lunes, 31 de octubre de 2011

Muero, me pudro, lluevo... sin tregua



La mañana hace eco en mi ventana con el sonido de buses y el resplandor de un sol que no perdurará. En la lengua llevo la sal de la última lágrima y aunque está a punto de pasar al paladar, con ella siento que también soy mar. Me gustaría poder nadar en mis aguas profundas sin temor a la oscuridad; pero no puedo evitar pensar en un calamar gigante o en una orca asesina que me recuerdan la no-tregua que es la vida. 

Me gustaría tener en la memoria el minuto exacto en que me hice adulta para poder ver cómo era mi niña y cómo es que ella hacía para mantener intacta la fantasía.

Ahora la realidad me muestra que no soy más que un vehículo que debe abrirse paso, sin tregua, por todo tipo de caminos, sin mapa, sin brújula, sin más orientación que un poco de sentido común y un montón de sensaciones corporales. Muero. Me pudro. Lluevo. Maquillo con colores unos ojos, que añoran la tierra para fundirse con ella sin madera de por medio. 

Tres décadas se sienten como una eternidad en este minuto 7 de la hora 10. Anhelo ser libre. Y no hay concepto más abstracto por estos días que la libertad. Mis familiares me poseen. Mis posesiones, me poseen. Me posee lo que no quería poseer y terminé poseyendo a razón de una libertad mercantilista e inestable. Todo puede irse mañana y mis necesidades ya serán demasiadas como para emprender un camino sencillo.

Sólo en la palabra soy feliz. Sólo en ella puedo nadar sin miedo con la orca y el calamar. Puedo pintarlas incluso de colores chistosos, como el morado de Barnie... y puedo decirles amigos, que cada vez temo menos decir la verdad. En un mundo atestado de convencionalismos, digo lo que pienso pensando lo que digo. Así es que sobrevivo. ¿De qué otra forma lo haría?





jueves, 27 de octubre de 2011

Una rana sin tertulia

Hace ya tres años que esta rana no tertulia. De ese grupo entusiasta de catorce o quince compañeros quedamos dos: Margarita Arboleda y yo. De las dos quedó una.  La otra decidió viajar y yo me mudé de charco. He estado en talleres serios pero honestamente, extraño el encuentro en lugares como Otraparte, aunque haya rincones con poca luz y los ojos deban ser saltones para poder leer. Lo nuestro no era un club de un lectura ni una reunión de críticos; era una tertulia que daba para todo, incluso para disfrazarnos en épocas como ésta. Era bonita la Tertulia de la rana. Tan bonita con como el logo que Blas diseñó. Un logo para una reunión cuyas voces se fueron apagando en una ciudad que cada vez tiene menos amor por lo silvestre. Éramos unas ranas ebrias. Soy franca. Debo decir que lo que contábamos en historias nos lo bebíamos en vino. Nuestras ancas debían ser sabrosas por esos días. Llegábamos a casa en medio de burbujas y nos convertíamos en personajes de todas las épocas y dimensiones. Algunos éramos taciturnos, otros románticos y unos pocos, crueles y sarcásticos. Pero nos la llevábamos bien juntos. 

Ahora sólo conservo el logo  y aunque procuro llevar el labial rosa, perdí mis lentes. Soy otra. Estoy desnuda de historias, mi voz ya no croa. La rana que narraba es una juguetona que no tiene otro espejo más que sí misma para dramatizar sin alcohol las vivencias de un charco que ha visto partir también a sus hermanas. 

¡Qué vengan las ranas! El domingo llega una... en unas semanas, la próxima. No habrá tertulia pero moscas de chocolate sí. 

miércoles, 26 de octubre de 2011

Viajeros del eterno presente

Hace poco más de dos años tuve un encuentro curioso en una meditación. Tres jóvenes, dos mujeres y un hombre llegaron ese día luego de preguntar por teléfono la dirección. El grupo nunca ha sido un grupo cerrado pero suelen meditar más o menos las mismas personas. De ellas, yo soy una de las menos frecuentes. Me gusta mucho la meditación pero me cuesta mantener los ojos cerrados mientras repito los Mantras. Disfruto enormemente además, el observar los rostros de mis compañeros mientras meditan. Mientras a mí no dejan de dolerme las piernas y la columna, algunos mantienen esa hermosa postura recta que los hace ver apacibles y a punto de levitar. Antes de iniciar la meditación Martha suele servir té de frutas rojas y conversamos de otras cosas. Cuando llegan nuevos invitados como los tres que mencioné al principio, Martha o algún otro miembro de la Sangha les hace una introducción al budismo, con una corta historia de quién fue el Buda y lo que se pretende con la meditación. Aquella vez, cuando una de las mujeres habló, no pude evitar sentir que su acento no era de aquí. Se lo manifesté. Me dijo que muchas personas le decían lo mismo pero que ella sí era de aquí. Luego... meditamos. Hacía mucho calor aquella noche o los Mantras habían subido la vibración. -quizás ambos- Al finalizar le compré a Maica una mala de cristal que ella suponía para mí pero yo tenía destinada para un regalo especial. Y justo cuando salimos, compartimos ascensor con los tres visitantes. Ese día yo tenía un papelito con la nueva forma de sumar que estaban aplicando en los colegios y por un impulso que no puedo ni pretendo explicar, se los mostré: "Así es como están sumando nuestros niños por estos días" fue lo que dije. Se rieron. Luego cuando me iba a montar al carro, la del acento extraño me dijo: 
-¿Cierto que tú ves?
Me asusté. Los miré. Y señalé a cada uno diciéndoles: Pasado, Presente, Futuro.
-No hay afán, nosotros venimos del eterno presente.

