lunes, 31 de enero de 2011

Entre blondas y palabras

Fotografía: Jose Luis Ruiz

En un puesto de revistas, los papeles no se anuncian; tienen la potestad de saber esperar hasta que un transeúnte pregunte por ellos. Da lo mismo si se trata de periódicos o revistas, todos esperan en una masa mancomunada donde el blanco y negro prima sobre el color. Sólo le temen el agua que a veces no da tiempo para ampliar el toldo y mantenerlos a todos legibles, y por ende a salvo.

Don Agustín lleva más de la mitad de su vida sentado en butaca. Ofrece mapas de las ciudades, los principales periódicos y aunque no es de su agrado, un par de revistas porno que rotan más que las ciudades. Lo local y lo foráneo se dan guerra en papel pero mientras uno compite con palabras, el otro se luce con blondas descarriadas. Los calendarios los expone todo el año y no falta quien le pregunta por el pielroja que a él le llega por cortesía y que por más que se exponga, no está a la venta. Eso sería dejar la colección sin una pieza y para Don Agustín eso marcaría un error imperdonable. Es entonces cuando recuerda que una vez intentaron robarle el de 1982 pero el fue más astuto y le prendió fuego al abrigo del que se hacía pasar por muy gentleman. Ahora las que parecen prendidas son sus manos, que de tanto trabajar con papeles hasta sin huellas se han quedado. El Cruci Mes escucha al radio y el viejo jura que es de ahí que saca tanto vocabulario.
Octavio, el del puesto vecino le pregunta si ya van a almorzar a lo que Agustín accede mostrando su coca. Sin embargo justo antes de levantarse siente un agudo dolor en el pecho. Se lo agarra como si quisiera sacarsélo. Intenta pedir auxilio pero le falta aire. Las revistas se dan cuenta del incidente y acostumbradas a relatar infartos de famosos se avergüenzan de no poder gritar auxilio para salvar al hombre que las ha abrigado por tantos años. Octavio a duras penas si entiende lo que sucede. Toma de una mano a su amigo y de la otra grita desesperado. Es tarde. Para cuando llegan los paramédicos con la ambulancia Agustín tiene su cabeza recostada sobre la butaca, no respira, no se halla. La única que aún lo espera es la coca con la comida intacta que a estas horas se pregunta por qué carajo no la han abierto para ver la luz como dios manda.

sábado, 29 de enero de 2011

Verdades de un sábado en la noche

No vamos a salir. No hay para qué arreglarse a menos que quiera retratarme en la webcam y chatear un rato con amigos que jamás conoceré más allá de la red y sus palabras. Es cierto que yo podría salir por mi cuenta y entonces sí tendría sentido arreglarme pero la pereza supera mis sentidos y el hogar al menos ofrece seguridad. La canción de Yolanda llega hasta mi ventana, colada quizás por el capricho de un vecino romántico o una fiesta que la tiene en su repertorio. No llueve. Cuatro girasoles adornan mi sala y tampoco danzan. Apenas son las 8:00 p.m. y para mi la noche se está terminando. A las 9:00 me doy las autorizaciones de rigor para un somnífero indispensable y anhelo bucear en el territorio donde los sueños me son esquivos. 
Con esfuerzo mi memoria busca un sábado feliz, uno normal, uno donde parrandear fuera posible y diferente a asistir a matrimonios, uno brillante por las amistades que aún me acompañaban y para quienes mis locuras eran sólo aventuras. Ya crecimos. Nos volvimos serios. Mis locuras adquirieron el nombre que merecían y sus responsabilidades los alejaron de mi. Me quedé sin amigos para el sábado en la noche. Me pregunto si aún salen o... si salen sin mí. Me pregunto entonces cómo es salir sin mi y me digo: sencillo. Alguna vez alguien dijo que estar cerca era intoxicante y hasta hoy no sé si fue un piropo o una verdad cruda.
La música ya no está. Alguien debió enterarla de mi cercanía: ojo que la señora que escribe está hablando de Yolanda y shhhhh: ¡Silencio! Ahora me llega el sonido del agua de una quebrada cercana y el de mi perro que se lambe sin cesar las patas. Estoy pensando si debo buscar un pijama o unos shorts con camiseta para agradecerle al clima que me permite andar por la casa escotada.  Esa será la máxima proeza de este sábado donde en verdad el lugar que me hace sentir más cómoda, es mi cama.

