miércoles, 29 de junio de 2011

El Beso de Rodin


La historia de esta escultura está cargada de luces y sombras; de erotismo y censura, y de naturalidad por encima de todo.

Antes de crear la versión en mármol, Rodin produjo varias esculturas menores en yeso, terracota y bronce. En principio fue llamada Francesca da Rimini, nombre de uno de los personajes del Infierno de Dante, que se enamoró del hermano de su marido, Paolo, a su vez casado.
Enamorados mientras leían juntos la historia de Lanzarote y Ginebra, fueron descubiertos y asesinados por el marido de Francesca. En la escultura puede verse el libro en la mano de Paolo. Sin embargo, cuando los críticos vieron la escultura en 1887, sugirieron el título menos específico de El Beso (Le Baiser) en lugar del de Francesca da Rimini.

En 1888, el gobierno francés encargó a Rodin la primera versión en mármol de El Beso de gran tamaño y apareció por primera vez en el Salón de París en 1898.

En 1900 el americano Edward Perry Warren le hizo un encargo a Rodin de reproducir la escultura pero con "los genitales completos" al estilo griego antiguo. Y así se realizó. Sin embargo por razones desconocidas la escultura estuvo una década en el establo de Perry antes de ser rescatada y subastada como la obra de arte que es.

Detrás de la elaboración de las esculturas de Rodin está una mujer: Camile Claudel. También escultora y modelo. Amante de Auguste, su relación es registrada en la historia como complicada, conflictiva y con continuas interrupciones y crisis. ¿Y de qué otra manera puede ser la relación entre dos artistas de la misma disciplina? Entre el roce y el goce hay centímetros de fricción y emoción.

En El Beso, el erotismo está en la proximidad, en la mano de ella en su cuello, en la mano de él en su pierna, en esa desnudez de juventud donde la masculinidad se lleva puesta y la femineidad juega con las piernas semiabiertas.
...me dieron ganas de ir a Paris a recorrer su museo. A visitar también el Louvre para pararme frente a Eros y Psyque y subir las escaleras debajo de las alas de la Virgen de Samotracia.
Me antojé de arte sin darme cuenta. De todas las National Gallery que he visitado. Desde Toronto hasta Londres haciendo una escala por qué no, en el museo de Ripley. Nadie sabe, lo que se podrá conservar del mundo si en efecto el fin está cerca y lo que conocemos como humanidad está amenazado por convivencia.

Si el hombre tuviera que comenzar de cero, desde la edad de piedra, que nos dejen entonces conservar El Beso, para que sepamos distinguir esta vez entre lo erótico y lo violento.

martes, 28 de junio de 2011

¿Cuál desobediencia?

Desde niña me enseñaron a ser obediente. Es más, en una ocasión, en el colegio, me obligaron a guardar silencio con cinta en mi boca (cuando sólo tenía 4 o 5 años) como medida disciplinaria por mi exceso de preguntas. Tuve que callar pero recuerdo ese hecho como uno de los actos más violentos e injustos que he vivido. El no derecho a expresarme. Eso me llevo a buscar maneras escritas de hacerlo; formas secretas de revelarme contra el establecimiento nuclear: mi familia. En esos diarios, mi yo adolescente detonaba toda la ira que sentía, frente a la arbitrariedad de las medidas del gobierno paterno: hora de entrada y compañías permitidas. Era la época de Pablo Escobar y ya una bomba había destruido nuestro hogar; entonces era medianamente comprensible que mi padre fuera sobreprotector. En aquel entonces, no había celular ni modo de localizarnos una vez salíamos a comer la noche y a dejarnos seducir por la rumba de discotecas y fondas. Pero aún así, yo siempre procuraba llegar temprano. Era esclava del reloj. Tanto que recuerdo una vez en Bartolomé, con un taco en el parqueadero que nos retrasó; llegué a las 12:15 a.m. Quince minutos después de mi hora permitida y lo que siguió entonces fue una cantaleta desmedida basada en la desconfianza de mi madre sobre si yo ya había iniciado mi vida sexual. "Te pide la mano y te coge el pie"... para colmo tenía prohibido cerrar la puerta del cuarto entonces el único lugar para llorar con un poco dignidad era el baño. Tenía que ser obediente. Era la mayor. Era ejemplo para mis hermanas.
Mi bachillerato fue de una aburrición total en términos de obediencia. No digo que estudiar no fuera placentero, porque para mí siempre lo ha sido pero creo que me saqué dos boletines en 6 años, uno de orden y uno disciplinario. El último fue el más divertido. Tanto que no se me olvida. Fue con Luz María Posada en la clase de ciencias de Betty. Estabamos analizando el efecto de las ondas en una ponchera con agua y empezamos a jugar y terminamos con la ponchera encima del uniforme de cada una. Inmediatamente nos dieron boletín y aunque me dio susto llevarlo a casa... lo disfruté.
Lamento no haber sido un poco más necia o haberme dejado llevar un poco más de Luzma, que por cierto, hace años no veo. Ella fue la que me inicio en el juego de uva curuba uva que mencioné en una entrada anterior y fue ella la que describió el arte de besar como "dos pescaditos" si mal no recuerdo.

