domingo, 16 de octubre de 2011

Las plumas no son sólo para volar



Las plumas no son sólo para volar, sirven para atraer, para llamar, para abrazar, para ahuyentar. Por eso quiero cambiar mi cabello por un plumaje esta noche. No necesito que sea de pavo real;  puede ser de lechuza o guacamaya. Quiero plumas en lugar de cabellos para que al dormir mi inconsciente pueda dejar recordatorios en los lugares donde estuvo. Para que mis sueños dejen de jugar con mi libido y en cambio, tengan el coraje de alzar el vuelo en soledad. Sería Psyque sin alas y sin pruebas. No tendría que demostrarle a ninguna suegra que soy digna de una deidad. Adoro ser humana aunque me guste lucir penachos como el de Moctezuma para variar. Sufría de insomnio el pobre... cómo no, con tantos decapitados por voluntad suya... el caso es otro, son las plumas. No pienso arrancarle plumas a ningún ave entonces voy a fingir que duermo con el penacho del atormentado Moctezuma. Volveré dormida al Valle de los Muertos y regaré las plumas por los escalones de la pirámide del sol. El ocaso de esa civilización bárbara que por suerte Américo Vespucio no dibujó (¿o sí?)
Las plumas me hicieron recordar Apocalypto la película de Mel Gibson con la profecia de la pantera... debo decir que me impresionó pero me gustó. Allí el hombre de América no era un hombre bueno. Era un cazador, un ser territorial, un arrasador de minorías. Los Aztecas eran sanguinarios y aquella metropolí se nutría de la guerra. Plumas y guerra. ¿Cómo diablos llegué aquí? Escribo al unísono con mi pensamiento. México como país me agradó enormemente. Repasando, creo que no regaré las plumas de Moctezuma. Sus dioses son más oscuros que el infierno de Dante. El penacho sigue siendo suyo. Sólo posé para una foto postal. ¿Cuántos emplumados habremos hecho lo mismo?
Lechuza, dije que quería plumas de lechuza. La semana pasada una de ellas pasó volando por la ventana de mi oficina. Hermosa. Suspendí todo lo que estaba haciendo para seguir con la mirada su recorrido. Cuando llegó a un árbol frondoso perdí de vista su plumaje. Era blanca, con algo de café en la cola. Insisto, era hermosa. Ya pequé de ambiciosa y no llegué muy lejos. Voy entonces a posar con plumas blancas sobre una almohada verde. Voy a darle alas a mi inconsciente para que vuele cerca de quien quiere estar, o voy a dejarlo cazar, tal vez tiene hambre y necesita un ratón para desayunar. Haga lo que haga, la condición es dejar la pluma de modo que quien me sueña también tenga la forma de recordarme.

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