miércoles, 26 de mayo de 2010

Ocurrencias

Los niños son los magos de la palabra y los significados.
Ayer mi hijo tuvo dos apuntes que considero excepcionales:
1. Le pintó con marcador una cara feliz al perro en las huevas, razón: es mejor tener huevas felices.
2. Tenía pijama con insignia de Koala -irresistible para esta mamá- y en uno de mis abrazos me dijo: tú eres mi bambú.

Y bueno, estas dos ocurrencias son mi entrada de hoy. Entre la ternura y la mofa. Ojalá pudieramos regresar con mayor frecuencia a nuestros yo niños, me encantaría saber como habría tomado Claudita ambos eventos. Si se habría derretido igual que yo o se habría enojado quizás por su sólida defensa de los animales y sus derechos.

domingo, 23 de mayo de 2010

Un Chef

Este blog tiene implícita la cocina. Una de mis primeras entradas fue sobre el vínculo que existe entre el amor y la cocina. Ambos han construido la historia de los hombres. Sólo que aquel dicho de uno es lo que come no se asume literal ni se piensa con sentido. Entre Pan y Circo y la cultura light han trascurrido siglos de torpeza. Y digo torpeza porque aún no somos conscientes del acto de comer. Tragamos no deglutimos. Lo cual es lo mismo pero distinto. A mi deglutir me suena más artístico.

Hoy recibí una entrada inesperada proveniente de un chef, y fue como si hubiera descubierto un chocolate nuevo. Un hombre que cocina es un valiente. El territorio al que se enfrenta es una cárcel y un lienzo simultaneamente. Las mujeres en algún punto nos rebelamos de cocinar como si fuera una actividad desagradable y denigrante. Y migramos a trabajar en la calle de otros, tejiendo otro tipo de cadenas. Más relacionadas con nuestro interés de ser reconocidas que con nuestra vocación de inspirar y convidar.

Ese lienzo que asume un chef está cargado de matices: ¿En qué otro lugar pueden deleitarse todos los sentidos? ¿Existe un espacio más rico en aromas? Lo dudo. Admiro eso sí la capacidad de mantenerse verticales, las mujeres poco a poco ibamos creciendo hacia los lados por ese espirítu travieso de estar probando mucho antes de haber terminado.

El universo de los sabores es suceptible a la temperatura y alguna vez le escuché decir a un hombre cocinero que es allí donde reside la gracia de los Chef, las manos de un hombre están más al clima que las de una mujer. Y puedo estar diciendo algo terrible o falso pero fue lo que escuché. Y la verdad es que me aferré a ese concepto como una realidad irrefutable. A  mi memoria llegó la imagen de un hombre en su cocina amasando pan. Ese hombre del que hablo era un señor mayor pero experimentado al que le gustaba simplemente hacer pan y hay que probar el pan que hacía... no he probado nunca uno igual. Lo hacía por capricho pero le quedaba espectacular. Creo que su solo recuerdo valido la teoria inicial.

Y también está Santiago, amigo de mi esposo, un chef espontáneo que siempre me sorprende. La última vez en su casa aprendí a partir muelas de cangrejo con cuchara, sin tenazas, tal y como lo hacen en la costa. Al principio me dio pena por eso de salpicar pero terminé dejandome seducir por el plato hecha una melodía completa pero Feliz.

Tal vez no es cuestión de barriga llena para tener el corazón contento. Es el espiritu del cocinero el que define todo. Y bueno, no me imagino a un chef con una flaca. Qué haría el pobre con una calculadora de calorías, cómo la sorprendería, ¿podría amarla igual aún cuando ella se mantuviese firme en alejarse de su cocina?

domingo, 16 de mayo de 2010

¿Qué lecturas inspiran?