viernes, 28 de enero de 2011

Un ingenuo al amar

La ingenuidad puede ser una bendición contra la confrontación de las maldades de este mundo. Un ingenuo al amar tiene todo en sí mismo, y disfruta con inmenso placer el poder ofrecerse. De hecho lo hace; se entrega. No cuenta las veces, simplemente se entrega. Cada mujer es única y por lo que él dice, también la primera.
Y aunque sus amigos le advierten de no exponer el corazón él es lo primero que deja sin coraza. Sale al ruedo expuesto, abierto, contento. Da lo mismo si toma licor o si la sangria carece de sangre. Al momento de amar, el ingenuo también es un genio: posee la llave exacta de la mujer que busca. Conoce las palabras que abren aquello que no tiene corazón pero que aún así late y al galope. Inventa las caricias de manera accidental. Sabe hablar al oído y no perder el hilo de la conversación que inició.

Un ingenuo al amar es mi prescripción de inicio de semana. No puedo decirles dónde encontrarlos, pero sí cómo reconocerlos: cuando te miran a ti, observan todo excepto tus ojos.

martes, 25 de enero de 2011

Saber más de ti

Me pierdo en las tareas diarias que sin saber de ti, se entorpecen desde que sé que existes. 
¡Qué pequeño resulta el universo y cuan grandes se hacen las horas mientras te alargas en silencio! 
Era mucho más sencillo vivir sin saber de ti. Sin sospechar siquiera que existías o habría un punto común en nuestros planos. Este cartesiano se hace un ocho con sólo intentar imaginar... tu sonrisa. 

Es cierto, muero cada vez que exhalo. No vivo, dificilmente sueño. Estoy atrapada en una burbuja de luz a la que de nada le sirve ser transparente. Puedo ver todo lo que no me ve. No puedo tocarte porque mi naturaleza de burbuja haría añicos mi estructura y ya no podría volar, ni podría dejarme llevar por el viento como es usual. Entonces, mientras quiero saber más de ti me expongo a que sepas más de mi. 



Saber más de mi es predecirme: entender que te escribo y no te describo, que callo más de lo que digo. Que soy de las que gusta controlar hasta los sueños y que ese territorio tiene barricadas con tu nombre. ¡No pasarás! Y qué alivio es saber que no pasas, transcurres sin pasar. Acorralas mi aura como si por el simple hecho de acorralar pudieras abrazar. No, nadie me abraza. ¿Olvidas que mi fuego son brasas? Yo no, por eso me consumo en soledad... tocando lo que puedo imaginar sin utilizar el recurso de soñar. Al fin y al cabo, no hace falta soñar para saber ni expiar para conocer. Allí estás, en una montaña innombrable jugando a ser otro, soñando ser tú mismo.



22 de febrero de 2010


lunes, 24 de enero de 2011

Más poesía por favor

Hacer el amor de pie
es decir:
Aquí estoy 
y con vos me quedo.


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Reserva 2000

Buscador de Tesoros

Te busco ubicado en mis sueños
en esos que no te alcanzan
y sin cesar te anhelan.
En los de mis noches,
mis siestas
y en especial,
en esos que fabrico despierta.

Te busco con lupa
con cuidado extremo
porque no acepto clones
malandrines o imitadores.

Te busco a ti

El amigo que después de un decenio
conquistó mi cuerpo
tras conocer mi psiquis
como Magallanes su ruta
a las indias orientales.

Te busco a ti
el don Juan Criollo.
El conquistador
capaz de narrarme sus historias
con otras mujeres.

Te busco a ti
porque te conozco
Te elijo
porque me conozco
y contigo he descubierto
que mi tierra
no es infértil
contigo he descubierto
que siendo fuego
tu fuego me alimenta.
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Reserva 2001

jueves, 20 de enero de 2011

Taller de los Escritos 2

Recibí con grata sorpresa la segunda edición de los cuentos del taller de Yurupary. Se nota el avance tanto editorial como de oficio narrativo. Encontré nombres que no conocía y me divertí mucho con los primeros cuentos que  comencé a leer. Felicito a todos los que participaron por ese hijo verde digno de alquimistas y hechiceros, como más adelante se ven en las imágenes que ilustran los nombres de los autores y sus cuentos.

