miércoles, 23 de noviembre de 2011

Tomar distancia



¿Para qué si no hay suspiros? Mi ofensivo universo no pudo hacer nada con tu parada defensiva. No fui hecha para amarte. Mi tiempo conspiró, sólo se me permite: contemplarte. Es así como repaso líneas de párrafos de una Alejandría distante y anhelo locamente tener algo de Justine que te atraiga lo suficiente a mí como para releerme en un pasaje olvidado.

Ayer fue cruel. Jethro Tull tuvo la potestad de mortificarme. El trancón de las siete me sorprendió desarmada, sin paraguas, con las piernas al aire como una gallina al frío. Busqué la librería más cercana y me senté largo rato en la sección infantil. Afuera escampaba y yo apenas si empezaba a llover. Recobré el calor, al ver a mi padre en tantos de esos coloridos libros... me recordé niña, de trenzas, jugando a unir el manzano con el cerezo en el tomo de las plantas, de El Mundo de los Niños. Me vi luego en la sección de poesía, con Diógenes, comprando un libro de German Espinoza que en aquel entonces no entendí. Y de repente salté a El amor en los tiempos del cólera, como el primer libro que leería de García Márquez; y recordé aquella cita de ese libro que puede o no ser oportuna ahora: "El querer olvidarla era el mayor motivo para recordarla"...

Uno no debería querer olvidar a quien se quiere.  Uno debería tener la potestad de tener más que un instante con ese ser en un universo paralelo. Así dolería menos. Así la sensación de fracaso no sería tan vertiginosa y el silencio del otro no sería una corchea abierta repleta de agudas interpretaciones. 

Tomar distancia de ti es como pedirme que me bogue una gárrafa de ron siéndo alérgica al licor. Me intoxica tu silencio. Temo por tu soledad. Algo de mí ya es entrañablemente tuyo aunque no lo quieras ver; aunque te cueste reconocerlo.
                                                                                -.-
                                                          
¿Cómo tomar distancia de una amistad? Es la pregunta hoy y les cuento que en el día dos ya tengo síndrome de abstinencia. Me tiemblan los dedos de pensar en escribirle. No puedo sacarme su voz de la cabeza y  sus ojos me miran desde todos mis espejos; hasta el ingenuo retrovisor se ha visto auscultado por su paisaje. No. No está. Es entonces cuando me digo que de la necedad a la estupidez hay menos de un paso y decido venir aquí esperando que alguien comprenda mi sentir y me haga luces de amparo.

"La amistad entre hombre y mujer no existe" le diría Harry a Sally, el sexo siempre se interpone.
"No, claro que no es así" le refutaría Sally... sólo para demorarse 20 años en darle la razón.
¿Una película, un caso, o la ley natural donde influyen más la dopamina y la oxitocina?

...
My heart asks pleasure first 

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