No hay una regla. Puede ser un poema, un clásico o simplemente los titulares de las noticias.
A mí me inspira casi todo, cuando la racha es esa, desde las palabras hasta las pinturas y sobre todo: la gente.
Esa que miro al transitar, la que no conozco, de la que no sé. Me inspira la intriga de saber cómo viven, la curiosidad del qué piensan, en qué se ocupan, qué sueñan. Ocurre diferente con las personas que si conozco, sólo una ha sido personaje recurrente. No hace falta decir quién. Pero es que tiene tantos matices que provoca, cuestiona, motiva.
Pero sí es claro que la lectura incita. Esa pasividad que acumulamos mientras leemos en algún punto explota y decide explorar. Se habla a sí misma y se contesta. Construye a partir de la autopista que otro inauguró. De tal manera que hay textos mágicos, textos matriz de los que se desprende lo inimaginable. Y el horror es tan madre como el amor. Un personaje oscuro tan adorable como uno tierno. Creo que al escribir no hay forma de saber.
A veces aquel que uno más ama termina siendo el más odiado o viceversa. Es difícil explicar como funciona el reflejo en el arte. No es una cuestión de ángulos ni de vectores, tampoco una mera respuesta a emociones, la consonancia tiene sus propias leyes naturales.
Ahora mismo sigo pensando en Aurelia, en un objeto amado por otro con nombre de mujer. Estoy pensando también en la locura y creo que jamás será lo suficientemente representada. Ella que se la pasa jugando a ser otra es esquiva, casi imposible de retratar. Entonces viene a mi cabeza la frase del chavo: "están diciendo que tú y yo estamos locos", con el tú en yo y el yo en tú. Y ese gesto es lo más cuerdo que he visto en la vida.

Y tengo que decir entonces que la inspiración surge del último libro de Mario Mendoza: La locura de nuestro tiempo. Una serie de relatos sobre eso, la locura que nos habita. La nuestra y la de otros. Llámese depresión, instinto asesino o Amok (termino que no conocía y que me sonó a amor sobre una gran Kagada). Simple y compleja locura. Un libro para no perderse, porque nos reconcilia con lo oscuro de nuestra humanidad, nos recuerda lo ambivalente que puede resultar ser nuestra naturaleza. Nos confronta con nuestro piso. Vale la pena.

martes, 11 de mayo de 2010

Sobre la Gratitud

La RAE la define como:
Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera.


Los antiguos Masones tenían esta palabra como principio. Hoy sólo puedo sentir y dimensionar su sentido. Un ser agradecido es un ser que corresponde... Entonces no sabría decir si la gratitud es un sentimiento o una actitud. Cuando recibimos un beneficio no podemos negar nuestro contento, pero estar dispuestos a retribuirlo ya es otra cosa. Es bonito eso de los masones. Alguien que vive constantemente agradecido con la vida no puede ser sino feliz.
Todos los días le damos las gracias a alguien que conocemos poco, un vecino que sostuvo el ascensor, o un desconocido que decidió darnos vía en medio del tráfico, agradecemos hasta mentalmente y no nos damos cuenta de lo que ello significa. Llegamos a casa y agradecemos la atención que recibimos, un canal emite un programa que nos gusta y decimos: Gracias, Bien... y seguimos. Y también escuchamos los agradecimientos y respondemos de manera automática: De nada. Por qué respondemos De Nada, es raro el que dice Con Gusto.
Soy partidaria de ese con gusto, me suena rico, agradable, cariñoso. Me suena alegre, grato.
Y es que decir De Nada es como si negáramos la fuente. Como si el querer hacer el bien o brindarle a otro un beneficio fuera algo vacío. No lo es. Viene de adentro, de nuestra intención, de ese saber que la felicidad se comparte y que somos responsables de ella. Sí, eso es lo que quería decir.

lunes, 10 de mayo de 2010

¿Qué fue primero el huevo o la gallina?

Quién no creció con esta pregunta y todavía circula como si no tuviera respuesta. El huevo o la gallina, es la creación misma y mi respuesta final después de 31 años fue: ¿Y dónde está el gallo?
Surgió de repente como todas mis ideas, mientras conducía no sé con qué destino. Pero era apenas lógico mi planteamiento. Al Gallo ni lo mencionan como si una gallina pudiera poner un huevo fértil sin su gallo. Entonces, nada fue primero, todo fue simultáneo, al menos, la gallina y el gallo. A no ser, claro está que tuviéramos entre manos una gallina hermafrodita, con un ovario y un testículo en su interior. Casos se han visto, yo tuve mi cuota con Luna, una pug negra que resulto ser simultáneamente, hembra y macho. Ahí si cabría decir que la gallina fue primero. Pero es una excepción. Yo voto por incluir al gallo, por darle el protagonismo que se merece, por reconocer su rol en la cadena. ¿Y tú? ¿qué opinas?

