viernes, 3 de agosto de 2007

Una asombrosa coincidencia

A juzgar por los comentarios, pensaría que no soy leída, al menos no aún. O no hay nada que comentar, cada cual reserva para sí lo que cada texto le produce, si podemos decir que produce algo. Ahora que estoy estudiando, pondré algunos de los ejercicios que estoy realizando en clases de literatura y que me han servido para despertar la creatividad y aprender de otros estilos. A continuación, anexo el cuento: El Ascensor, el cual partía del comienzo de un texto de Pär Lagerkvist y donde nuestra tarea era continuarlo.
EL ASCENSOR
¨ El señor Smith, un próspero hombre de negocios abrió el elegante ascensor del hotel y amorosamente tomó del brazo a una gracil criatura que olía a pieles y a poder. Se acurrucaron juntos en el blando asiento y el ascensor comenzó a bajar. La mujercita le ofreció su boca entreabierta, húmeda de vino y se besaron. Habían cenado en la terraza bajo las estrellas, ahora salían a divertirse.¨ Al menos eso era lo que ella creía. Aún no sabía cuales eran los negocios del hombre que la acompañaba. El hombre pisó el sótano mientras el calor comenzó a hacerse más fuerte a medida que el ascensor bajaba. La lujuria es un pecado capital ¿sabías?, aquella pregunta la tomó por sorpresa y la despertó al destino que la esperaba. Menudita en apariencia pero fuerte en voluntad, se había propuesto jamás volver a probar la pobreza así tuviera que venderle el cuerpo al diablo. En su vida había tenido todo: abrigos, joyas, guantes, sombreros e incluso bolsos de los más afanados diseñadores. Ahora estaba bajando el ascensor para cumplir su infantil promesa. Es sólo el cuerpo, nunca ofrecí venderle el alma. Se repetía para sí. El ascensor se detuvo y el señor Smith con sus modales impecables le dijo, hasta aquí la acompaño. Fue un verdadero placer nuestra velada, el maestro la espera al final del pasillo. Maestro, ¿a quién se le ocurre decirle maestro? Y ahí estaba Él, esperándola sin la más mínima muestra de ansiedad. Refinado y culto, le hizo una venía, le señaló un amplio sofá y le ordenó que se sentara. Veo que ya conoció al señor Smith, dijo para iniciar una conversación. Le gustaba cortejar a las invitadas. Si, le contestó ella con temor y añadió: sabe muy bien que jamás le ofrecí mi alma. Su alma… veo. Le preocupa pasar una eternidad conmigo. No tema, mañana despertará en su cama. Un cuerpo sin condenar en este lugar es tan exquisito como un alma. ¿Y lo que me dijo el señor Smith? No confunda necesidad y comodidad con lujuria. Esta noche sabrá de lo que hablo. Pasaron a un suntuoso cuarto. Le tomo el brazo y comenzó a desvestirlo con sumo cuidado. Las manos que hasta ese entonces no habían sentido el tacto endemoniado, hablaron solas, temblando. Una noche con el diablo. Alicia despertó consciente, insaciable, con su mente en un solo pensamiento: debía terminar lo que había comenzado. El ascensor, el hotel, sabía donde encontrarlo. Se levantó de un salto. Observó con detenimiento los guantes en el tocador. Se vistió sin prisa. Se perfumó, tomó su sombrero y salió en búsqueda de su carruaje. Esperé aquí le dijo al mozo y fue al lobby a preguntar por el señor Smith. No tengo a ningún señor Smith registrado. ¿Está seguro? Anoche estuve aquí en una fiesta en la terraza. No es probable. La terraza está cerrada. Confundida salió a la calle, pensó tomar el carruaje pero decidió regresar a dar un vistazo. Tomó el ascensor y subió a la terraza. Efectivamente era imposible que una fiesta se hubiera realizado en las condiciones que se encontraba, el ascensor no tenía el blando asiento que había visto la noche anterior pero lo demás estaba igual. Presionó el botón del sótano y comenzó a bajar, la temperatura subió y Alicia se alegró. El ascensor se detuvo y el pulso de Alicia se aceleró. Caminó hacia el final del pasillo y el Maestro la esperaba. Tardaste un poco. Pasaron a una habitación y el Maestro le quitó los guantes, Alicia se quitó el sombrero y dejó libre su largo pelo negro. El Maestro la tomó por el corpiño y lo desanudó… Alicia despertó y frente a su cama los guantes y el corpiño descansaban. Durante varias tardes, Alicia fue al hotel al encuentro del Maestro y todas las mañanas una nueva prenda ardía con mirarla. El deseo por el indeseable se incrementaba. Dejó de asistir como dama de compañía a los eventos que sus antiguos amantes le programaban. El dinero ya no era importante. Alicia debía encontrar la manera de acelerar los eventos. Esa noche le preguntó al diablo si su alma era un precio justo para terminar el intercambio. El diablo le repitió, como te dije, un cuerpo es tan valioso como un alma. Llegaron al punto que Alicia tuvo todas sus prendas una sobre otra al despertar en su cuarto. Ya no tenía que más quitarle le quedaría entonces recorrerla con su fuego, amarla. El último encuentro con el Maestro la dejaría desconcertada porque tan pronto entró y le hubo quitado todas las prendas hizo pasar a una de sus amantes tan sólo para que Alicia observara. Ella, que en vida había compartido orgías con los más altos lores en extrema confidencia jamás había sentido celos que quemaran como brasas. Después de esa noche, Alicia no despertó. Su ama de llaves la encontró desnuda con las prendas en el tocador. No tiene pulso, llamaré en todo caso al doctor. El señor Smith llegó a la residencia, habló con el ama de llaves y le dijo, no se preocupe, desde ahora me hago cargo. El cuerpo de Alicia desde entonces hasta la eternidad vaga por un pasillo con cientos de habitaciones con el mismo contenido: su deseado Maestro con la rubia, la castaña, la morena, con todas, menos ella. No vendió su alma pero hasta tanto no resuelva la lujuria y acepte sus celos este será el único limbo que la espere al bajar el ascensor.
------ La asombrosa coincidencia es que no sabíamos el título original ni el texto completo y mi ascensor... también bajó al infierno.