miércoles, 26 de octubre de 2011

Viajeros del eterno presente

Hace poco más de dos años tuve un encuentro curioso en una meditación. Tres jóvenes, dos mujeres y un hombre llegaron ese día luego de preguntar por teléfono la dirección. El grupo nunca ha sido un grupo cerrado pero suelen meditar más o menos las mismas personas. De ellas, yo soy una de las menos frecuentes. Me gusta mucho la meditación pero me cuesta mantener los ojos cerrados mientras repito los Mantras. Disfruto enormemente además, el observar los rostros de mis compañeros mientras meditan. Mientras a mí no dejan de dolerme las piernas y la columna, algunos mantienen esa hermosa postura recta que los hace ver apacibles y a punto de levitar. Antes de iniciar la meditación Martha suele servir té de frutas rojas y conversamos de otras cosas. Cuando llegan nuevos invitados como los tres que mencioné al principio, Martha o algún otro miembro de la Sangha les hace una introducción al budismo, con una corta historia de quién fue el Buda y lo que se pretende con la meditación. Aquella vez, cuando una de las mujeres habló, no pude evitar sentir que su acento no era de aquí. Se lo manifesté. Me dijo que muchas personas le decían lo mismo pero que ella sí era de aquí. Luego... meditamos. Hacía mucho calor aquella noche o los Mantras habían subido la vibración. -quizás ambos- Al finalizar le compré a Maica una mala de cristal que ella suponía para mí pero yo tenía destinada para un regalo especial. Y justo cuando salimos, compartimos ascensor con los tres visitantes. Ese día yo tenía un papelito con la nueva forma de sumar que estaban aplicando en los colegios y por un impulso que no puedo ni pretendo explicar, se los mostré: "Así es como están sumando nuestros niños por estos días" fue lo que dije. Se rieron. Luego cuando me iba a montar al carro, la del acento extraño me dijo: 
-¿Cierto que tú ves?
Me asusté. Los miré. Y señalé a cada uno diciéndoles: Pasado, Presente, Futuro.
-No hay afán, nosotros venimos del eterno presente.

Me subí al carro y no volví a verlos nunca. Sin embargo sé que un intercambio se dio. Algo me dieron esos muchachos con esas palabras. El eterno presente es un regalo. Es reconocer que así las dificultades parezcan enormes, las montañas se derrumben y los ríos desborden su cauce... siempre hay un presente.

No sé porqué tarde tanto en hacer esta entrada pero hoy desperté pensando en esos muchachos. Había tanta sabiduría en esos rostros jóvenes... que perduró a pesar de mis cambios. Amigos, no los he olvidado. Me recordaron y me siguen recordando una fe que me habita. Gracias.

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