sábado, 8 de mayo de 2010

Siendo Madre

Siendo madre descubrí que no tenía ni una taza de paciencia.
Contigo supe lo que era dar después del agotamiento, después del último esfuerzo, después de decir no puedo.
Tú me enseñaste que para ti siempre puedo. Contigo se funde el quiero y puedo, y aunque a veces no quiera, termino queriendo. Tu mirada -no propiamente de ángel- hace que abandone mis deseos para satisfacer los tuyos.¡Gracias Mamá! como resuena...
Verte crecer ha sido lo más fascinante, antes podía acomodarte sobre mis piernas, ya eres más largo y más fuerte. Tienes muchas más preguntas que yo, y sin duda más respuestas originales.
Ser madre quizás sea una celebración, pero de la vida diaria. Una vez sucede no puedes imaginar tu vida de otra forma, simplemente no puedes. Es así como a mi llega la noche y tengo que correr a su cama a darle un beso y decirle por enésima vez que es lo mejor que me ha pasado, mi más grande amor y maestro.

jueves, 6 de mayo de 2010

Oriental

Esa es la influencia de un acorde escondido en otra ventana. Melodia del equilibrio. Belleza suprema vestida de mujer. Lo oriental deleita. Lo occidental consume. Mi femenino se abre y me dice: Alerta.
Un aplauso me despierta, crear a veces parece una contienda. Eso que creemos tan íntimo: el pensamiento... También es vulnerable a conexiones, es así como nada de lo que creo me pertenece, una vez escrito tambien es tuyo y es muy probable que en algún momento lo hayas imaginado también.
¿Qué pueden tener de diferente tu sinapsis y la mía? No creo que nadie eliga ser autista consigo mismo. La voz, el parlante, siempre está diciendo algo, cuando no es quejándose por los estímulos de un entorno repetitivo que nosotros insistimos en considerar amenazante.
Un loto es la imagen que llega, un pantano la imagen que se va. La melodía termina y mi aliento se acorta. ¿dónde hay más? busco la música para inspirar sabiendo que es en silencio donde logro verme sin máscaras ni ruido, sin maquillaje ni distractores de esto que soy que tu bien conoces o de esto que digo no ser porque no quiero conocerme.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Instrucciones para no perder de vista al nadar en las alturas


La brisa apenas si golpea. Mis piernas arden y son sólo las diez. Dos triángulos cubren mis senos y una pava me da la sombra que necesito para poder leer. La bahía, sosegada y discreta hace las veces de tapete para las embarcaciones que por ella se deslizan a esta hora. Un pequeño bote remolca a un barco que acaba de llegar. Estoy en la tierra que su GPS señalaba encontrar. Es una lástima que ya no utilicen brújula. –me digo- La afanada y costosa búsqueda del puerto anula cualquier otra intención; tanto que el desprevenido capital ignora que mis ojos lo auscultan detrás de mis binoculares rosa. Es inútil que mis triángulos lo apunten. No puede verme. No sabe siquiera que existo o que podría llegar a conocerme… Lo dejo pasar como tantas otras veces y enfoco el horizonte que ha comenzado a dibujar un crucero. Para verlo más de cerca tendré que esperar. Aprovecho entonces ese tiempo que me queda para nadar. Primero me quito el bronceador que llevo puesto con una ducha insípida en el portal de agua dulce… una piscina en las alturas, un estanque cada vez más cerca del cielo sin perder de vista el mar.
No soy de las que gusta zambullirse, prefiero el placer de bajar los peldaños, uno por uno, un paso a la vez: el agua a los tobillos, a las pantorrillas, a la altura de la rodilla y al fin: a la mitad de mí. Frío crítico. En este punto siempre me detengo para mirar mis pies, que ahora, pálidos bajo el agua, me parecen ajenos. El agua me parte a la altura del ombligo y siento que algo en mí vuelve a nacer. Cortar también puede ser un comienzo… alzo mis brazos y escondo mi cabeza sin timidez para bucear hasta el baldosín con los ojos cerrados y el tacto despierto. Es liberador eso de tocar fondo estando tan arriba…
La piscina me pertenece, es temprano, ningún vecino ha subido a nadar. El crucero se acerca, detrás del vidrio puedo verlo: dos titánicas chimeneas sobresalen en cubierta, ocho pisos blancos pueden ver mi tierra. Diminutas ventanas llegan sin prisa mientras yo vuelvo a buscar el fondo para enviar mi mensaje de sirena.
El crucero no retrocede, sigue avanzando, navegando lento, tan lento que hace imperceptible la marea que lo recibe. Y cada vez que salgo a tomar aire lo veo hasta que tengo que resignarme a buscar mejor, monedas invisibles en la profundidad que me abraza. Por un momento, me olvido de respirar, trago agua de baldosín: el cloro se me mete por la nariz. Siento su sabor en mi boca, me repudia sentirlo en la punta de mi lengua, en el ritual que ha roto, ese infeliz me recuerda que nada tengo de sirena y no hay tesoros escondidos bajo mis pies. Fui saqueada. Fui violada. Cartagena entera yace bajo mí ser.
Salgo tal y como entre: un peldaño a la vez. No miro ya el crucero, ni el otro barco, ni la bahía insomne, ni el océano expectante; tampoco me doy cuenta de los ojos que me miran tras los binoculares en cubierta.
Pido el ascensor con la tristeza de esta virginidad de amateur a cuestas y bajo a casa a darme una ducha dulce de una buena vez.  
Enero 3 de 2010