Siento que es innegable el movimiento que se está dando en Medellín de transformar las esporas de dolor en palabras. Hace rato las flores no son suficientes. Los jóvenes se reúnen, las tertulias se agitan, los talleres se alzan. Me alegra saber que esto ocurre. Saber que no somos indiferentes frente al entorno. Saber incluso que hay quienes se atreven a soñar con clones y a plasmarlo sin miedo en un cuento sólido y fuerte.

No sé aún cómo tendrá el público acceso a esta edición, pero les recomiendo pasar por Yurupary y preguntar.

lunes, 17 de enero de 2011

¿Es necesario renovarse?

Pareciera que sí. Ya nada permanece inalterable. El roce cotidiano con lo que viene hace que uno sienta la necesidad de contagiarse de algo. Es como saber que el blog tiene closet propio y puedo cambiarle la pinta según el día y el comentario. El cambio es seductor y hace ver a la tradición como una raíz insatisfecha que necesita adherir insatisfechos a su árbol de tiempo.
Renovarse puede ser necesario pero hacerlo en exceso lleva al cansancio. Es entonces cuanto una plantilla de pesados libros se queda instalada por varias semanas. Lomos de libros que no decían nada le abren paso a un verde callado. No tengo mucho para decir. No brotan palabras a raudales ni tengo comentarios guardados.
No sucede nada. He sido útil en un par de cosas este día y pare de contar. Con eso debería bastarme.

martes, 11 de enero de 2011

Regreso a ti

Con la mirada escondida. Luego de meses huyéndote, en algún momento de diciembre lo supe: a tu lado he sido feliz. Pensé que era tarde, que te había perdido entre palabras fuertes y actitudes distantes. Y sentí que al perderte algo de mí se perdía. Para mi buena fortuna fue solo desgaste. Allí estabas, conmigo. Acompañando una vez más mis quijotadas, viéndome mover la casa entera como si se tratase de un barco y nosotros durmiéramos en literas. Es claro que no comprendiste mi necesidad de tatuarme pero tampoco criticaste mi capricho de arte. Cualquier día, tomé la fuerza de mi pelo y le dije a la peluquera con una cola entre manos: córtela. Llegue a casa radicalmente diferente y tampoco dijiste mayor cosa: -pensé que había sido más corto.
Lo cual denotó que tenías informantes pero ese detalle tuyo en lugar de molestarme me gustó.
Creí que el amor había muerto y estaba dispuesta a todo por arrancarlo de raíz. Quise ser otra. Perseguí otro sueño pero fue inútil. Cada vez que hijo te decía Lindo yo me revolcaba pensando por qué no podía yo verte igual. Y fue claro entonces que mi espejo estaba roto y mis lentes fraccionados. Había sufrido tanto que quería señalar a alguien. Un responsable era suficiente para aliviarme. Pero escogí mal. O bien. Te escogí a ti y tu no te dejaste llevar por mis arrebatos. Pareciera ser que conoces mi mente mejor que yo y nada de lo mío te asusta. Quizás te asombran algunas cosas pero es más lo que te divierto al final y por supuesto más lo que te amo por encima de cualquier cosa. Soy afortunada al tenerte. No creas que no lo sé. Contigo puedo bajar un peldaño a la vez y duele menos. No importa qué tan alta sea la pirámide que elija subir, si tu estás ahí.... no bajo rodando, bajo a pie, apoyada en ti, sin más dolor que el ejercicio de diferenciar lo real de lo imaginario. Tienes razón amor, es cuestión de disciplina. ¿Podrías ser mi entrenador también?

viernes, 7 de enero de 2011

Neptuno y yo

Estamos bastante cerca ahora. Él en su forma líquida y yo en mi forma habitual. Trato de no pensar que es un viajero acompañante retrogradando en una de mis casas astrológicas. Trato de mirarlo sin temor y francamente: no puedo. Este mar finito cubre mi mirada de preguntas imposibles. Me ahoga. Ya no quiero ni preguntarle, ni saber porque elige morir en mi playa, ni entender porque gusta de jugar con mis pies. Me bañé en él, esta vez, sólo una vez. Juré volver y mañana tomaré un avión lejos de sus costas. El mar aún me queda grande. Mi adrenalina no soporta sus vacíos ni mi curiosidad quiere adentrarse en sus secretos. El mar y yo, Neptuno y yo, somos como dos puntos equidistantes. Soy otra cerca de él. La brisa me trae voces que solo yo oigo y un llanto efímero alcanza a colarse en mi corazón. No sé desde cuándo es este fenómeno pero puedo aproximarme y decir que desde 1992.