Me subí al carro y no volví a verlos nunca. Sin embargo sé que un intercambio se dio. Algo me dieron esos muchachos con esas palabras. El eterno presente es un regalo. Es reconocer que así las dificultades parezcan enormes, las montañas se derrumben y los ríos desborden su cauce... siempre hay un presente.

No sé porqué tarde tanto en hacer esta entrada pero hoy desperté pensando en esos muchachos. Había tanta sabiduría en esos rostros jóvenes... que perduró a pesar de mis cambios. Amigos, no los he olvidado. Me recordaron y me siguen recordando una fe que me habita. Gracias.

lunes, 24 de octubre de 2011

Ética para una paciente confundida



Creía odiar las corbatas hasta que lo tuvo en frente. En él lucía distinta. No sabía si era por la profesión o por su hipnótica voz. Pero no parecía estarse sofocando en un traje oscuro; por el contrario: el traje y los zapatos iban bien con él. Zapatos cuadrados, -qué raro...- se decía ella, acostumbrada a ver tenis a diestra y siniestra en su irreverente profesión. Jeans y camisetas eran todo el empaque que conocía para hombres de todas las tallas y estaturas. Este la reconocía por la fragancia y estaba dispuesto siempre a escucharla. Un hombre en corbata, dispuesto a escucharla. Ya lo segundo excedía las expectativas. El que estuviera o no encorbatado era más un paradigma para ella. Lo encontraba atractivo y se resistía a reconocerlo. Un escritorio la separaba de él y sólo se veían una vez al mes. Cuando hablaban, no podía dejar de mirar sus ojos. Negros. Profundos. Mucho más que despiertos. A ratos quería desviar la mirada hacia su boca, pero sólo pensarlo la hacía sonrojar. Era mejor mantener la mirada, jugar con las manos, distraerse si era del caso, pero mirarlo a la boca No.

En el transcurso del mes, procuraba apuntar los problemas que le sucedían para tener claro qué contarle durante la sesión. Llegar con las palabras vacías era como atentar contra el buen juicio que le quedaba y correr el riesgo de desnudar el poquito de alma que elegía un diván para soñar.

Hablaban entonces del trabajo, del futuro inmediato, los hijos, las preocupaciones, el estrés y de vez en cuando de uno que otro amante que se cruzaba en el camino. No son ellos, soy yo... solía repetirle. Una frase gastada que sabía de cajón pero que la defendía mejor que ninguna. La corbata, siempre en su sitio, parecía comprenderla mejor que nadie. No la recriminaba. Parecía incluso saber lo que era ser mujer, el cómo se sentía un desaire, el anhelo siempre suspirante de un genuino amor.

Ahora ella se rasca la cabeza preguntándose cómo fue que una corbata sin seducirla, la sedujo. No puede decírselo eso está claro. Perdería la horita al mes en que es feliz. ¿Podrá guardar el secreto? En eso es pésima. ¿Qué hacer entonces? ¿Buscar otro especialista? Cuánta nostalgia de por medio. Tendría que escoger una mujer del directorio para que no le abra una corbata y reviente en llanto al compararla. Una, sólo una ha sido de su agrado. Quizás porque hubo exceso de corbatas en su casa. Su padre tuvo de todos los colores: azules, violetas, vinotintos con sus zapatos a duo pero nunca, nunca cuadrados.

No quiere perderlo. Puede entonces trabajar el apego a esta corbata con otra. ¿Por qué no? Que un segundo especialista le ayude a manejar la atracción que siente por el primero. No será la única vez que algo así ocurre. Algún remedio debe tener la comunidad científica para esto. Y sí no... bueno, sí no va a tener que pedirle que se quite la corbata una vez a ver qué ocurre.