martes, 4 de mayo de 2010

Los Suicidas de Acuario

El primer caso se presentó a las afueras del Valle. Un joven de dieciocho años se suicidó, fue llevado a la morgue y al tercer día resucitó. Fue en medicina legal donde se presentó el hecho. Pensaron que era un santo, un Cristo redimido, un milagro. El muchacho manifiesta la experiencia como algo mística. Es otro desde entonces: ya no se droga, ya no se emborracha, solo existe para vivir sin vicios ni excesos. El segundo fue en Atlántico, una señora esta vez, hastiada de la vida y sus ausencias, se tomó una sobredosis que la dejó lista en minutos. Como vivía sola y la del aseo iba los jueves, la encontró justo antes del fenómeno: resucitó. Luego de eso, las resurrecciones fueron masivas. El epicentro fue Colombia pero tuvo replicas a nivel mundial. En un principio las autoridades quisieron callarlo pero el rumor era demasiado fuerte, el mundo estaba en las orillas de una nueva era y eran ellos, los suicidas, aquellos parias que nadie ama, los primeros en presenciar y vivenciar los milagros.

Lorenzo vive en Turín, hace años que la depresión lo agobia, los impuestos, la vida sin pareja, el dolor de no tener padres, las calles y sus bares, la soledad. Lo ha meditado mucho pero no quiere morir para despertar, quiere morir-morir. Sabe que no será sencillo, debe ser inteligente para no regresar de la muerte. Ha oído decir que un pacto con el diablo puede ser  una salida pero hasta El Diablo no contesta, está de vacaciones o ¿será  un retiro anticipado? ¿Cómo morir al fin? ¿Será posible? ¿Podrá dejar en el olvido las discusiones, los malos ratos, el dolor que le carcome la espalda? No. No es posible. Lo intentó al lanzarse en el río. Un ahogado no puede regresar se dijo. Y se equivocó, hasta los ahogados regresan, el asunto ahora es que los muertos vuelven tal cual se fueron. Si es arrollados, heridos, si es ahogados, hinchados, si es ahorcados con la marca en el cuello y así. De modo que la mejor manera de suicidio sigue siendo la sobredosis… no deja marcas físicas y el cuerpo se conserva.

El mundo ahora está lleno de monstruos felices. Es extraño pero cierto. Las calles caminan con decapitados cuestas arriba. Los trenes circulan con rieles llenos de anécdotas de hombres que arrollaron  y volvieron. Las alturas son testigo de los más osados: aquellos que saltan al vacío.

Lorenzo sigue vivo pero contrario a otros no se resigna a no morir. Busca mil maneras, ninguna solución. Vive en un eterno esplín de angustias y dolores. No lo logra, no descansa, no vive hipnotizado como los demás. Vive con dolor. Decide entonces en un gesto desesperado, acudir a Dios. Las abadías están cerradas, no aceptan monstruos y él es el peor. Ha oído hablar de los conventos de suicidas pero no quiere estar con hombres y mujeres como él. Quiere estar solo. Se convierte entonces en un ermitaño. Vive durante años en una caverna. Olvida cómo luce Turín, olvida el radio, la televisión y las noticias. Lo olvida todo menos a él mismo. La cueva es fría pero confortable. Las rocas ya tienen nombres y el agua sabe a manantial puro. Es un hombre triste en busca de respuestas. Es un hombre solo con el peso de su pasado. Es un suicida más en un mundo extraño y ajeno. Ahora su mundo cabe en una caverna. El fuego a veces hace lumbre en su guarida y las plantas que come resultan ser a veces, también  alucinógenas. En sus ensoñaciones siempre ve a otros suicidas, aquellos que tantas veces leyó en noticias, los que pasaron en la tele cuando aún la veía, aquellos muertos que volvieron y que hoy son otros. Él siempre es el único de mirada triste.

