lunes, 3 de octubre de 2011

Cartagena bajo la lluvia

Cartagena bajo la lluvia luce gris. Intenté coquetearle con mis hombros destapados pero sólo logré que su cielo me regalara una mueca y el agua mojara mis dedos ansiosos de tocar la arena. Quise hacerle un par de preguntas pero noté que la ciudad no me contesaría. Lleva siglos haciendo eco con su propio silencio.
Cada vez que recorro las murallas me pregunto por el horror que vivieron los que estaban dentro cada vez que un barco enemigo se acercaba con la intención de llevarse el oro.
Por otro lado me producen fascinación las casas con sus puertas anchas y pequeñas. No sé si los hombres y mujeres de entonces eran enanos o era una prueba más para los asaltantes extraños.
La bahía a esta hora es bonita porque todo parece regresar. Los veleros, los barcos de contenedores, los cruceros. Todo llega...
Y sí, no voy a negarles que estoy meláncolica. Lo estoy. Veo la marea y  quisiera fundirme en ella, no tener que pensar hacia adónde voy. Simplemente ir y estar sin necesidad de estar decidiendo a cada instante banalidades como qué me pongo, qué voy a comer, voy a salir, ¿he de llamar a alguien?
Espero que mi melancolía no los aburra. Mientras tanto voy a no decidir publicar esta entrada, simplemente dejaré que sea marea de una ola...

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