Ahora mismo estoy leyendo Desobediencia Civil y tuve que buscar en mis recuerdos sí había algo rescatable de desobediencia individual para poder pensar en sumarme a una desobediencia civil justificada. Lo único que puedo confesar es que no he votado en 10 años. Inscribí la cédula la última vez en Londres y desde entonces, he sido políticamente incorrecta. Negligente pero no desobediente ¿o sí?

Cada urbe es la sumatoria de burbujas individuales, de las que francamente, es incómodo salir. Si uno pudiera quitar a los desplazados de los semáforos o aquellos que hacen de mineros o mimos, uno los quitaría. Y no porque uno piense que ellos son malos y uno no. Al contrario. Por miedo. Por temor que la burbuja se rompa y los papeles se inviertan. Uno en el semáforo y un desconocido subiendo a la carrera el vidrio antes de presenciar nuestro acto y darnos unas monedas con qué alimentarnos.

De lo que si padezco es de desobediencia informativa. No creo en lo que se dice en los medios. No me gustan los programas radiales de mayor sintonía, ni lo parcializados que están algunos medios impresos y sobretodo lo truculentos que se han vuelto algunos noticieros.

lunes, 20 de junio de 2011

La voz



Me reta escribir en femenino.
Me aproximo pero no lo logro. Me devora mi ternura. Me abruma mi sensualidad. Estoy desnuda.

Hay una herida. Algo que jamás cicatrizó. Una sumatoria de dolores de alfiler. Un budú que se quedó suspendido en algún lugar de mi tiempo, en un locker de colegio; en unos zapatos blancos con azul. Tuvo que ser ahí, no sé dónde más pudo quedarse a medio camino, mi femenino...
Fue allí donde comencé a encorvarme para que mis senos no fueran vistos. Fue allí donde nunca entendí porque al decir Uva Curuba Uva, las demás sabían si uno había besado o no.

Era mala para el deporte, pésima para necear. Sólo sabía leer, pintar y escribir. El taller de Jairo era lo mejor. Aún recuerdo una deidad mexicana que decidí tallar en madera y un collage que se armaba uniendo puntos de a tres en tres. Tampoco olvido a Ligia Castañeda y su clase de español. Y aquella mañana en que les leí una tarea sobre las vacaciones que incluía "aquellos rayos de luz malva" haciendo referencia a una finca con grandes castaños por los que poca luz llegaba hasta el suelo. Las burlas de mis compañeras...

Alguna vez tuve una voz en femenino para escribir. Era mi voz. La tuve conmigo quizás hasta que las uvas cayeron por unos ojos verdes. Nublaron mi razón. Daniel... en un largo aliento, cambió mi norte por su tacto, y me invitó a recorrer su mundo con todos los brios de un adolescente colombo argentino. Con él supe que era tomar mate y el valor de una empanada hecha por su abuela. Durante tres años y tres meses sólo escribí versos para él. Versos que por cierto nunca he revisado. Allí entre su aliento y el mío pudo confundirse mi voz. Por cada beso una uva y con el tiempo la coraza de mi corazón se quedó sin curuba.


¿Dónde más se desperdigó? En cada hombre que amé.

miércoles, 15 de junio de 2011

Batallas del Champiñón



La nueva novela de Guillermo Cardona Marín

"Una gran hecatombe sacude al mundo y durante 150 años la humanidad es devastada por el odio y e hambre; el hielo, el fuego y el terror; la sed y la barbarie. Y fue así hasta una gloriosa mañana (algunos dicen que un 12 de octubre, otros que un 12 de diciembre), cuando el sol se levantó airoso sobre las montañas, en un cielo azul con motas blancas.

