jueves, 31 de marzo de 2011

La Mora Negra


Hace poco me llegó un correo explicando el origen etimológico de la Blackberry y me pareció interesante traer un extracto del mismo al blog. "¿Por qué la BlackBerry se llama así? Le pusieron así porque cuando había esclavitud en los Estados Unidos, a los esclavos nuevos se les ataba una bola negra de hierro muy irregular con una cadena y un grillete al pie, para que no escaparan corriendo de los campos de algodón. Los Amos, para usar un eufemismo le llamaban "BlackBerry" porque se asemejaba a dicha fruta. Ese era el símbolo antiguo esclavitud que decía que estaría forzado a dejar su vida hasta perecer sin poder escapar en esos campos de siembra. En los tiempos modernos, a los nuevos empleados no se les puede amarrar una bola de hierro para que no escapen, en cambio, se les da un "Blackberry" y quedan inalámbricamente atados con ese grillete, que al igual que los esclavos, no pueden dejar de lado y que los tiene atados al trabajo todo el tiempo. Es el símbolo moderno de la esclavitud.¨ Como escritora, confieso que aún procuro usar las cosas para lo cual fueron creadas: el teléfono para llamar, el mail para comunicarme, las cartas para jugar y así. La tentación del Blackberry existe porque sin duda facilitaría varios procesos en uno pero me dejaría sin silencio y necesito silencio para crear. Estar atada a lo último en tecnología no significa necesariamente, producir lo mejor con ella. Quién de nuestra generación no recuerda como era salir sin teléfono. Esa libertad. Esa cogida de mano con el novio que no tenía ojos para otra cosa sino para mirarnos. La música en el bar, la ida al baño compartida entre amigas para chismosear, no para revisar correos o borrar spam. En esa época los papas le echaban a uno la bendición en lugar de cerciorarse de que el teléfono estuviera en el bolso para localizar. Y cuando uno salía en barra, salía a conversar. No me he fijado bien qué tan grandes son los grupos actuales pero me atrevería a decir que salen menos a programas así y tienen mucho menos que decirse. Pero yo también puedo estar equivocada y quizás sea cuestión de un teléfono más. Adictos han existido toda la vida desde que a Bell le dio por inventar dos vasos comunicando cuartos.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Al hombre gris

A M.M. Una sola ciudad lo ocupa y todas las demás se la recuerdan. Empaca su maleta y empuña el tiempo con la llave cifrada de su madriguera. Sale con destino conocido pero se distrae tan pronto llega al aeropuerto: la mujer de camisa azul, el señor que vende habanos y aquel niño que insiste en lustrar sus zapatos. Los observa... y entonces es capaz de predecir la fatalidad ni aquel hombre, ni la mujer, ni el niño volverán a cruzarse en su camino. Muerte al cubo. Lo no nato, lo abortado, lo negado; todo eso camina en su sombra cómodamente. A su llegada, camina rápido y las imágenes se disuelven entre compromisos y cafés recalentados. De vez en cuando se filtra el tono de una voz atenta que nunca se parece a una voz cualquiera. Es la voz de un lector o lectora que de veras ha leído su obra. Entusiasta, responde a las preguntas y algo se ilumina cuando siente el eco de sus palabras en otras bocas. La crueldad lo libera por dos segundos sólo para recordarle que muchos siguen ciegos, que debe continuar su lucha y abrir otros tantos ojos. Se toma una botella de agua sin gas y está listo para la próxima faena.

viernes, 18 de marzo de 2011

¿Es la literatura escrita por mujeres sólo para lectoras mujeres?

