miércoles, 9 de noviembre de 2011

Laboratorio del Cambio

"1) Bajo por la calle.  
    Hay un hoyo profundo en la acera.
   Me caigo dentro.
   Estoy perdido... me siento impotente.
  No es culpa mía.
  Tardo una eternidad en salir de él.


2) Bajo por la misma calle.
    Hay un hoyo profundo en la acera:
    Finjo no verlo.
    Vuelvo a caer dentro.
   No puedo creer que esté en el mismo lugar.
   Pero no es culpa mía.
  Todavía me lleva mucho tiempo salir de  él.


3) Bajo por la misma calle.
    Hay un hoyo profundo en la acera..
    Veo que está allí.
    Caigo en él de todos modos... es un hábito.
    Tengo los ojos abiertos.
    Sé dónde estoy.
    Es culpa mía. 
   Salgo inmediatamente de él.


4. Bajo por la misma calle. 
    Hay un hoyo profundo en la acera.
   Paso por el lado.


5. Bajo por otra calle" 


La historia anterior es tomada del Libro Tibetano de la Vida y la Muerte de Sogyol Simpoché.

Ahora mismo estoy en el hoyo. No siento que sea mi culpa sino mi responsabilidad. Caminaba semidormida y caí en un abismo que conozco. Me gustaría salir inmediatamente de él pero no recuerdo la forma de salir, creo que me di un golpe en la cabeza al caer.
Quizás sea cierto: el hoyo es un hábito. Pero el tiempo es algo que francamente no sé calcular bien. A ratos un  minuto es una eternidad o las horas transcurren como si fuesen segundos. 
Algo es claro: estoy sola. No importa qué tan decorado luzca mi agujero, ni cuántas animas se crean con derecho a cohabitar en él. Estoy sola. 
Si pudiera bajar por otra calle, no tengo idea de qué calle sería esa. Me gustaría que se tratara de una calle que no he transitado nunca así esa calle también tenga hoyos en la acera. Abriría más los ojos y tendría los sentidos más despiertos. Pero algo es seguro... sí la lección de mis hoyos anteriores no ha sido interiorizada y superada, el cómo luzcan las calles es irrelevante. La 9 o la 10 tendrían el mismo objetivo: que yo baje por ellas y me tope con una alcantarilla. 

El laboratorio del cambio se da  en la actitud de asumir la vida. Los hoyos son pruebas khármicas en las que caemos una y otra vez y dónde es importante subrayar tres palabras: culpa, fingir y hábito. No importa qué tanto pretendamos no ver las pruebas de la vida, ellas están ahí en última instancia para nuestro beneficio. Lo de culpa es la tendencia que tenemos a lastimarnos por cometer errores, a creer que caer es un error más que una experiencia. Y el hábito es el más complejo de romper. Cuando caemos por hábito es como cuando nos equivocamos por vicio. Esta entrada tendré que leerla varias veces hasta que salga de mi hoyo. 

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