Silencio absoluto

La amistad ha sido inútil. No se puede forzar al ser, a ignorar lo que le atrae.  He rodado por un peñasco cada vez que mis ilusiones contigo han osado de ponerme alas en la espalda para ir a una montaña mágica que no me pertenece. He estado triste vos. En un duelo silencioso me he sumergido. He tenido que aceptar de una vez por todas que no he sido, ni soy, ni seré, la mujer que estás buscando. ¿Quién soy entonces? Tu amistad me queda corta. Prefiero la nada a continuos simulacros de no me gustas, no me atraes, no me importa... si me gustas, me atraes y me importa. Contigo he aprendido a perder quizás; a aceptar que la química es una reacción que no siempre se da en cadena y que más bien hago parte de un tubo de ensayo algo cruel, en un rincón oscuro de un laboratorio olvidado. Esto es lo que sucede entre dos gentes que no se dicen nada porque no tienen nada para decirse. Un exiliado no tiene espacio para nadie más diferente a sí mismo. Y ya me cansé de seguirte el rastro, de perseguir tu voz... Estoy sola; y mi mundo dibuja otros atardeceres. Ya no quiero soñarte sabes... me he blindado para ello. Un atrapasueños cuelga del techo para impedir alianzas en cruzadas que no quiero ver. Ya mi camino contigo terminó. He perdido toda motivación. Quiero entonces borrar mis huellas en tu arena, una a una, sin generar un escándalo porque no hay tal. Simplemente quiero dejar un silencio absoluto de lo que alguna vez fui. 

Mentí al decir que te extrañaba, no estás aquí

Soy experta mintiéndome. Quería decirte que te extraño porque sabía que no estabas aquí. No lo estás, no lo has estado. Es mi mente que juega conmigo y te eligió a ti como amigo imaginario. Prefiero el diablo que vivía en mi closet cuando era niña, a ti. Al menos a él podía verlo. Tallado en la madera con su trincho y sus cachos no tenía intención de ir a otro cuarto. Era mi monstruo y hablaba conmigo. Me defendía si era el caso. Y sólo bastaba que yo le compartiera un poco de mi comida para mantenerlo tranquilo y a mi lado. Tu monstruo es algo que desconozco. Si tiene las manos tan grandes como las tuyas, es un estrangulador bárbaro. Hoy un dedito suyo asomo por esta pantalla con palabras de abeja y casi me ahoga al entrar en mi boca.

Debo ser más cautelosa en los amigos imaginarios que elijo. Es más práctico tener a Woody de Toy Story o incluso a Buzz lightyear. De modo que uno se acerque a una tienda de juguetes y establezca la amistad con la certeza de que el juguete no irá a otro lugar. De ser posible, es mejor que el amigo haga reír, Mr. Potato, lograría hacerlo un par de veces pero y luego qué...estoy siendo materialista aquí. Ya luzco un poco como Mr. Evil con su mini-me. ¡Qué egocéntrica! 

Pero es que extrañé tanto a ese amigo imaginario. Le hable tantas veces que ya hasta me avergüenzo. Mensajes de celular que jamás regresaron. Llamadas que nunca contestó. Quería localizarlo fuera como fuera, decirle que aquí estaba, que seguía pensando en él. Como sí alguna vez el me hubiese pedido que lo pensara... No. Jamás lo hizo. Todo fue y ha sido terquedad mía. Lo soñé y eso fue suficiente para dejar correr el hilo de Ariadne. 

Reconozco que no sé invocar al Olvido. De saberlo ya lo habría hecho para barrer contigo la lluvia y sus predicciones. 

Algo más duele en mí y tú eres sólo la excusa. 

Pinto Mandalas. ¿Qué pintas tú?

La mañana sucede entre pinceladas que llenan un margen fino.  Aspas o Alas, se baten en una amarilla contienda por invadir aunque sea un poco el fondo azul. Obviamente no se los permito porque de haber querido verde, habría untado el pincel con él; sólo azul y amarillo me bastan para hacer un mosaico que cualquiera podría confundir con baldosín. Eso tienen los Mandalas de especial:  parecen hechos para niños de preescolar; para enseñarles las margenes y los límites. Parecen...
Me había propuesto regresar a la figura humana pero no sólo fue increíble encontrar que la oferta de estos programas escasea cada vez más; sino darme cuenta que pintar otro ser humano no me liberaría como espero
Necesito límites y sentido de concreción. Ya he estudiado y sentido en el cuerpo la vacuidad. Ahora quiero lo contrario. No es que pretenda convertirme en hedonista, necesito sentido de realidad. Saber qué tierra pisan mis pies -o mis tacones-; reconocer que no es aire lo que respiro; hallar el fuego de mi cuerpo escondido y ser capaz de respirar hasta el ombligo. 
Un Mandala con dos tonalidades de azul y una de amarillo es como el motor de una lancha sobre el océano. o un gran ventilador que cuelga del techo haciendo circular el aire y los pensamientos. Qué dicha que mis pensamientos circularan. Que fueran y regresaran, más maduros, más fuertes; o más pequeños, menos trascendentes. 
¿Has pintado Mandalas amigo lector? ¿cuentas con tiempo para pintar? Les recomiendo este sitio:


Dejen que el Mandala los seleccione a ustedes. No piensen mucho sobre cuál pintar. Pueden hacerlo con colores, pasteles, marcadores o como yo, con acuarela. Mucha suerte eh.

