viernes, 4 de noviembre de 2011

Caballito de mar, estrella en la arena



Los únicos caballitos de mar que he visto, han sido en peceras de restaurantes chinos o pomposos. Siempre de a dos; supongo que uno solo no soportaría la soledad del vidrio que no les da ni un instante de marítima oscuridad. Caballitos que lucen como pequeñas sirenas, de un naranja tierno y acaramelado le dan vida a una jaula que los usa como carpa de circo.

He tenido peceras pero jamás de mar. Vi enfrentarse dos betas porque se me ocurrió hacerles compartir el mismo espacio... Tuve también bailarinas, unos pequeñitos de azul fluorescente cuyo nombre no recuerdo y un par de negros pequeños que comían de mi dedo. Siempre supe cuándo tenían hambre. No me pregunten el porqué. Y es algo que aún sé. El otro día estuve frente a una pecera ubicada en una clínica y un pez comenzó a seguir mi mano... "Tienen hambre"-dije. Y el vigilante corrió diciendo que se había pasado una hora en alimentarlos. Me sentí pez y no pude evitar lamentar no tener lágrimas para llorarle al mundo mi encierro injustificado.

De niña solía cazar pequeñas barracudas en riachuelos de fincas a las que nos llevaban mis padres. El placer de cazarlos era otra cosa. Siempre terminábamos soltándolos pero luego de habernos metido con nuestras botas "machita" en el pantano; y de haberlos visto dar vueltas sin cesar en un vaso de plástico blanco. Eran graciosos sus bigotes. Me gustan los bigotes desde entonces, en peces y en hombres.

Y las estrellas de mar... la primera vez que las vi, fue sin duda fosilizadas en el Colegio San José de Medellín. Las estrellas nunca están del todo solas, y hasta en fósiles, había varias exhibidas sobre una arena amarillenta que había perdido el encanto de la playa. Varios años más tarde pude apreciarlas bajo el agua, gracias al snorking en Aruba y lamenté no saber bucear para buscar un bigotudo marítimo que me hiciera recordar mi niña pescadora.

Traigo a colación estos dos pequeños porque tienen en su historia y en su forma una mitología encubierta. Bien pudiera el caballito de mar ser un descendiente secreto del Hipocampo, y ser la estrella, la Kapsis nostálgica de un mito mexicano. Ambos son pequeños inquilinos de un océano que tuvo como Poseidón a su rey magno. Ya muchas generaciones de humanos hemos pasado y al no poder comprender al mar hemos mirado al cielo con desamparo. Varios hombres en la luna nos hastiaron y ahora la misión que se avecina es a un rojo planeta al que sólo hemos enviado sondas y armatostes de reconocimiento terreno.

Caballito de mar... estrella .... ¿Habremos de encontrarlos bajo fósiles en aquella lejana arena? ¿O ha sido Poseidón sólo Dios para esta tierra?


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