que les corresponde y saben hacer. Esos hombres y mujeres incorruptibles que conocen el por qué del trámite tanto como el trámite y las consecuencias del mismo.

Me encantan los que promueven la cultura. Los que diseñan estímulos de creación con transparencia y convidan a toda la sociedad no sólo a  unas cuantas minorías.

Me inspiran también los que escuchan las necesidades del pueblo, no los que les inventan necesidades nuevas. Aquellos que les dan la casa donde la piden, no donde ellos creerían que estarían mejor. Cada quién sabe que necesita y si escucháramos más la realidad podríamos responder con eficiencia y verdadero progreso.

Ojalá a alguien se le ocurriera revivir el Ferrocarril. Poder transitar Colombia de Norte a Sur y de Este a Occidente. Sería bellísimo. Nuestra Colombia, tierra querida, tendría movimiento y confianza. Tal vez...

miércoles, 1 de febrero de 2012

El minero # 34



Quería tanto verte que me perdí el horizonte. Todo cabía en ti y si algo yo no estaba, era ciega. Simplemente te vi cuando otros te ocultaban. Simplemente te amé, cuando estaba en otros omitirte.
Fue inevitable.

Te conocí en las minas de Chile cuando hablaron de treinta y tres mineros atrapados y yo sentí que eran treinta y cuatro. Te seguí en la noticia aunque vi poca televisión. Sabía lo que ocurría y; escuchaba los esfuerzos del mundo por rescatar con vida a aquellos mineros. El 34 fue mi elección. Aquel del que nadie habló y que por ende es como si no hubiese existido. El que no pudieron sacar o el que llanamente murió de desolación ante el frío y la oscuridad. El No Identificado: Tú. 

No temí acompañarte en esas horas de terror. No me dio miedo ensuciarme las rodillas de barro. Tampoco morí cuando la lava nos quemó. Seguí con vida por razones más profundas, aunque debo decirlo, me dolió. Fue la noche más espantosa de mi vida. Era tu viuda. Tenía que bajar por ti. No podía acudir a las autoridades porque era muda. Nadie me creería así mis manos se cansaran de hacer señas describiéndote allí. Tu cantimplora estaba casi vacía y mi boca sentía tu sed. Entonces logré lo imposible. Que bajaran por tus restos. Lo que ellos no sabían era que te conocías la mina como tus manos y lograste escalar en medio de un acantilado de roca caliza. No hubo restos que rescatar. Sólo quedó la desolación mía. Es probable que la luz te haya cegado luego de tanto tiempo allá en lo oscuro. Es probable que mi rostro hayas olvidado a pesar del amor que dije tenerte. 

Aprendí a hablar con mucho esfuerzo sólo para poder pronunciar tu nombre y preguntarle a las gentes si te habían visto, si te conocían. Cada no, era una piedra más en mi zapato y pronto olvidé cómo era el sonido de tu voz. A veces te me aparecías en sueños y te abrazaba tan fuerte que terminaba estrangulandote sin querer. 
Quedé tan sola que tuve que abrazar mi soledad de ti. Aprendí de otros hombres y otras maneras. Me convertí en otra mujer. No volví a pensar en la mina, ni en tus ojos como horizonte. Le di la espalda a un pasado que nunca fue. Busqué oficio como agricultora y aprendí de la paciencia de sembrar plantas en lugar de ideas. Enmudecí otra vez. Me dediqué a observar las familias de otros. A espiar las sonrisas en espera de un milagroso contagio. Olvidé sonreír. Y el maldito espejo, sólo me recordaba a ti. Me corté el cabello. Me dije que sola podría. Volví a montar a caballo y a ratos así, era lo más cercano que podía estar de ser feliz. 

Ya no existes más que en mi recuerdo. Cada día me esfuerzo por no hablarte ni con el pensamiento. Ya no quiero imaginarte en una barca, navegando el cielo, surcando el Magdalena, nadando el mar. Ya no. Lograste salir de Chile para intentar agarrar el mundo con tus remos. 

Es de mal agüero viajar con una mujer abordo... eso decían los marinos de antaño. Tus amigos quizás. 

Y si, yo no navego. Yo soy la sal.