Cuánto más anhelo la solidez más me parezco a un reloj de arena. Este cuerpo está cansado de dar vueltas para marcar segundos que ya a pocos le importan. Mi tiempo ha muerto y yo sigo viva. Debe ser por ti Neptuno que algo hiciste entre agosto y septiembre del año pasado. Debe ser por ti Neptuno, que tienes la utopía en el centro de tus sílabas. Dame un poco de esa ilusión, mira que en mí viene siempre al final como una gota de sal marina para decirme que puedo vivir un día más. Como si una mujer pudiera sostenerse en pie con tan efímera propuesta.

Me siento inútil Neptuno, tan poca cosa para todo lo que necesita este mundo... si supieras... si vieras por ejemplo que aún se sufre y aún seguimos sin entender por qué. La humanidad quedo enfrascada en los por qués y a pocos se preguntan el para qué. Yo te diría que sufrimos para validar que estamos vivos. ¿De qué otra forma sino a través del dolor podríamos corroborar que somos hombres o mujeres?

Existe entonces aún el dolor, el sufrimiento, la desigualdad y muchas otras cosas que en ti fallecieron juntas hace siglos y sin diferenciaciones. Me gustaría embarcarme sin rumbo conocido, y desfallecer ante tu grandeza. Sí. Esa sí sería una noble manera de morir. Sin despedidas de ningún tipo, simplemente un viaje sin retorno. Ay Neptuno... ¿ves lo que provocas en mí?

jueves, 6 de enero de 2011

Sobre cebollas de ciudad

La tragedia humana puede aparentar ser demoledora, y lo es. Pero la ilusión es más grande a cualquier tragedia. Es así como nos hemos sostenido durante siglos de guerras, catástrofes y hambrunas. La ilusión...
el material del que están hechos los cuentos, el cine y hasta los chismes. Se sobrevive con un poco de sal en la vida ajena. Se sobrevive con un poco de arraigo y un sólo propósito. Morir siempre será más simple. Es quizás más sencillo rendirse pero es menos divertido. El ser humano goza mientras vive.

Tengo dos palabras unidas entre cejas: "unir debilidades"  del blog http://www.mariomendonzaescritorcolombiano.blogspot.com/ y no dejo de pensar en todo lo que ello puede significar. La debilidad de uno puede ser la fortaleza de otro. Y llega a mi mente la matriz DOFA que hacíamos en la universidad: Debilidades / Oportunidades / Fortalezas / Amenazas y me parece que aplica para el proyecto frankestein que Mario propone.
Además de unir debilidades hay que revisar bien eso que uno cree como fortaleza y no dejar de estar atento al entorno en lo que viene dado como oportunidades y amenazas.

El concepto tercer mundo está mandado a recoger. Es en los seres que mayor oscuridad dibuja donde mayor luz tiene su nido. Ambas cosas están inevitablemente ligadas la una a la otra. Como en Bogotá o Medellín donde hemos visto atroces violencias. De allí mismo surgen luces tremendas. Y el arte llega, al rescate, a oxigenar nuestras sociedades del mugre que carcome nuestras almas.

Me confieso proviniciana. Al ser de Medellín, la capital siempre fue una ciudad fría y lejana. Mis aventuras las prefería por fuera. Le temía al centro de mi país y francamente no tenía amigos allí como para justificar una visita o una estadía larga. Si aún me preguntan, es una cebolla roja que tiene la potestad de hacerme llorar sin necesidad de pelarla. Lo que no ocurre con Medellín, como es mi valle favorito, se parece más a una cebolla blanca que ha sido muchas veces dorada. Y como buena provinciana, ahora en edad adulta es que empiezo a notar y admirar las bondades de la capital. Este año que pasó fui dos veces, una en tránsito y una en serio. Y ambas veces me regalaron imágenes indelebles con las cuales puedo sustraer lo mejor de su gente, arquitectura y costumbres. Creo que me enamoré también de la cebolla roja.