Binarius

En el mes de septiembre de 2010, el Centro Cultural Biblioteca Luis Echavarría Villegas, convocó a sus usuarios tanto virtuales como presenciales a participar en el Primer Concurso de Fotografía y Narrativa. El jurado calificador seleccionó las propuestas artísticas ganadoras para conformar un libro electrónico, cuya publicación fue autorizada por cada uno de sus autores.


Binarius es el título de la publicación que este 2011 repite convocatoria.

Jose luis Ruiz y yo fuimos ganadores en la modalidad de Relato Corto con la propuesta: 

De Roca y Sal






http://200.12.177.162/bdigital/binarius/index.html


Los invito a conocer la publicación que tiene además interesantes propuestas en poesía y narración epistolar.

martes, 18 de octubre de 2011

La Novena Revelación en acción

Hace ya diez años que me leí La novena revelación de James Redfield y ayer pude verla en acción luego de entrar a una librería, comprar El libro tibetano de la vida y la muerte de Sogyal Rimpoché; y tomarle los datos a un amigo para hacerle de regalo su carta astral. Hasta ahí todo iba bien, cero coincidencias. Crucé el puente del Tesoro que separa a la Librería Nacional de Todo en Artes y justo ahí, me encontré con un viejo amigo astrólogo que al verme me preguntó sobre lo que estaba haciendo y demás. Le hablé lógicamente de la escritura y mientras me recordaba me dijo: sí, tú también lees tarot, deberías aprender astrología, yo te enseño. Y yo de inflada le dije que ya sabía. Me preguntó por el software que utilizaba y le dije el sitio web donde normalmente consulto para montar las cartas. Me dijo  Eso está bien pero debes estudiar... y me dio su número. Nos despedimos y a mí me agradó verlo. Bajé a hacer unas compras que me hacían falta y cuando llegué a casa quise buscar los datos de mi amigo para montar su carta como usualmente lo hago y no los encontré. Supe entonces que o bien estudiaba astrología en serio o continuaba el camino que me vengo trazando hace cinco años. Las cosas no terminaron aquí. Soñé con Mahakala.

"Mahakala es el dios de la muerte, una de las deidades protectoras del Dharma, Con su aspecto y forma airados protege a los discípulos de todo tipo de obstáculos en el camino espiritual.
Al igual que el negro absorbe todos los colores, todas las cualidades y las formas se funden en Mahakala. La ausencia total de color, simboliza la naturaleza de Mahakala como realidad última.
Mahakala de tez oscura representa trascendencia de todo tipo. Etimologicamente Kala, significa tiempo. Así, Mahakala simboliza la naturaleza cósmica de tiempo, en el que todos nos disolvemos."

Mi sueño fue así: me asomaba a la noche, y las estrellas dibujaban a Mahakala, de repente me lanzó un disco transparente, que asocié con una lupa y quedé acostada con el disco sobre mi rostro a una altura de 20 centímetros más o menos. Desperté. No sentí miedo ni angustia. Fue como jugar frisby con ella. Como si el disco me hubiese sido conferido para pasarlo a alguien más. El disco o el velo. Aún estoy interpretando. Hoy, gran parte de la mañana, la dediqué a leer el libro de Sogyal Rimpoche sobre la vida y la muerte; más sobre la muerte que la vida y siento que mi labor es clara. Asistir, con amor y armonía a mi padre en su proceso de enfermedad. No es fácil esto que les escribo. Aquí el blog se torna muy íntimo, pero sé que no está mal. Muchos de ustedes han pasado circunstancias más difíciles y aquí siguen. La voluntad de vivir con sentido es algo que debemos compartir. La muerte es más importante de lo que creemos. Algunos eludimos hablar de ella, otros la ignoramos, otros sentimos que es un accidente inevitable, y unos pocos, con devoción, miramos el más allá con respeto y dedicación.  Los occidentales no estamos familiarizados con los bardos y nuestra religión nos ha mostrado sólo aspectos fragmentados del ser. Lo que no ocurre en Oriente donde toda una vida se refleja en su muerte y por ende la importancia del sentido y la consciencia.

Les confieso que la muerte me ha tocado pero de manera tangencial. A mis casi treinta y cinco años, puedo darme el lujo de decir que aún estás vivos mis abuelos y mi hijo de 8 años ha tenido abuelos y tres bisabuelos. Mi abuela Rosina tiene 90 años y apenas se vino a deteriorar en los últimos 6 meses. Es la anciana más sensata y hermosa que he conocido.