Nada de lo que había en la Tierra estaba intacto. Todo era pobredumbre y desolación. Pero de esos túmulos putrefactos, de esas cuevas nauseabundas y de esos repugnantes socavones, empezaron a salir los pocos sobrevivientes y entonces, los que se encontraban, aún sin conocerse, reían y lloraban de alegría, de remordimiento y deseos de reconciliación, y por primera vez en muchos, muchos años, los hombres se abrazaron como hermanos...

En los primeros años de esta Nueva Era, la gente logró sobrevivir comiendo hongos y champiñones, y en honor a tan insignes representantes del reino micota, al nuevo continente sudamericano (o a la Confederación de familias que se formó en lo que quedaba de él) se le bautizó como Champiñón, y a su capital, Los Hongos.

Este es el abrebocas al lanzamiento.

El autor conocido por La bestia desatada y de El Jardín de las delicias, tiene amplia experiencia también en el humor.

Esta nueva novela sorprende por su título y los osados nombres de los personajes: Elena Champiñón de las Cavernas del Nus y Alejandro Raícesamargas de Machu Picchu entre otros.

Habrá entonces que tomar un pimentón y entrar en la lectura con contemplación.

sábado, 11 de junio de 2011

Guayabito


Ese era el nombre de la finca de los abuelos. Rodeada de caña y ganado. Allá en Santiago, un pueblo entre la selva y el Cauca. No sé cuántas veces alcancé a ir de niña pero lo que mas recuerdo es el caballo. Uno sintético de medio cuerpo y ensillado; ubicado al oriente vigilando el corredor y la noche. Los primos nos turnabamos para montarlo y le tocábamos los ojos como si fueran ciertos.
También recuerdo una marranada en particular que me hizo llorar hasta que sólo el escondite me aseguró no escuchar aquel lamento. Cuando salí, ví a los primos sobre lo que quedaba del marranito chamuscado y pasé hambre en señal de protesta.
La piscina era de piedra, un manantial helado con lama verde que se le pegaba a uno al menor contacto. Pero era piscina y nos sentiamos los más afortunados. También había quebrada, pero hasta allá había que bajar con mucho cuidado. Las piedras eran lisas y las caidas peligrosas.
En el lote de papá alcanzamos a volar una cometa irisada. El tenía el primer cuerpo mientras nosotros le sosteniamos la cuerda y entre todos le dabamos alas. Fue una tarde de las más bonitas...
Era inocente Guayabito mientras fuera de día. Era pecaminosa en la noche mientras nosotros dormiamos. La oscuridad de esas paredes era absoluta. Los cuartos enormes y las camas altas parecían más literas de una guarnición de alcohólicos y sus consortes que una posada decente para familias.
En Guayabito entre la caña y el trapiche el demonio líquido comenzó a fijarse en mi padre. Se fijó en él porque era el que menos tomaba; él que se acostaba temprano, él que sabía parar. Y a ningún demonio le gusta que lo reten. En mi padre encontró un par. Ahora ese demonio se lo quiere llevar y soy yo la que le dice que se va a tener que esperar. Lo siento. No lo pienso soltar. Puede quedarse con el caballo de Guayabito si quiere. Si lo encuentra.

viernes, 10 de junio de 2011

Cómoda en gris

Gris el cielo, el asfalto, mi sweeter y mi alma. Gris el martini que no puedo beber y el humo que jamás me he fumado. Siempre procuré hacer todo bien. Y no hay peor error que no tener la osadía de equivocarse. Educada por monjas, o lo que quedaba de ellas, me dediqué a buscar el 10. A saber. Como si el saber tuviera un color definido o un lugar específico de almacenamiento. Perdí mis mejores años buscando razones, lógicas, explicaciones. Aparenté una perfección estúpida y caí en el agujero de mi desesperación. ¿Cuál saber? Idealista y romántica no veía la mole sobre mí. Creía que con mirar el cielo el piso se hacía lejano y qué va, nunca volé. Alguna vez creí desdoblarme y otra le hice creer a un hipnotizador que me tenía en sus redes. Mentí. Ni me desdoblé ni fui hipnotizada...
Continuará

jueves, 2 de junio de 2011

Más movimiento más color

Puede lucir estrafalario, lo sé. Puede parecer incendiario, también. Pero era necesario darle al blog circulación propia. No había visto la plantilla antes. No sé cuánto dure instalada como fondo. Pero es apropiada para el momento y lugar. Para decir que la ciudad no es gris, es del color de los taxis que pululan y los buses que arremeten. Si mirara a Medellín desde el cielo sería verde y amarilla como una guacamaya de alas abiertas.