jueves, 11 de agosto de 2011

Palabras de recreo

Tengo todas las palabras de recreo, como si al abrir el diccionario en la oficina se hubiesen escapado para esconderse en los cajones, fijarse en el corcho, hacer llamadas de larga distancia y alejarme de mi preciado silencio. En frente mio la palabra Carnaval se ríe de mi postura seria y de la indiferencia que le doy a ratos para evitar untarme de su amarillo y terminar saliendo por un café; con una máscara y los labios mal pintados. En el corcho, el sticker rosa está peleando sus fronteras porque el "mamá te amo" de repente se vio invadido por un codazo de la palabra libertad... La basura me está gritando que todo en ella es reciclable y lo último que veo es una carta que escribí nueve veces y rompí diez, para finalmente enviar el fragmento que creí más apropiado y más cercano a lo que quería decir. De regreso a las palabras, una me hizo estornudar, debió ser Pluma y de quién sabe cuál animal. Suena la campana y anhelo que regresen a su lugar, tengo el diccionario abierto pero ninguna se ha asomado a nadar. Yo necesito dar clase en la letra O de olvidar. Y tengo perdido el alfabeto entero en el archivo y los brochure donde caben por completo.
Ya sé, me haré la que no me importa. Iré a conversar con alguien a ver si me siguen o se quedan estropeando mi creatividad. Salgo, voy a la recepción y no escucho ni un murmullo. Converso un rato, me relajo. Regreso al puesto y al abrir de nuevo el diccionario... hojas en blanco y dibujos Larousse es lo único que encuentro. Peor, ahora las imágenes amenazan con salirse. Lo cierro y lo pongo de pie en su lugar. Quizás sea eso ahora que lo pienso. ¿Qué pueden sentir decenas de miles de palabras estando días de pie sin quién las busque? Me siento infame. Como una zombi trabajando en una morgue. ¿Palabras mías, no ven cuánto las aprecio? Las he puesto de pie porque me pareció más propicio, ustedes no saben lo que es estar acostado, lo que es vivir sintiéndose enfermo. Aunque si lo prefieren, vengan, vuelvan a sus puestos y les prometo que las acuesto. "No diga, Diga" de Alberto Serrano me sugiere no negociar  más con ellas. Ya hicieron su fiesta, ya es hora que decidan dónde quieren estar. Son las 5:18 p.m., tienen hasta las seis para regresar. De lo contrario son exiliadas no políticas. Ah, que es una manifestación pública por mi excesivo uso de Google como diccionario. ¿Qué tal? Pero si la Rae está en línea...  lo último que esperaba encontrar era un recreo de palabras celosas.


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