Comencé hablando de James Redfield y terminé hablando de mi abuela, por qué. Por la vibración.
El ser humano resuena tanto con lo que tiene afuera como con lo que lleva adentro. Hay quienes persiguen el Shambala. Mi abuela sólo aspira llegar al cielo. Ya estamos en el cielo. La tierra siempre ha estado en el cielo. Quizás lo mejor sea no perseguir nada y sentarse a observar lo que acontece. Recibir el frisby y pasarlo. Oralmente, de una generación a otra, se otorgan los mejores legados: las anécdotas de vida. (el amor, la vida y la muerte).

Es Martes, decisiones importantes han de ser tomadas. Conversaciones profundas han de darse. Causalidades primordiales se sucederán unas otras para que tú, amigo lector, recuerdes algo que será importante. Recibí ese disco lunar plano y puede ser que sea para mí, pero me gusta pensar que es para compartir. Una bendición del Dharma, es para compartir.














lunes, 17 de octubre de 2011

¿Cómo te digo que te extraño si estás aquí?

Sucede que partiste y yo sigo hablando contigo. Largas conversaciones transcurren entre tu recuerdo y yo. Hablamos en la ducha, en el carro, mientras escribo y en un cuaderno a quién llamé  El buzón, un diario contigo. Es esencial tu amistad por estos días sabes... conversar contigo ahuyenta mis miedos. Aun cuando me haces preguntas de callejón cerrado y mi inconsciente se disfraza de ti para besarme.

Todos mis días son un duelo. Es una lástima que la esgrima me suene elitista y no tenga idea a dónde acudir para que me enseñen el arte de la espada. Aunque,  no sabría moverme sabes... ese traje blanco sería insoportable: me sentiría como un gato importado con ojos oscuros y empacado al vacío. Aunque empacada al vacío ya estoy... Tengo también ratos de silencio suspendido, de lágrimas de salmón y de lluvia asmática. La muerte es un oso pardo que me hace ojitos y por eso es que necesito la espada. Para pensar en ella como en un toro, en vez de un oso, con algo de suerte cabizbajo; al que el indulto por nobleza puede salvar. Una falda roja me ayudó hace poco a distraer la desgracia. Es la faena lo que debo aprender. Y no, no me gustan los toros. Ni adentro, ni afuera de la plaza. ¿Qué hago toreando entonces? Tú lo sabes. Toreo la vida con lo que haga falta. 

Por lo demás, sé que me gustan las luces, no importa en qué trajes: el esplandor de una ilusión sencilla; la fugacidad de una estrella; el algodón rosado que comen los niños y tus ojos de lince cruzando un océano en un guacal con alas.

¿Cómo te digo que te extraño si estás aquí? Necesito tu voz. Sin apego eso sí, eso está claro. Puedes desaparecer y nada pasa. Puedes dar la vuelta al mundo en 79 días y nada pasa. Puedes quedarte a vivir en uno de los polos y aquí sigues. Soy obstinada. 

Entonces para qué extrañarte después de todo. Es inútil tanta parafernalia. Es un juego quizás. Es divertido de hecho. Me distraes de la agonía que presencio. Me recuerdas frases del destino que yo no pude haber dicho mejor. Siempre tu imagen me invita a dibujar mi propio destino pase lo que pase, digan lo que digan. Sos grande vos. Carpe Diem












  










domingo, 16 de octubre de 2011

Las plumas no son sólo para volar



Las plumas no son sólo para volar, sirven para atraer, para llamar, para abrazar, para ahuyentar. Por eso quiero cambiar mi cabello por un plumaje esta noche. No necesito que sea de pavo real;  puede ser de lechuza o guacamaya. Quiero plumas en lugar de cabellos para que al dormir mi inconsciente pueda dejar recordatorios en los lugares donde estuvo. Para que mis sueños dejen de jugar con mi libido y en cambio, tengan el coraje de alzar el vuelo en soledad. Sería Psyque sin alas y sin pruebas. No tendría que demostrarle a ninguna suegra que soy digna de una deidad. Adoro ser humana aunque me guste lucir penachos como el de Moctezuma para variar. Sufría de insomnio el pobre... cómo no, con tantos decapitados por voluntad suya... el caso es otro, son las plumas. No pienso arrancarle plumas a ningún ave entonces voy a fingir que duermo con el penacho del atormentado Moctezuma. Volveré dormida al Valle de los Muertos y regaré las plumas por los escalones de la pirámide del sol. El ocaso de esa civilización bárbara que por suerte Américo Vespucio no dibujó (¿o sí?)
Las plumas me hicieron recordar Apocalypto la película de Mel Gibson con la profecia de la pantera... debo decir que me impresionó pero me gustó. Allí el hombre de América no era un hombre bueno. Era un cazador, un ser territorial, un arrasador de minorías. Los Aztecas eran sanguinarios y aquella metropolí se nutría de la guerra. Plumas y guerra. ¿Cómo diablos llegué aquí? Escribo al unísono con mi pensamiento. México como país me agradó enormemente. Repasando, creo que no regaré las plumas de Moctezuma. Sus dioses son más oscuros que el infierno de Dante. El penacho sigue siendo suyo. Sólo posé para una foto postal. ¿Cuántos emplumados habremos hecho lo mismo?
Lechuza, dije que quería plumas de lechuza. La semana pasada una de ellas pasó volando por la ventana de mi oficina. Hermosa. Suspendí todo lo que estaba haciendo para seguir con la mirada su recorrido. Cuando llegó a un árbol frondoso perdí de vista su plumaje. Era blanca, con algo de café en la cola. Insisto, era hermosa. Ya pequé de ambiciosa y no llegué muy lejos. Voy entonces a posar con plumas blancas sobre una almohada verde. Voy a darle alas a mi inconsciente para que vuele cerca de quien quiere estar, o voy a dejarlo cazar, tal vez tiene hambre y necesita un ratón para desayunar. Haga lo que haga, la condición es dejar la pluma de modo que quien me sueña también tenga la forma de recordarme.