La era de Acuario le resulta extraña, el se siente más un personaje de Piscis. Piensa que debió nacer antes de Cristo. Antes de la resurrección, antes siquiera que la penosa religión. Se siente incomprendido, no entiende ese concepto de Dios.

La caverna está fría. A veces escucha voces pero las elude a ensoñaciones. Piensa que son cosas de sueños en despierto. Se dice que no es cierto, que nadie habla. Lorenzo ha muerto en vida y de allí regresó para vivir un no sé qué que ya lleva una década buscando.

Sale el sol y entra en la caverna. El ermitaño sale a mirar por qué amaneció tan temprano. Sale y ve que el cielo está teñido de rojo y púrpura. Hay humo a lo lejos. Siente escuchar sirenas. Lorenzo se pregunta por el rojo, parece sangre, parece pena. Los días siguientes son de rojo, ya no hay púrpura. Durante tres años amanece y anochece con el cielo rojo.

El ermitaño decide romper su claustro y se aventura de nuevo a Turín. Al llegar la ciudad está desierta, no hay nadie, solo maleza. El sol rojo ha hecho crecer otro tipo de hierba pero aún el aire se respira. No existe nadie. Sólo existe él. Intenta buscar un  radio o un televisor, nada, si hay aparatos pero ninguno tiene señal. La última prensa que encuentra data de 2026, no sabe en qué año está. No sabe que ocurrió. ¿Será que el fin del mundo llego entonces? Si así fue, qué así sea, se dice, y regresa a su caverna bajo el agobiante sol rojo.

Taller de los Escritos
Yurupary Ediciones 
2009

lunes, 3 de mayo de 2010

Dicotomía

Sucede que mis afectos están contrariados por cuestión de pelos, bigotes y ladridos. Tal vez se deba a aquello de que no hay felicidad completa, tal vez un perro es un premio que me gano por raticos solo para perderlo después.
Sus ojos desorbitados me miran, ajenos a esta reflexión sin tiempo. Qué bueno para él que no puede, sabe ni quiere aprender cómo se predice el futuro. Qué bueno para él que vive al instante como ahora, echado a mis pies, roncando entre suspiros y caricias. No tiene qué preocuparse por dónde vivir mientras siga las reglas mínimas de no subirse a los muebles, no orinar en la casa y no tomar los peluches que no le pertenecen. Y aún sin cumplir no siente su convivencia amenazada. El se esfuerza pero se le olvida: el sillón es mil veces más cómodo que el piso, los peluches saben que no son suyos pero no cree hacerle daño a nadie si los toma prestados y ¿quién habló de orinar? el lo que hace es marcar territorio. Ahora se duerme, tan sólo tengo que decir su nombre para que abra los ojos y levante orejas dispuesto a seguirme sin preguntar a dónde me llevas, el sale confiado y feliz a donde sea, si bajamos está bien, si damos una vuelta en el carro, se divierte y está bien...
Su nobleza me abruma. Su ternura me cautiva. Ese es Víctor, el pug. Mi perro. Lo más cercano que tengo para disgustar a mi marido. No tengo ni que proponérmelo siquiera, su sola presencia lo altera, le molesta. puede estar haciendo nada pero el hecho de que su nada coincida con nuestro espacio le molesta. Y me pregunto si alguien que odie los perros puede ser buena persona. El dice que no los odia pero no le gustan en apartamento. ¿Cuál es la diferencia? Si se nota a leguas que está cansado de hacer esfuerzos y que lo tolera porque a mi me fascina. ¿Egoísta? sería egoísta si no me importara, si ni siquiera planteara mi dicotomía. Pero la esencia del problema es la soledad. Sin Víctor me sentiría otra vez sola. Y esa soledad es como de roca.