miércoles, 2 de noviembre de 2011


Una roca tallada está de siesta. Apacible y coqueta da la impresión de jugar a no estar despierta. 
¿Puede dormir una roca cuando yo me paso noches en vela? 
De lo que está compuesta la roca, también estoy compuesta. 
Será entonces sentirme pesada y no preocuparme por si la almohada se quiebra. 

Ya comenzó la llamada hora gris y  Khrisna Gotami parece no inmutarse. Ya no busca granos de mostaza ni reclama por su hijo perdido. Duerme en una eternidad que la recuerda como una de las primeras mujeres seguidoras de las enseñanzas del Buda. Dos pistilos en una flor, esperan sin ansiedad la llegada de algún insecto polinizador. La flor ha sido arrancada pero aún no ha muerto su función. De repente una abeja se posa sin orgullo a extraer el polen que la llamó a kilómetros. Una abeja sobre una flor que no se siente muerta y por ende, no hace sentir a su visitante como una carroñera. Sigue siendo una amiga de la vida que perdura más allá de los ciclos, de los vientos y de las manos de los hombres que arrancan flores como tallan rostros.

A unos metros, otro jardín,  fluorescente y atractivo, recibe a la abeja que deja en sus patas lo necesario para continuar floreciendo. ¡Qué sorprendentes las plantas que le dejan el equilibrio de su reproducción a un tercero! Desde la flor del ciruelo hasta un crisantemo...

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