viernes, 14 de octubre de 2011

Mandala: elementales en movimiento


¿Para qué pedir que se haga la luz
si el sol aún nos acompaña?

¿Para qué pensar en semana
cuando podemos sentir un instante?

¿Para qué la lluvia si ya no nos detenemos a apreciarla?

¿Para qué la brisa si pensamos más en mantener en su lugar una falda?

¿Para que la tierra si olvidamos como ararla?
Ya no hay cosecha de palabras dulces
de rociar las plantas y mimarlas
sólo inyecciones para tomates deformes
y zanahorias a la fuerza enanas.

Si a este caos pudiera regalarle algo
¿qué sería?
las últimas gracias que escribí en la arena de la playa.




miércoles, 12 de octubre de 2011

Instrucciones para tomar un autorretrato


1. Evite mirar la cámara. Eso lo pondrá más ansioso.
2. Use la de su computador, así tendrá que hacer maromas simples, nada complicado.
3. Use un color fuerte en su vestuario para que la atención se desvíe hacia él.
4. No se preocupe por la luz, la oscuridad siempre la acompaña.
5. Use lápiz labial claro, así creerán que sus labios son naturalmente rosados.
6. No esconda sus manos a menos que haya un motivo para negar su libertad.
7. Haga lo que haga, el que posa en usted es el niño que lleva dentro. Tenga eso presente.
8. En el caso anterior, dejélo posar. No se avergüence.
9. La práctica en este caso, no hace al maestro. Es mejor no abusar del lente. Puede usted llegar a sentirse deforme y no sólo peligraría su ego.
10.Saque la lengua en una foto y así le dará menos importancia al juego.
11.Comparta la alegría y ríase de su tristeza. Déjelo claro cada vez que tema dar click porque el día está raro. (como hoy, vean que ya me siento como un periquito azul)


"Así era"
"Así también era"

"Yo preocupada"
"Sonriente simplemente"

"Yo ella ( no la reconozco)"

"Yo elfa"




Club del miedo presenta: papá y mamá se van a separar


Pocas veces he visto un terror más genuino que el de los ojos de los niños cuando sus padres están en proceso de divorcio. Se resguardan en la casa de los amigos y repiten palabras que no entienden como juez y custodia; miran con anhelo al padre que aún vive en casa de su amigo y a veces incluso lo llaman papá cuando entran de jugar. Les gusta que los cuiden y no se molestan en serio por los horarios ni por los regaños. Todo con tal de estar en una atmósfera tranquila. De repente todos los amigos se vuelven hermanos y se protegen entre sí. Aquel que aún conserva el lujo de la familia unida comienza inconscientemente a estar pendiente de que los padres salgan juntos, de que la madre sepa dónde está el papá y los mima a ambos por igual para no sentirse luego responsable de una ruptura por haber amado a uno más que al otro. Esto que escribo es serio. Es un club de miedo. Los matrimonios cada vez más fugaces, sin importar la edad a la que uno se case, en medio de un montón de no-convenciones sociales -porque todo eso ha muerto- ha degenerado las familias a favor de egos individuales. Yo personalmente he sido un ejemplo de mujer salvaje que he llevado a mi hijo en diversas cruzadas paternas desde el vientre mismo y por fortuna en algún punto comprendí que estaba yendo demasiado lejos; que mi egoísmo era injusto y que era momento de crear un hogar compacto. Tuve entonces la suerte de dar con un hombre que ama a mi hijo como suyo y desde entonces hemos estado aprendiendo a ser padres a la vez que aprendemos a ser pareja. El ejemplo del amor tiene ratos de desamor, pero ahí también se construyen cimientos. Es la realidad sobre la dualidad de la vida.

