jueves, 28 de julio de 2011

Me receto un día de silencio



Me receto un día de silencio como sí se tratara de un ayuno. No silencio de retiro sino silencio de ciudad. Ser capaz de levantarme y no hablar ni para dar los buenos días ni para salir a trabajar. Un día sin contaminar. Escuchar por ejemplo el trueno que ahora sacude mi cielo y sentir cómo suena... diferente.
Llegar a la oficina y no hacer estación en ningún lugar, no hablar con nadie, ni siquiera con mi reflejo en el espejo las cuatro veces que voy al baño en la mañana y las dos o  tres, que siempre son menos en la tarde. Hacer silencio, no pedir nada, ver que llega. Dejar que la extensión suene y negar con los dedos si es urgente cuando vengan a buscarme.(Lo siento. No puedo pasar.)
Me receto un día de silencio como si estuviera afónica. Como si mi voz se hubiera ido y con ella mis ganas de comunicar. Tampoco le daría permiso a mis manos de andar escribiendo mensajes de aquí para allá. Ayuno. No diría te amo; y sería raro pasar un día sin decirlo. Tampoco diría te extraño en palabras simples y eso sería más raro aún. Comenzaría a llover y yo no me quejaría por el frío. Se me atravesaría un auto en la vía y no le pitaría como es usual. En últimas, no sería ni proactiva ni reactiva.
Sería un ser silente. No sé si podría soportar los juegos electrónicos de mi hijo y si podría suprimir la órdenes que doy cada noche de Apagar y A Dormir pero algo se me ocurriría para entonces, de modo que mi ayuno no se vería saboteaedo.
El verdadero problema sería entonces la noche, cuando llegues tú. Cuándo quieras hablar de mí día y quieras contarme el tuyo. No tendría más remedio que hacerme la dormida para evitar comparaciones y que tú creas que estoy jugando a la sirenita.
Y luego qué... despertaría otra vez con los ruidos del mundo jugando a hacerme insoportable la vida. Con la guadañadora del martes como el peor. Con los aullidos de mi perro en segundo lugar y con mi voz irreconocible siendo grabada para el tiempo en las paredes que se creen mi hogar. Una voz que ni yo reconozco cuando es grabada porque siempre suena a alguien más. Quizás por eso prefiero la imagen, así uno no guste del reflejo uno sabe como luce. Uno jamás puede confiar en cómo suena. Siempre está el tono, el timbre, el momento.
Estoy en mute ...el ayuno no ha comenzado pero desde ya no quiero oírme. Mis notas estan bajas y sé que la voz que quiere salir, está triste. Lo lamento, no tengo tiempo para tristezas inútiles ni para soledades inventadas. Sellaré mis labios como el sobre de una carta y haré lo propio con los pensamientos que ascienden y descienden desde este finito mío, como si se tratara de pimienta molida, para un mundo condimentado con toda clase de especias.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta eso del trueno que sacude mi cielo. Una forma poética de hablar del ruido que hacen tantas imágenes, ideas y pensamientos en la mente. Quizás te lo robe para mí.
Gracias querida Claudia por tu desparpajo.
Angel