jueves, 21 de julio de 2011

Auxíliame Leandro, que en Leuconóe me pierdo

No pretendas saber (que es imposible) 
cuál fin el cielo a ti y a mí destina, 
Leucónoe, ni los números caldeos 
consultes, no; que en dulce paz, cualquiera 
suerte podrás sufrir. O ya el tonante  
muchos inviernos a tu vida otorgue, 
o ya postrero fuese el que hoy quebranta 
en los peñascos las tirrenas ondas, 
tú, si prudente fueres, no rehúyas 
los brindis y el placer. Reduce a breve  
término tu esperanza. La edad nuestra 
mientras hablamos envidiosa corre. 
¡Ay! goza del presente, y nunca fíes, 
crédula, del futuro incierto día.


Leandro Fernández de Moratín
Traducción de Horacio


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Auxíliame Leandro, que en Leuconóe me pierdo. Yo la entiendo. Una vez se consulta el futuro incierto uno cree vivir esa ilusión tardía... como si se tratara del presente mismo. Cuentas los minutos, los días, las horas y sin darte cuenta te vas consumiendo. El forastero prometido nunca cruza tu ventana y tu vestido de lino de repente tiene más arrugas que tu cara. Dime ¿cómo hago para reducir a breve mi esperanza? Las mujeres buscamos el amor en una tirada de cartas. Los hombres sacan números para cubrir apuestas y remontar hazañas. Así  ha sido desde el principio y nada ha cambiado desde entonces. 
Vivo en invierno en una ciudad de primavera. Auxíliame Leandro que no soy prudente y ya olvidé cuándo fue la última vez que brindé de corazón . Tal vez estoy equivocada y es a Horacio a quien deba acudir. En su oda original no menciona la esperanza y es Júpiter quien regala inviernos como si los años fueran garantía de una buena balanza. Si regalara templanza, tal vez... Ahora estoy es confundida entre las dos Leuconóe. Vaya suerte: yo soy Leuconóe. La tercera, la cuarta, la quinta o la trigésima. Gozaré del día que termina y dejaré guardada mi curiosidad de mujer.

  








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