Este Halloween me encantaría que los padres o madres que lean esta entrada, no seamos los artifices del Club del Miedo de nuestros niños. Por el contrario, me gustaría que seamos los héroes que se acercan a sus camas por las noches para dar el besito dulce. Me encantaría que pudiéramos regalarles la confianza de que en medio de nuestras imperfecciones ellos son una prioridad que escuchamos con atención. Pedirles la tarjeta del club y arrojar el miedo por la borda de una gorra que mira altamar.

domingo, 9 de octubre de 2011

Américo

De la mano del maestro Zweig estoy leyendo la biografía de Américo Vespucio. Historia de una inmortalidad a la que América debe su nombre y no sé con quién fascinarme más, si con Américo, el Novus Mundus, los portugueses, Saint- Dié o Zweig. Mientras las biografías de Borges, Napoleón y Bolívar me esperan regadas en diferentes puntos de la casa, la de Américo me acompaña en el bolso. Vi poco a Vespucio en el colegio, es más, no nos fijamos en él. Todo era Colón y sus navíos, las islas y sus nombres, los viajes y la conquista. Ahora es que reflexiono y luego de una amena conversación con mi padre es que noto que Américo no era más que un joven cartógrafo -italiano- que vino cuatro veces a describir cómo era lo que veía. Sus ojos no eran de ambición. Eran de asombro. Tanto así que comparó el Novus Mundus con el Paraíso del cual habíamos sido desterrados y dijo que el hombre de estas tierras era un hombre bueno, muy diferente al europeo que vivía por aquella época entre las hambrunas, las guerras, la inquisición y otros males. Treinta y dos páginas suyas fueron suficientes para publicar un libro con su visión y catapultarlo en la memoria colectiva de un continente que tiene por nombre, el femenino de su sombra. Jamás se imaginó Américo que sus mapas del aquel entonces Brasil... iban a terminar en manos de unos erúditos en Saint Deu y que uno de ellos por error o por fortuna iba a escribir América al final de los estudios, encima de unos de los mapas desarrollados por el grupo interdisciplinario. 

Mi entrada pasada fue sobre la insignificancia. Esta es sobre todo lo contrario;  sobre el sentido, sobre la permanencia que nos sucede más allá de todo. Creo en el sentido y el propósito que nos hace estar ahora aquí o en determinado lugar. Creo en la causalidad de todas las coincidencias. Creo en el poder anticipatorio de los sueños y creo sobre todo en las manos del hombre como su mayor objeto de logro. Las mentes de los hombres difieren, quizás por las marcas del pasado inherente a cada uno. Las manos son todas iguales y me gusta pensar que representan su voluntad de trabajo. Es entonces cuando me imagino a Américo Vespucio con sus tintas y los rollos de guarro. -Quizás no eran de guarro y los mapas no eran acuarelas- pero su trabajo tuvo que serlo, porque de lo contrario no habría logrado la poesía suficiente para viajar como una oda de una generación a otra.

Todo perece, hasta las creencias. Américo, nos regaló la cosmogonía exacta de nuestra tierra para que la Iglesia dejara de fanfarronear con expulsiones sagradas. Es lamentable que sigamos siendo tan ingenuos para proyectar paraísos celestes con condiciones terrestres. Seríamos más inmortales si viviéramos más plenos en nuestra mortalidad. Si pudieramos sólo dedicarnos a hacer las cosas que nos llenan de sentido. Si pudiéramos pensar diferente a James Bond en "El mañana nunca muere" y consideráramos por vez primera que el mañana ha muerto... ¿cómo seríamos entonces?




sábado, 8 de octubre de 2011

Insignificantes



Esta mañana desperté preguntándome si un ser que se siente insignificante equivale a decir que siente que no tiene significado alguno. No es lo mismo, ojo con el juego de palabras. In-significante puede traducirse también como un ego In (en) el significado de algo. Por la connotación de la palabra, la pobredumbre y la pestilencia, podrían parecer reinas pero ser rey de lo que apesta, es igual a ser rey de lo que no apesta. A la larga todos apestamos. Somos insignificantes. Vamos por la vida creyendo que somos alguien pero la naturaleza, a través de la muerte, nos demuestra diariamente lo lejanos que estamos de esta suposición. El mundo no se detiene porque "alguien" sea depositado en una fosa -común o corriente- El sol no deja de salir... todo sigue igual y sin vacío. Entonces nuestra insignificancia no es otra cosa que el vacío que somos. ¿Para qué llenarnos de postulados y palabras rimbombantes? No somos nadie. Creemos que nuestra profesión o nuestro oficio nos definen. Creemos que nuestra familia y nuestra sangre dicen de dónde provenimos ¡y qué va! 