Yo diría que no. Hace poco escuché esta afirmación y me pareció inexacta. "El lector" a mi modo de ver no tiene un género definido. Es el misterio al cual nos enfrentamos todos los escritores: ese amigo que nos tiene esperando en la mesa de noche o que se siente cómodo con nosotros viajando en un bus. La elección de ese amigo(a) por nuestra obra muchas veces es impulsiva, otras deliberada por la atracción hacia el tema que proponemos y algunas, por referencia. Sin demeritar la labor de los medios por supuesto: la publicidad, la ubicación en el carrusel, la recomendación del asistente en la librería y así... muchos factores que confluyen para que un libro pase de ser papel a ser lectura.
Ahora bien, sobre la pregunta inicial, ¿escribimos las mujeres para un público femenino? tal vez muchas escritoras dirían que sí. Somos intimistas y nos gusta hacer alarde de ello. Creemos conocer a nuestras congéneres por compartir el efecto hormonal y pecamos en ese convencimiento porque queremos exaltar nuestros valores y nos cuesta reconocer nuestras falencias. Llevamos poco en el oficio dado que hasta el s. XIX se consideraba inadecuado para una mujer.
Hubo poetisas griegas, andaluzas, y participes de cancioneros en la edad media, también unas pocas en la época de oro y en el romanticismo. La mayoría escribía a escondidas y tenía acceso a la lectura por su posición . Pero no estaban dedicadas de lleno a la literatura. ¿O sí?
Si es cierto que el que escribe es porque tiene mucho que decir, los siglos de silencio nos amontonaron a todas sobre una corriente de palabras, hicimos fila en las universidades, entregamos a los niños y nos hicimos doctoras en filosofía.
Las estadísticas revelan otra cosa.
"En el libro Literatura y mujeres de Laura Freixas (2000) se hace referencia a la revista española Qué Leer, que en el año 1999, anunciaba en portada: <libros más vendidos de 1999 tienen firma femenina> Los resultados de la lista de obras de autores de lengua española publicadas a lo largo de ese año, enviados por las editoriales más representativas de cada género eran los siguientes:
– En narrativa, los porcentajes enviados por las editoriales Alfaguara, Anagrama, Destino, Planeta, Plaza y Janés, Seix Barral y Tusquets, es de
76% hombres y 24% mujeres;
– En poesía, los porcentajes enviados por las editoriales Hiperión, Lumen, Tusquets y Visor, es de 78% hombres y 22% mujeres;
– En ensayo, los porcentajes enviados por las editoriales Anagrama, Ariel, Crítica y Taurus, es de 85% hombres y 15% mujeres.
Por otro lado, unas palabras de la entrevista que ofreció Rosa Regás, nos dio la idea de buscar datos concretos y cifras sobre la presencia de la mujer en la literatura actual. Nos decía Regás: “(…) las editoriales no hacen ninguna diferencia entre hombres y mujeres. Lo que nos hace distintas es la visión de los críticos que siempre prefieren hablar de hombres, o de las instituciones que no nos aceptan como tales convencidos como están de que la literatura es cosa de hombres. Véase si no, la Real Academia Española de la Lengua y otras muchas reales Academias de este país.”
Las mujeres y la literatura, su literatura, los lectores y la crítica. ¿En qué momento se coló la crítica?

El Pequeño Periódico y los sentidos

Colombia In - Tacto es el volumen No. 91 de esta publicación que desde hace unos números nos viene sorprendiendo con una exploración a los sentidos.
Después del olftato y el oído, le llegó el turno al tacto, el más universal de los sentidos
"Mientras las bombas caían, el grupo conversaba, leía, brindaba. El lugar era pequeño, estaban casi apretujados, parecía una aglomeración pero no lo era. No se tocaban, se cuidaban de rozarse siquiera. Tocarse podría resultar peor que las bombas. La represión del tacto era la máxima norma. Aquello no era diplomacia, era la hipocresía como estilo de vida. Todos hablaban con todos, en eso eran democráticos, pero se cuidaban de expresar las fobias que alguno generara a los otros, bien por sus ideas, rango socio económico o por ser inmigrante... Y afuera caían las bobas. (Editorial)
Los invito a buscar este ejemplar y a dejarse sorprender por su contenido.

lunes, 7 de marzo de 2011

Tu espalda

Erguida sobre tus nalgas
se levanta con fuerza
tu espalda.

Como una larga cordillera
asciende hasta tu cuello
salvaje y espesa.

Mis manos
que todo lo exploran
adoran aventurarse
en recorrerla entera.

Y disfrutan
en especial
de ese valle existente
en la mitad de ella.

Ese valle
que antes pudo ser un rio
hoy es mi camino
a la hora de explorar tu cuerpo
y amarme en ti.