lunes, 21 de noviembre de 2011

Besos por cobrar, caricias por pagar

Mi cuerpo lleva una letra de cambio con besos por cobrar y caricias por pagar. Camino con ella como quien lleva un tesoro consigo. Gozo de la libertad de no cotizarme en bolsa ni estar exhibida en un aparador de un empolvado anticuario... Soy sólo yo, traviesa y coqueta, buscando abrirme paso entre una multitud de rostros, que por lo ocupados, lucen obscenos. Tengo tiempo para mí. Tengo tiempo para darte. No, no necesito embriargarme. Me prende el sol en un día que no es de verano. El viento cuando insiste en traer mi pelo a la cara. La lluvia, cuando es discreta y se anuncia con leves truenos y seguidas gotas en mi ventana. Y la naturaleza con una flor que pueda soplar como el pensamiento.

Escuché que alguien preguntó el monto de las caricias y la cantidad de besos. No soy empalagosa así que a la cifra le borré los ceros. Ahí están pero son lo de menos. A las cuatro de la tarde lo que importa es el intercambio: que un hombre de rostro sincero traiga consigo su letra de besos por pagar y caricias por cobrar y su mejor disposición para llevar a cabo esta arriesgada transacción. Sí, no lo he dicho: soy una mujer casada. La pregunta inmediata es qué hago con una letra de cambio que se puede hacer efectiva en casa. Las mujeres siempre llevamos una letra al portador y otra escondida, quizás en la cocina en un tarro. Allí donde se sazonan pimientos, podemos ir guardando silenciosamente, deseos.

Es así como mi profesora de pintura tiene la foto de Richard Gere colgada en un corcho, y una amiga la de Rafael Novoa en una cartelera...  No se trata de ellos, sino de la imagen que representan. Ellas también tienen su tarro de deseos y quizás sus letras de cambio.

No sé tejer, de saberlo ya habría hecho una bufanda para un "él" y la habría guardado con los demás regalos de navidad; abriéndola de vez en cuando para garantizar que el polvo no se lleve la imagen de aquel que se parece más a lo que debió ser. Es entonces cuando recuerdo aquel discurso de que el amor no es más que un sentimiento narciso y me pregunto si en efecto yo, me enamoraría de mí...
... no es una pregunta fácil de responder. Me aferro a mi cuerpo y a su letra de cambio. Intento recordar cuándo se hizo tan importante el tacto... creo que no, no me enamoraría de mí. Soy terca. Insistiría en enamorarme de otro por lo que dos tactos juntos pueden hacer.

Por lo pronto; continuaré despierta. Si me ves y necesitas la letra, sólo tienes que preguntar por ella.




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