Tal vez el pesimismo ha hundido el último barco de mi flota en ese tablerito de batalla naval. Tal vez no hizo ni siquiera falta el pesismismo para que el barco dijera: no quiero jugar más. Quizás la vida no sea más que un juego y nosotros nos la pasamos tomándola muy en serio.
Sea como sea, a ratos uno quisiera morir en lugar de ver morir. Ser el sujeto que termina en la fosa, volver al vacío sin preocuparse por la forma.


jueves, 6 de octubre de 2011

El ruido del silencio


Ocurre que los matices del silencio llegan cargados de voces y ruidos. La ciudad es una locomotora de ruidos, un ser andante atestado de trancones, de pitos, de niños que corren y gritan, de otros que simplemente gritan sin correr. Da lo mismo si la ciudad es costera o del interior. Todas gritan. Aullan en el día entre las gentes que las transitan y las pocas que aún las caminan.
Caminar una ciudad es muy diferente a transitarla. Eso se da desde la planeación de sus vías y bien sabemos que no somos diestros en planeación. Para la muestra el tunel de occidente que siendo una vía esencial en el comercio no da para los contenedores de 40 pies. Pero no quiero desviarme del ruido. Somos capaces de hacer más ruido con una mirada que con las palmas mismas. Una mirada de reprobación por algo, es casi una amonestación. Y el no estar haciendo nada es equivalente a muchas auto-miradas de reprobación.
Para uno escuchar el silencio, debe en primer lugar, cerrar los ojos. Así tendrá menos tentaciones de andar juzgando lo que ve. Recomiendo hacerlo al estilo de Fogg cuando se sube al bus que lo llevará al museo donde se encuentra el cuadro de Blaklacke -en el Paseo de la luna-  O mirar una foto como la de tulipanes de Sinan Karapinar... al cabo de un rato, uno podrá escuchar su propio corazón y aunque es un poco traumático al comienzo, resulta relajante después. El tacto se hará agudo una vez los ojos se cierren y sentirás el viento que roza tu oído o la hormiga que amenaza con hacer camping en tu pie.
Necesitarás permitirte no hacer nada por un tiempo, de lo contrario sólo habrás acumulado ansiedad y para qué...
Es probable que algunos problemas no resueltos quieran pedir su turno para hablar contigo. Tienes toda la libertad y el derecho de escucharlos o enviarlos al mismo lugar de dónde salieron; pero ya sabes que cada vez que hagas silencio, querrán abordarte en busca de una solución. Evacúa uno a la vez y así no te sentirás exhausto al final o has un nudo gordiano con ellos y no te sientas culpable por tal gesto. Al fin y al cabo, sólo son problemas.
Ojo con la música. Los mejores conciertos son de silencio. Y he visto quienes tienen las mismas melodías en sus casas y en sus carros. Todo les suena siempre igual y según ellos, apacible. Al diablo la rutina de los sonidos. Hay que bajarse de todo lo seguro, lo confiable, lo conocido. Subirse al universo de lo insospechado en un motor de dos oídos, muchas válvulas y ningún caballo de fuerza.
A este punto quizás ya esté escribiendo sin sentido... pero me lo permito... lo estoy haciendo desde un silencio entre gris y azul. Mis silencios tienen colores, vienen como los crayones -pero sin caja- y el silencio de hoy, como dije, es entre gris y azul. Azul grisaceo. Los tuyos deben tenerlos también. Basta con cerrar los ojos y ponerse bajo el sol. Te sorprenderás de ver colores con los ojos cerrados.
Silencio y Sol, dos S son la receta para el ruido de esta entrada.


lunes, 3 de octubre de 2011

Cartagena bajo la lluvia

Cartagena bajo la lluvia luce gris. Intenté coquetearle con mis hombros destapados pero sólo logré que su cielo me regalara una mueca y el agua mojara mis dedos ansiosos de tocar la arena. Quise hacerle un par de preguntas pero noté que la ciudad no me contesaría. Lleva siglos haciendo eco con su propio silencio.
Cada vez que recorro las murallas me pregunto por el horror que vivieron los que estaban dentro cada vez que un barco enemigo se acercaba con la intención de llevarse el oro.
Por otro lado me producen fascinación las casas con sus puertas anchas y pequeñas. No sé si los hombres y mujeres de entonces eran enanos o era una prueba más para los asaltantes extraños.
La bahía a esta hora es bonita porque todo parece regresar. Los veleros, los barcos de contenedores, los cruceros. Todo llega...
Y sí, no voy a negarles que estoy meláncolica. Lo estoy. Veo la marea y  quisiera fundirme en ella, no tener que pensar hacia adónde voy. Simplemente ir y estar sin necesidad de estar decidiendo a cada instante banalidades como qué me pongo, qué voy a comer, voy a salir, ¿he de llamar a alguien?
Espero que mi melancolía no los aburra. Mientras tanto voy a no decidir publicar esta entrada, simplemente dejaré que sea marea de una ola...